Internacional

La triste Navidad de los cristianos iraquíes perseguidos por el Estado Islámico

Día 26/12/2014 - 13.37h
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Tuvieron que huir de sus casas en Nínive y ahora viven en precarias condiciones, refugiados en escuelas en Bagdad

«Ya no hay Navidad aquí», se lamenta Ghassan, un cristiano caldeo de 40 años que vive en una húmeda habitación en Bagdad con su familia tras huir de las persecuciones de los yihadistas en el norte de Irak.

Antes, Navidad era uno de los momentos destacados del año para Ghassam y sus más cercanos. «Era la vida, una fiesta con gusto y sentido», se acuerda. «La preparábamos con cuidado», añade su esposa Basma, de 27 años.

En su casa, decoraban el árbol de Navidad y la víspera del 25 de diciembre cenaban en familia y se reunían después en la misa de medianoche.

Pero este año «no hay celebración, ni para los adultos ni para los niños», se quejaba el padre de familia.

Porque, como miles de cristianos en Irak, Ghassan y sus tres hermanos tuvieron que huir con sus mujeres y sus hijos de Al-Qosh. Esta ciudad de la provincia de Nínive fue conquistada por el Estado Islámico tras una larga ofensiva que le permitió tomar el control de Mosul, la segunda ciudad de Irak, desde junio.

La huida condujo a la familia de Ghassan al Kurdistán iraquí y después a la capital iraquí, donde fue acogida este mes en una escuela próxima a la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Ghassan, su mujer y sus dos hijos comparten habitación con su hermano, su cuñada y sus cuatro hijos. Los otros dos hermanos y sus familias conviven en otra sala.

Las ventanas están recubiertas de viejos pedazos de tela, los muros son grises y las colchonetas se apilan en el suelo con numerosos zapatos.

«No hay futuro aquí», gime Ghassan abrazando a su hijo de siete años. «¿Qué futuro tendrán mis hijos? ¿Quién puede garantizarles que van a vivir?», se pregunta, sentado en un pupitre, con los ojos llenos de lágrimas.

La comunidad cristiana de Irak, una de las más antiguas del mundo, cuenta con más de un millón de fieles, de los que más de 600.000 vivían en Bagdad antes de la invasión estadounidense de 2003. El país se convirtió en un campo de batalla entre insurgentes y tropas extranjeras antes de caer en una guerra sectaria en la que los cristianos, asociados a los «cruzados» occidentales, están en el punto de mira.

El ataque más mortífero dejó 46 muertos el 31 de octubre de 2010 en la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, no lejos de la escuela donde actualmente se refugia la familia de Ghassan.

La violencia disminuyó en intensidad antes de repuntar desde abril de 2013 con la llegada del Estado Islámico. Los yihadistas han alertado a los cristianos que serán asesinados si no se convierten al Islam. Por ello, la mayoría, sobre todo de Mosul, han huido de sus casas, que han sido confiscadas por el EI.

El patriarca caldeo Louis Sako lamentó el miércoles que no haya «ninguna solución rápida» para los 150.000 cristianos desplazados. «Necesitan signos que les aseguren que no están abandonados a su suerte ni olvidados», añadió al ser interrogado por AFP.

Reunidos el jueves por la mañana para la misa de Navidad en la iglesia de la Ascensión en Bagdad, los fieles reconocen «no tener el corazón de fiesta». «¿Cómo ser felices cuando miles de nosotros viven en condiciones tan precarias en escuelas y campos?», señala Rayan Dania Sabri al final de la misa.

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