Varios kurdos de Siria se enfrentan a la policía antidisturbios de turca que patrulla la frontera entre Siria y Turquía
Varios kurdos de Siria se enfrentan a la policía antidisturbios de turca que patrulla la frontera entre Siria y Turquía - efe

Agoniza la guerrilla moderada siria en la que confía Estados Unidos

Washington intenta resucitar al Ejército Sirio Libre para suplir a la ofensiva terrestre

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Los misiles de la alianza liderada por EE.UU. castigan en Siria las posiciones del Estado Islámico(EI) y del Frente Al Nusra, brazo oficial de Al Qaida en el país árabe. Los Tomahawk que hace un año estuvieron a punto de tener como objetivo al Ejército de Al Assad por haber cruzado la «línea roja» del uso de armas químicas, según Barack Obama, se dirigen hoy a los que Estados Unidos considera los grupos más fuertes de la oposición armada al régimen.

La decisión de no bombardear a Assad significó el hundimiento definitivo del Ejército Sirio Libre (ESL), el brazo armado de la Coalición Nacional Siria (CNFROS) respaldada por Occidente y que estuvo presente en los encuentros de paz de Ginebra. Sin apoyo exterior y dividido por las luchas internas de la oposición política en el extranjero, el ESL acabó absorbido por grupos y coaliciones de marcado carácter religioso que son las que se disputan el control de las zonas sin presencia del régimen, formaciones con ideales muy alejados de los que busca Occidente para reemplazar a Assad.

Animado por la intervención extranjera y los 500 millones de dólares aprobados por el Congreso para ayudar a la «oposición moderada» el ESL –formado por desertores del Ejército y cientos de grupos locales de todo el país que se unieron bajo los colores negro, blanco y verde de la bandera de la primera república– vuelve a salir a escena. Nada más comenzar los bombardeos de la alianza, Hussam Al Marie, portavoz del grupo, colgó un comunicado en las redes sociales para dar la bienvenida a la operación militar y presentar a los suyos como «la unidad antiterrorista de Occidente sobre el terreno», pero pidió a la alianza «mantener la presión sobre Assad, que es quien ha permitido el auge del EI».

El presidente de la CNFROS, Hadi Bahra, también ha movido ficha en las últimas horas con la disolución de la cúpula del ESL «por no incluir a todas las facciones». Según Bahra «la revolución está pasando por una etapa en la que necesita unificar sus filas y reorganizar sus instituciones, además de corregir errores para aumentar la eficiencia y las capacidades de sus fuerzas» con el objetivo final de «lograr las aspiraciones del pueblo sirio en la lucha contra Bashar al Asad y los terroristas del EI». El discurso que quieren escuchar en Washington, pero que no será nada sencillo llevar a la práctica.

Doble lucha

El ESL simboliza el ejemplo de fuerza nacional, no sectaria que busca Occidente, pero desde hace un año su presencia sobre el terreno es prácticamente nula. La segunda parte de la estrategia de Barack Obama consiste en financiar y entrenar a miles de combatientes dispuestos a esa doble lucha contra el EI y Assad de la que habla el presidente de la CNFROS.

«La pregunta del millón de dólares es si quedan moderados entre las fuerzas rebeldes que combaten desde 2011 al régimen», se cuestiona el investigador sobre Oriente Medio del Instituto Internacional de Ciencias Políticas de Madrid, José Luis Masegosa, para quien «esta estrategia se enfrenta a dos obstáculos de envergadura. Por un lado, el enemigo natural y legítimo de los moderados sirios sigue siendo Bashar el Assad. Por otro, el regreso de Washington a Siria después de un año tiene difícil venta entre la población siria que lógicamente resentirá el oportunismo americano».

Los únicos nombres concretos que ha citado EE.UU. con la etiqueta de «moderados» entre los miles de grupos sirios –unos 1.500 según la inteligencia estadounidense- son la Brigada Hazem, las divisiones 101 y 13 y las brigadas Omari y Yarmouk. Se trata de «los últimos vestigios del ESL», declaró el embajador Robert Ford, diplomático del Departamento de Estado encargado de la crisis siria, durante su comparecencia en el Comité de Asuntos Exteriores del Senado de la semana pasada.

Condena de los aliados

La Brigada Hazem, presente al noroeste del país y cuyos mandos reconocieron abiertamente en abril haber recibido armas de Estados Unidos, estaría formada por unos 7.000 combatientes. El grupo más fuerte de los citados por Ford es considerado aliado de Occidente, pero sus responsables se han apresurado a condenar en las redes sociales los ataques de la alianza porque «el único beneficiado de esta injerencia extranjera es Assad, especialmente por la ausencia de una estrategia real para apartarle del poder». La Brigada Hazem fue mucho más dura que el régimen y calificó los bombardeos de «ataque a la soberanía nacional que daña a la revolución siria».

Con el Ejército Sirio Libre en construcción, algunos giran la vista hacia las facciones próximas a los Hermanos Musulmanes como Liwa Al Tawid, en Alepo, o Ajnad Al Sham, en Damasco, pero destacados miembros de la hermandad como Mouaz Al Jatib, ex máximo dirigente de la oposición en el exilio, han condenado también la intervención militar extranjera.

El rechazo de los grupos islamistas –más o menos moderados y que son la inmensa mayoría de los que están en el campo de batalla– a los ataques de la alianza, puede generar justo el efecto contrario y ya han comenzado los primeros pactos de no agresión como el del EI con el Frente Revolucionario Sirio, según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos