Primer genocidio del siglo XX

Desafío internacional de Turquía en el centenario de la matanza de armenios

Mientras Erdogan silencia la conmemoración de la tragedia en la que murieron un millón y medio de cristianos, el Papa celebró ayer una misa en el Vaticano en su recuerdo. El lunes habrá otra en la Catedral de la Almudena, en Madrid

Muchos armenios murieron víctimas del hambre y las precarias condiciones de vida de camino al exilio
Muchos armenios murieron víctimas del hambre y las precarias condiciones de vida de camino al exilio - abc

Un acto de «cinismo». Así califica Avet Adonts, embajador de Armenia en España (en nuestro país viven alrededor de 35.000 armenios), el comportamiento del presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, a la hora de intentar desviar la atención sobre los actos que conmemoran el centenario del genocido armenio (1915-23), que acabó con la vida de un millón y medio de personas. Una cifra que Turquía sitúa muy por debajo (entre 300.000 y 600.000), y que sostiene fue consecuencia de la I Guerra Mundial y del hambre sufrida camino del exilio al que fueron condenados, y no de un asesinato sistemático de una minoría cristiana como defienden miles de documentos y testimonios.

La «cuestión armenia», como se la calificó, suponía un problema para el Imperio Otomano, de mayoría musulmana, que bajo el gobierno del Comité Unión y Progreso (1908-1918), en el que tendrían un papel destacado los Jóvenes Turcos (movimiento encabezado por Talat, Enver y Djemal), haría rebrotar -tras la derrota en los Balcanes- el sentimiento nacionalista.

No había sitio para las minorías, y menos para aquella que, como la armenia, reclamaba la igualdad de derechos y era, además, sospechosa de haber ayudado militarmente al ejército ruso.

Pero este no fue el primer eslabón de una cadena de matanzas contra esta comunidad. El encargado de allanar el camino fue, dos décadas antes, el sultán Abdul Hamid II, conocido como el Sultán Rojo, que ordenó la masacre de 300.000 armenios entre 1894 y 1897.

Contraprogramación

Un siglo después de aquel 24 de abril de 1915, en el que fueron arrestadas unas 650 personalidades de la comunidad armenia -y elegida como fecha oficial para recordar la tragedia-, la herida sigue abierta y con pocas perspectivas de cerrarse. Prueba de ello es el malestar del gobierno turco ante el eco que está teniendo la conmemoración del primer genocidio del siglo XX. Eco que Erdogan ha querido acallar o desafíar contraprogramando otra celebración centenaria, la victoria de los otomanos en la batalla de Galípoli.

«Cuando hablo de la actitud cínica de Turquía me refiero a este evento. El presidente de Armenia, Serzh Sarkisian, le envió una invitación al turco para visitar el país el 24 de abril y a participar en las conmemoraciones del genocidio armenio, en un nuevo intento por normalizar las relaciones. Después de medio año de silencio, Erdogan envió una carta de invitación a Sarkisian para participar en la celebración de la batalla de Galípoli. Un evento que siempre se conmemora en marzo -matiza-. Es un intento muy cínico de distraer la atención de la comunidad internacional. Pero todos se han enterado del juego que ha intentado el gobierno turco».

Al acto que tendrá lugar en Erevan, capital de Armenia, han confirmado su asistencia los presidentes de Francia (país que castiga por ley la negación del genocidio armenio) y Rusia, François Hollande y Vladímir Putin, entre otros.

Instrumento geopolítico

El reconocimiento o no del genocidio por la comunidad internacional se ha convertido en un instrumento geopolítico para Turquía. «Esos chantajes políticos son muy conocidos, pero tienen una vida corta. Estoy convencido de que la verdad tiene que ser valorada de manera objetiva, y que este proceso obtendrá un resultado razonable», afirma con cierta esperanza el embajador.

En la actualidad son veintidós los países -España no se encuentra entre ellos- que lo han reconocido. «Definitivamente no hay ningún país o gobierno que lo niegue. El reconocimiento oficial está muy relacionado con la comodidad política. Negar el genocidio es como si un país negara a sus ciudadanos los derechos humanos y los valores democráticos. El reconocimiento internacional es fundamental como instrumento de prevención», asevera.

A medida que se acerca la fecha, se tensa más el pulso entre el gobierno turco y Armenia. Los múltiples actos y las reivindicaciones para su reconocimiento es vista por Erdogan como un intento de desacreditar a Turquía. Esto le ha llevado a retar a los armenios en la diáspora, diez millones de personas (tres veces más que la población que vive en Armenia), a que prueben documentalmente que se produjo un genocidio.

Críticas a la UE

También el ministro de Exteriores turco, Tanju Bilgiç, criticó severamente hace unos días el Informe Anual sobre Derechos Humanos presentado por el Parlamento Europeo, en el que se anima a los Estados miembros y a las instituciones comunitarias a contribuir para que se reconozca. «Estos pasos, que están siendo dados por aquellos que desconocen este suceso histórico, dañan las relaciones entre Turquía y la UE y hacen difícil que los turcos y los armenios construyan su futuro juntos», sentenció.

Es preciso recordar que una de las condiciones que debe cumplir Turquía para poder ingresar en la UE es precisamente la de reconocer el genocidio.

Toda la actualidad en portada

comentarios