Manifestación de solidaridad frente a la Embajada de París en Buenos Aires
Manifestación de solidaridad frente a la Embajada de París en Buenos Aires - reuters
ataque al semanario charlie hebdo

La ruta mortal de las caricaturas (2005-2015)

La Justicia francesa sentenció en 2011 que las sátiras de «Charlie Hebdo» no atacaban al islam, sino a los fundamentalistas

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Doce caricaturas satíricas del fundador del islam, el profeta Mahoma, publicadas por primera vez el 30 de septiembre de 2015 en Dinamarca, son el origen y piedra de escándalo —convertida en bola de nieve— de la polémica transformada por los islamistas en auténtico «casus belli». Antes de llegar al brutal y frío ataque terrorista de ayer en París, las caricaturas dejaron tras sí un reguero de protestas en las calles, saldadas con muertos, ataques contra redacciones occidentales e intentos frustrados de asesinato. En el terreno político, el diálogo siempre ha sido estéril. Los gobiernos occidentales se niegan a imputar como delito la publicación de ataques contra las religiones, tal como les exigen los gobiernos de países de mayoría musulmana.

Los primeros dibujos, reproducidos en febrero de 2006 por el semanario satírico francés «Charlie Hebdo», de izquierdas, aparecieron por primera vez en el danés «Jyllands-Posten», de derechas, como ilustración satírica de un artículo sobre autocensura y libertad de expresión. Hasta ese momento, ningún dibujante se atrevía a dar el paso en Occidente por miedo a posibles represalias islamistas. El islam prohíbe la representación de Dios y de su profeta Mahoma, por considerar que puede dar pie a la idolatría; y los fundamentalistas se toman muy en serio esa prohibición.

Tanto los representantes de la minoría musulmana de Dinamarca como varios gobiernos de tendencia islamista exigieron en 2005 al Gobierno danés medidas represivas contra el «Jyllands», que nunca se tomaron. Por solidaridad, varios diarios y revistas alemanas, noruegas y francesas (entre ellas «Charlie Hebdo») reprodujeron las caricaturas de Mahoma.

Durante el primer semestre de 2006, la polémica llegó a su cénit, pese a los llamamientos a la calma del dúo Rodríguez-Zapatero y Erdogan, impulsores del llamado (y efímero) «diálogo de civilizaciones».

Las protestas callejeras, alentadas desde las mezquitas, llegaron a las calles de Afganistán, el Líbano, Somalia o Gaza, antes de viajar a capitales europeas. Se produjeron choques y muertos. Varias embajadas occidentales fueron atacadas.

En todas las trincheras

Mientras Estados Unidos veía la mano oscura de Irán y de Siria detrás de los incidentes, la Unión Europea organizaba misiones a Oriente para apaciguar los ánimos, que se tranquilizaron a mediados de 2006. En marzo, el semanario «Charlie Hebdo» recogió el testigo del diario danés y publicó un manifiesto de doce intelectuales —entre ellos Salman Rushdie y Bernard-Henri Lévy— en defensa de la libertad de expresión y contra la autocensura que predican algunos gobiernos como el británico.

Los líderes musulmanes europeos denunciaron al diario danés, pero en octubre de 2006 la Justicia dio la razón a los medios y al Gobierno. Meses más tarde, en marzo de 2007, la Justicia francesa volvió a repetir el veredicto tras la denuncia presentada contra «Charlie Hebdo» por los musulmanes de ese país. La publicación de las caricaturas estaba amparada por la libertad de expresión, y no atacaban al islam sino a los fundamentalistas violentos.

El juicio contra Philippe Val, director entonces del semanario satírico francés, comenzó en febrero de 2007 y fue considerado como un a prueba de toque del estado de salud de la libertad de expresión. La exculpación volvió a alimentar la polémica y a encender los ánimos en los círculos islamistas, que se fueron —en apariencia— apagando hasta noviembre de 2011.

Ese mes, «Charlie Hebdo» volvió a cruzar otra «línea roja» en su crítica mordaz del fundamentalismo musulmán. El semanario cambió su nombre en el primer número del mes por el de «Charia Hebdo» —en referencia a la ley islámica— y anunció la contratación de Mahoma como redactor jefe de la publicación. En portada aparecía una caricatura del profeta con un bocadillo y la amenaza de dar «cien latigazos a quien no se muera de risa».

La redacción fue atacada con cócteles molotov y casi reducida a cenizas. Pero se rehizo y un año más tarde volvía a publicar caricaturas de Mahoma. Impenitente y numantina. Un penúltimo ataque tuvo aún lugar en 2013, cuando piratas informáticos saturaron su página web.