Así vive Grecia el «corralito» y así lo sufrió Argentina
Una hucha con dinero griego - reuters

Así vive Grecia el «corralito» y así lo sufrió Argentina

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Comparamos, de la mano de nuestras corresponsales, cómo es y ha sido una situación tan complicada en ambos países

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  1. El «corralito» griego: preocupación y miedo

    Una hucha con dinero griego
    Una hucha con dinero griego - reuters

    Nadie en Grecia podía imaginarse una noche en la que un demacrado primer ministro anunciara el control de capitales sin dar detalles y un lunes en el que todos los bancos están cerrados, lo mismo que los cajeros y por supuesto la Bolsa de Atenas. Este día ha llegado: incredulidad, sorpresa, enfado, miedo y profunda preocupación. A partir del martes habrá cajeros en funcionamiento y se podrán sacar 60 euros nada mas (los turistas con tarjeta extranjera supuestamente no tendrán problemas y se espera que su límite sea el habitual hasta ahora, 600 euros al día). Esto es una radiografía del primer día con corralito:

    A las ocho de la mañana un supermercado de barrio abre sus puertas. Es de la cadena griega Sklavenitis, conocida por sus precios excelentes y por el buen trato de sus dueños hacia sus empleados. No hay colas ni empujones. Solo caras preocupadas y gente acercándose a las cajeras: sí, se puede pagar con tarjeta, afirman. Las compras son pocas, nada parecido cuando parecía que había amenaza turca en el Egeo y las amas de casa compraban azúcar, pasta y arroz. El encargado, Sr.Petros, está atento pero preocupado: «Aceptamos tarjetas, trabajamos con normalidad, pero no podemos hacer pagos al extranjero. Nosotros aguantaremos, otros no creo». Se refiere a los pequeños colmados que verán menos clientela y tendrán mas problemas en volver a llenar sus baldas.

    A las diez Yorgos Katáras, empresario y propietario de una gran agencia de viajes mayorista, especializada en turistas españoles y latinos, afirma que «todavía no he visto las consecuencias negativas del corralito, porque fundamentalmente nuestros clientes vienen del extranjero y no tenemos que hacer pagos fuera. Los pagos bancarios dentro de Grecia funcionan sin problema. Lo que sí he detectado hoy es que empiezan a bajar las reservas de viajes, algo que me inquieta. «Para Yorgos si los griegos votan no a un futuro europeo, nadie sabrá que pasará a partir de la semana que viene». En cambio piensa que si hay un acuerdo con los socios europeos, por muy duro que sea, «aguataremos». Y comenta que durante las negociaciones hasta el anuncio del referéndum, el primer ministro Tsipras «no informó a los griegos, nunca tuvimos un texto completo y oficial. ¿Por qué cuando estaba a punto de llegar a un acuerdo con recortes por valor de 8.000 millones no nos iba a consultar y decidió hacerlo con las medidas de recortes por valor de 11.000 millones?». Katsáras espera que la mayoría de los griegos vote a favor de un futuro dentro de la Eurozona. Y plantea abiertamente lo que muchos piensan: «Si los griegos votan si, se tendrán que ir los que gobiernan ahora, vergüenza les debía dar, gobernando con los nacionalistas de extrema derecha y consiguiendo aprobar la convocación de referéndum con los votos neonazis».

    A las doce de la mañana Eleni, que trabaja de voluntaria en una ONG, está preocupada. La han echado de una empresa donde era analista de consumo al tener que reducir plantilla hace cuatro meses, porque el dueño prefirió echar a los solteros que a los casados. Su indemnización ha sido de 4.000 euros. «Todavía me queda algo, porque soy muy mirada. Ahora veo difícil encontrar un nuevo trabajo. Pero estoy soltera y tengo muchos amigos que me ayudan. Lo que más me preocupa no es el referendo, que es una solución democrática, sino qué pasará si elegimos salirnos del euro: el gobierno no explica que pasará el lunes próximo, si empezaremos de cero, si lo pasaremos mal un año entero. Eso es lo que mas miedo me da».

