El Rey Salman de Arabia Saudí, en una fotografía de archivo
El Rey Salman de Arabia Saudí, en una fotografía de archivo - reuters

El Rey saudí, Salman, pone fin al régimen de los octogenarios

El monarca nombra Príncipe heredero a su sobrino Mohamed bin Nayef y «número tres» a su hijo Mohamed bin Salman

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El Rey saudí, Salman bin Abdelaziz, en el trono desde hace solo tres meses, rompió la tradición sucesoria al nombrar de modo inesperado a su sobrino Mohamed bin Nayef nuevo Príncipe Heredero, y a su hijo Mohamed bin Salman segundo en la sucesión. El monarca dio un golpe de mano personal con estos nombramientos, hechos según los analistas al margen de las consultas con el resto de las ramas de la familia de los Saud. El Rey Salman, de 80 años, ha quitado a su hermanastro Muqrin el título de heredero con el aparente objetivo de dar paso a los nietos del fundador, después de décadas de gerontocracia.

La llegada de los dos Mohamed a la cumbre de la primera potencia petrolífera mundial —ambos, de 55 y 30 años respectivamente, presidirán los máximos comités del país en materia de Defensa, Interior y Economía— marca también el nuevo estilo que el Rey Salman quiere imprimir a Arabia Saudí, sometida a inéditos desafíos en política exterior y a una presión interna por su elevadísimo paro juvenil.

Para facilitar la tarea de los dos nuevos puntales del régimen teocrático saudí, el monarca reemplazó al veterano príncipe Saud al-Faisal, ministro de Exteriores de Arabia Saudí desde hace 40 años, por el «joven» embajador en Washington, Adel al-Jubeir, de 52 años. La decisión aporta otra novedad: es la primera vez que una cartera estratégica como la de Exteriores será ocupada por alguien ajeno a la Casa de los Saud.

El «régimen de los siete mil príncipes» tiene la peculiaridad de repartir los grandes cargos del poder, tanto político como económico, entre los descendientes de los 35 hijos del fundador de la dinastía. Tras romper con esa regla, Al-Jubeir, un rostro familiar en las pantallas de televisión norteamericana como comentarista, debe facilitar la reconstrucción de las relaciones dañadas con Estados Unidos tras el 11-S. Quince de los diecinueve terroristas eran saudíes.

Mantener las esencias

Los nombramientos de Mohamed bin Nayef como número dos, y de Mohamed bin Salman como número tres del régimen, van a impulsar una acción más decidida de Riad en la esfera internacional, con una mentalidad además de largo plazo. De hecho, la campaña bélica contra los rebeldes pro-iraníes de Yemen es una operación que ha permitido lanzar la imagen de Bin Salman —ministro de Defensa— en los medios nacionales e internacionales en las últimas semanas; hasta el punto de que algunos diplomáticos lo consideran el auténtico «hombre fuerte» de Arabia Saudí, por encima del ministro del Interior Bin Nayef.

No se han anunciado, ni se esperan, cambios en la orientación política e ideológica de la Monarquía absoluta. Los Nayef —padre e hijo— se han carecterizado durante sus años de usufructo patrimonial del Ministerio del Interior por una acción igualmente dura contra los islamistas de Al Qaida y contra los reformistas liberales. La alianza de los Saud con la secta suní ultaintolerante de los wahabíes sigue intacta, y se ve ahora garantizada por el temor común al auge de Irán en todo Oriente Próximo. Como titular de los lugares sagrados de Meca y Medina, Arabia Saudí se considera legitimada para defender los intereses de las monarquías suníes de la región frente a la ofensiva de la «herejía chií» promovida por Teherán.