Leamsy Salazar, en el centro, entre Diosdado Cabello y Hugo Chávez, en un acto oficial
Leamsy Salazar, en el centro, entre Diosdado Cabello y Hugo Chávez, en un acto oficial
venezuela

Leamsy Salazar, un oscuro guardaespaldas que ahora colabora con la DEA

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Oscuro. Ese es el adjetivo que mejor define al capitán Leamsy Salazar, el militar que con sus escandalosas acusaciones ante las autoridades estadounidenses, publicadas hoy en exclusiva por ABC, ha dado otro golpe a la maltrecha credibilidad del régimen venezolano. Salazar acusa a destacados jerarcas venezolanos, entre ellos el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, de vínculos con el narcotráfico.

Casi nada se sabe de Salazar. Incluso su aspecto es un misterio y apenas hay fotografías suyas. En las poquísimas que hay aparece en la escolta de las personalidades a su cargo, con mirada vigilante y auricular prendido a la oreja como Clint Eastwood en «En la línea de fuego». Hasta ahora había sido el jefe de seguridad de Cabello, uno de los personajes claves del chavismo y el poschavismo. Es el mismo cargo que había desempeñado durante casi diez años en la Casa Militar del fallecido Hugo Chávez.

Ese trabajado anonimato se debe a que en todos los puestos que ha desempeñado se ha caracterizado por su perfil bajo. Fuentes periodísticas venezolanas aseguran, que «es un perfecto desconocido», que «no ha tenido ningún protagonismo».

Pero aunque ha esquivado toda relevancia pública, la suya es una figura respetada en los cuarteles venezolanos y el decisivo paso que da ahora, el de romper con el chavismo y denunciar las presuntas corruptelas de su cúpula, podría alimentar la inquietud en el ámbito castrense. Aunque el suyo no es el primer caso de mando militar que abandona las filas gubernamentales, Salazar se convierte hoy en el oficial en activo de más alto rango que cambia de bando. El golpe será duro para el presidente Nicolás Maduro porque Salazar tiene mucho crédito entre sus compañeros de armas y su movimiento, planeado con frialdad y ejecutado con sigilo, enrarecerá todavía más el clima político venezolano y podría azuzar las luchas de poder latentes en la cúspide bolivariana desde la desaparición de Chávez, el gran líder que mantenía la paz del rebaño.