    A las cuatro Dimitris, un jubilado que no tiene tarjeta de crédito, está desesperado: aún no sabe si ha entrado su pensión de 630 euros en el banco y cómo tendrá acceso a ella. Sabe que abrirán mañana como pronto varias sucursales de bancos para que los jubilados sin tarjeta de crédito puedan tener acceso a sus cuentas. Pero no sabe cual será, ni cuanto dinero podrá sacar: ¿toda su pensión?¿solo 60 euros cada día?. «Esto es una vergüenza. Los viejos estamos haciendo cola para conseguir nuestro dinero. Ahora estamos peor que en Chipre». Recuerda el corralito que ocurrió en Chipre en el 2013, cuando por dos semanas los chipriotas podían sacar solo del banco primero 500 euros y al final sólo 100 euros al día. Chipre fue el primer país de la eurozona en aplicar control de capitales el 27 de Marzo. Y curiosamente ha sido este 6 de Abril, dos años después, cuando se han levantado todas las restricciones de las operaciones bancarias de los chipriotas.

    Las cafeterías del centro de Atenas están ahora medio vacías, los griegos se piensan el pagar el café (que en el centro no baja de dos euros). Los turistas sí están sentados tomando helado, porque hace calor. Lukía, una camarerita universitaria que trabaja para pagarse sus gastos, está preocupada: «Aquí os pagan el sueldo mínimo y ahora ya casi no dejan propinas los clientes. Si no puedo pagarme los gastos, no sé si podré seguir estudiando. Mis padres sólo me pagan el apartamento que comparto con una amiga. Y suerte tengo que no tengo que ayudarles económicamente. Algunos de mis compañeros tienen que dar a la familia todo lo que ganan».

  2. Así vivió el corralito Argentina

    Grupos de ahorradores protestan en Argentina
    Grupos de ahorradores protestan en Argentina - efe

    Los argentinos miran a Grecia y sienten un escalofrío por el cuerpo. Observan el reflejo de la tragedia griega como un recuerdo del suyo propio. Pareciera que la historia se repite, tres lustros después, en otro tiempo y otro espacio: el viejo continente.

    A principios de diciembre del 2001 el por entonces todo poderoso ministro de economía, Domingo Cavallo, anunció, entre otras medidas, un límite de extracción en efectivo de los cajeros. A partir de ese momento ningún banco entregaría más de 250 pesos a la semana, Regía la ley de convertibilidad y la moneda argentina valía y circulaba exactamente lo mismo que el dólar. Los banqueros no podían soportar más la sangría de efectivo que salían a diario en estampida de sus bóvedas.

    En una reunión previa a la medida uno de ellos llego a poner sobre la mesa un juego de llaves y decirle a Cavallo que, si no adoptaba alguna medida de urgencia, «el lunes abrís vos». Así fue como el super ministro de Carlos Menem que inventó la paridad del dólar y el peso, el hombre en el que confió Fernando de La Rúa para desactivar una bomba, en varios tiempos, que le estaba a estallando desde que llegó a la Presidencia (10 de diciembre de 1999), anunció el corralito.

    En vísperas de hacerlo, la crisis y la devaluación de hecho se vivían en la calle. Los conocidos arbolitos, cambista al paso, crecían en las principales ciudades argentinas y por la preciada divisa estadounidense entregaban ya varios pesos. Los argentinos, acostumbrados a las crisis, llevaban meses sacando los «billetes verdes» y guardándolos bajo el colchón, en el dobladillo de las cortinas, en bolsas con doble fondo, en el hueco de las puertas corredizas y en un sinfin de lugares secretos para evitar a los ladrones.

    El hoy famoso «corralito» fue un término inventado por el periodista Antonio Lage, especializado en economía, en un programa de televisión recurrió a esa palabra al tratar de explicar lo que estaba sucediendo. Los argentinos y los griegos, como se aprecia hoy, compraron el término y el concepto,

    La conocida viveza criolla sorteo el corralito, las primeras semanas de diciembre, con velocidad. Iban por parejas en moto, sacaban los 250 dólares y volaban al cajero más próximo para repetir la operación antes de que el sistema «descubriera» que el cupo ya estaba completo. El éxito duró poco porque los bancos también «se avivaron» y se mejoró el sistema.

    Con experiencia en sacudidas cambiarias y financieras los argentinos sospecharon que el corralito sería el principio de una secuencia de triste final. Los que podían comenzaron a comprar automóviles y apartamentos como modo de inversión. Otros acometían reformas en sus viviendas, pagaban por adelantado viajes o se daban caprichos como renovar el mobiliario, electrodomésticos y otros artículos, a ser posible importados. El «corralito» permitía disponer de todos los fondos siempre y cuando fuera dentro del circuito bancario, esto es, pagos con cheques, con tarjetas o transferencias en el interior de Argentina (los grios al extranjeros únicamente para el comercio). Los que se animaron a estas «inversiones» acertaron. El verdadero drama no fue el corralito, sino lo que vino después, «el corralón» pero eso, es otra historia.