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Los «hijos del poder» incomodan a los presidentes de Iberoamérica

Varios herederos han protagonizado polémicas comprometedoras para los gobiernos de sus padres

Máximo Kirchner (izquierda), Nicolás Maduro (a la derecha, arriba) y Sebastián Dávalos Bachelet
Máximo Kirchner (izquierda), Nicolás Maduro (a la derecha, arriba) y Sebastián Dávalos Bachelet - abc
facundo F. barrio - Madrid - Actualizado: Guardado en: Internacional

Muchos de ellos se criaron en el seno de las familias más influyentes de sus países, y crecieron al abrigo del poder de sus padres. No conocen el anonimato: están expuestos a los flashes de manera permanente y se han acostumbrado a la omnipresencia de sus guardaespaldas. En ocasiones, sus actos privados pueden convertirse en asuntos de Estado. Son conscientes de que viven en el centro de atención de la opinión pública. Aunque, a juzgar por las polémicas y escándalos que han protagonizado, a veces parecen no recordarlo.

Un conocido versículo de la Biblia dice que «el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo». Sin embargo, los «hijos del poder» han causado más de un dolor de cabeza a varios presidentes de Iberoamérica, cuyos gobiernos han enfrentado críticas por los gustos ostentosos de sus herederos, apariciones públicas bochornosas, obtenciones cuestionables de privilegios o casos de presunta o probada corrupción en los que se vieron involucrados. El «mal» de los hijos incómodos no discrimina: alcanza a jefes de Estado de todo el continente de diversos signos políticos, hombres y mujeres, populares e impopulares.

Nicolás Maduro Guerra. Homónimo de su padre, el único hijo del presidente venezolano, de 25 años, fue objeto de una intensa polémica cuando, en 2013, Nicolás Maduro lo designó a dedo como jefe del Cuerpo de Inspectores Especiales de la Presidencia, el organismo que supervisa las acciones de gobierno. «Me toca por ser mi papá el presidente», se justificó «Nicolasito». El joven fue designado en un alto cargo con apenas 23 años, sin experiencia ni título universitario, y con una carrera en Economía recién comenzada. Después de aquella polémica, en 2014, el hijo de Maduro se convirtió además en el director de la Escuela Nacional de Cine, lo que generó resquemores en círculos artísticos. «Nicolasito» volvió a ser noticia algunas semanas atrás, cuando fue filmado en una boda en el Gran Meliá, uno de los hoteles más lujosos de Caracas, mientras una lluvia de dólares caía a su alrededor.

Máximo Kirchner. Con un asombroso parecido en su forma de hablar a su padre, el difunto expresidente Néstor Kirchner, Máximo (38 años) es tal vez el personaje más influyente de la política argentina después de su madre Cristina Fernández. Lidera la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora e integra el ínfimo círculo político de personas cercanas a su madre. Está involucrado en el llamado caso «Hotesur», una investigación judicial sobre presunto lavado de dinero en torno al empresario Lázaro Báez, quien fue acusado de haber contratado habitaciones en un hotel de los Kirchner que nunca fueron ocupadas, lo que sería un indicio de una maniobra de blanqueo. Según la prensa argentina, Máximo habría firmado algunos de los documentos que investiga la Justicia. En las últimas semanas, el oficialismo argentino comenzó a alentar la idea de que Máximo se presente como candidato a diputado en las elecciones de octubre. En ese caso, los fueros parlamentarios lo blindarían contra un eventual avance de las pesquisas.

Sebastián Dávalos Bachelet. En febrero pasado, el llamado caso «Nueragate» se convirtió en el primer gran escándalo sufrido por Michelle Bachelet. La prensa chilena reveló que una empresa de la cónyuge del hijo de la mandataria, Sebastián Dávalos (37 años), había recibido un crédito por más de diez millones de dólares del Banco de Chile. El monto se había aprobado un día después del triunfo de Bachelet en las urnas. Poco después se comprobó que el crédito había sido negociado durante una reunión entre Dávalos y su mujer con el vicepresidente del banco. Dávalos publicó una declaración patrimonial para atemperar las críticas, pero ya era demasiado tarde: la certeza pública de que el hijo de Bachelet había incurrido en tráfico de influencias le obligó a renunciar a su cargo de director del Área Sociocultural de la Presidencia.

Laureano Ortega. Uno de los hijos del presidente nicaragüense Daniel Ortega es consultor de la agencia gubernamental de promoción de inversiones ProNicaragua, un puesto clave que lo ha convertido en intermediario entre su padre y el magnate chino Wang Jing, quien tiene en sus manos el multimillonario proyecto para construir un canal interoceánico en Nicaragua. Durante su último encuentro con Wang, Laureano llamó la atención al exhibir un Rolex valorado en más de 43 mil dólares. Según el diario «La Prensa», el hijo presidencial es fanático de los relojes y en su colección cuenta con varios modelos de alta gama. Sus ostentosos gustos atizaron la polémica sobre los orígenes de la fortuna de la familia Ortega.

Juan Pablo Cartes. Lo del hijo del presidente paraguayo Horacio Cartes fue un verdadero bochorno: en 2013, Juan Pablo fue filmado en la entrada de un hotel de Miami, visiblemente borracho e intercambiando golpes con otro sujeto tan ebrio como él. En aquella oportunidad, el hijo del jefe de Estado paraguayo -quien tiene participación accionaria en el imperio económico que posee su padre en su país- llegó a ser arrestado por la Policía.

Esteban Santos. En Colombia, el hijo menor del presidente Juan Manuel Santos cumplió con el servicio militar como cualquier colombiano. Sin embargo, los privilegios de los que gozó durante su paso por el batallón generaron un fuerte malestar en el ámbito castrense, e incluso algunos oficiales expresaron sus quejas al Ejecutivo. Molestó el hecho de que, a los 19 años, a Esteban se le permitiera marchar junto a oficiales de alto rango en celebraciones y galas. Tampoco agradó que el joven elogiara a su padre, cuando los militares tienen prohibido hablar de política.

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