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Las acciones del Estado Islámico desatan el racismo kurdo contra los árabes

El gobierno del Kurdistán iraquí prohibe las manifestaciones antiárabes en las principales ciudades de la región

Fuerzas kurdas patrullan una calle en Kirkuk
Fuerzas kurdas patrullan una calle en Kirkuk - afp
DANIEL IRIARTE - Actualizado: Guardado en: Internacional

Si uno busca las palabras «Árabes« y «Kurdistán» en Facebook, encuentra fácilmente al menos media docena de páginas, todas con la misma temática: piden la expulsión de la población árabe de las regiones kurdas del norte de Irak (y una de ellas incluso amplía también la petición a turcos y persas). En la mayoría, el logotipo es similar: un árabe con el turbante típico del Golfo Pérsico tachado por un gran símbolo rojo de prohibición. También lo son sus contenidos, a menudo fotografías mofándose de las costumbres «árabes» o resultados de «sus» acciones, como las atrocidades cometidas por el Estado Islámico en el norte de Irak.

Y desde que los yihadistas amenazan Erbil, este sentimiento de racismo, latente entre muchos kurdos, no ha hecho sino extenderse. Durante el mes de agosto, tanto en esta ciudad como en Suleimaniya, las dos principales ciudades del Kurdistán iraquí, se produjeron diversas manifestaciones pidiendo la expulsión de la población árabe.

Una de ellas, celebrada el pasado 9 de agosto en la capital kurda, fue recogida en video por una agencia de noticias especializada en Oriente Medio y colgada en internet. En las imágenes puede verse a cientos de personas gritando «Los árabes son traidores», y portando pancartas con eslóganes como: «Sois espías, os estamos salvando y vosotros estáis ayudando al Estado Islámico».

Estas manifestaciones fueron rápidamente prohibidas por las autoridades kurdas. Gracias a un intermediario, ABC se encuentra con uno de los organizadores de estas marchas, que nos pide que le identifiquemos solamente como Mustafa, puesto que ahora pesa sobre él una orden de arresto. Una orden, nos dice, que jamás se hará efectiva, porque «muchos policías piensan igual que nosotros».

Un odio de raíces históricas

«Yo mismo he visto las cosas que hacen los árabes, que me han llevado a odiarles», explica sin ningún tapujo. «Mi padre y mis tíos, y mis abuelos, han sido peshmergas, lo que nos ha llevado a despreciarles», indica.

Su odio, pues, está enraizado en las antiguas operaciones antikurdas llevadas a cabo por el régimen de Saddam Hussein, como la campaña Anfal de finales de los años 80, en la que murieron entre 50.000 y 180.000 kurdos. El episodio más conocido fue el ataque químico contra la aldea de Halabja en 1988, en el que perecieron al menos 5.000 personas, pero incluyó también la deportación forzosa de cientos de miles de kurdos, el uso de armamento convencional contra los resistentes kurdos y el establecimiento de campos de concentración y exterminio.

«A mis tíos se los llevó el gobierno en 1987, y aún no sabemos lo que les sucedió. Creemos que experimentaron con ellos», relata Mustafa. «Después de que los alemanes exterminaran a los judíos, Alemania se disculpó, pero nadie ha pedido perdón nunca por lo que les sucedió a nuestras familias. Los árabes están incluso orgullosos», asegura.

No obstante, culpar a los refugiados que en estos momentos inundan Erbil de las acciones de la dictadura de Saddam Hussein parece excesivo. Cuando se lo hacemos notar, Mustafa desvela nuevos motivos para su forma de pensar. «El Kurdistán ha sido famoso como un lugar de coexistencia, donde los cristianos y otros han encontrado refugio. Pero no nos han traído prosperidad, solo sufrimiento», indica. «La gente teme que los árabes ricos, que tienen buenas conexiones con el gobierno kurdo, reciban un trato de favor», asegura.

«No creo que la expulsión sea la solución, porque algunos crean empleo, pero el gobierno debería tratarles de forma diferente que a nosotros. A pesar de que les hemos dado refugio, muchos todavía expresan su odio hacia los kurdos, mediante cosas como actos de vandalismo», afirma.

Acusados de colaboracionismo

Le preguntamos por qué cree que el gobierno ha prohibido estas manifestaciones. «No quieren dar una mala imagen internacional», responde. «Las protestas no han ido muy bien, han arrestado a algunos de los nuestros, aunque fueron liberados muy pronto. Incluso los que los detenían están de acuerdo con nosotros, pero no podían mostrarlo más que de forma indirecta», insiste.

Estas expresiones de rechazo a la comunidad árabe se han visto alimentadas por las afirmaciones de algunos kurdos evacuados de lugares como Gwer o Sinyar, que acusan a sus vecinos árabes de haber apoyado al Estado Islámico durante la toma de sus localidades. Mucha menos publicidad han recibido las historias de los cientos de ellos que están ayudando a cristianos y yasidíes a huir de las garras de los yihadistas, tal y como ha relatado el diario italiano «Il Corriere de la Sera», que los ha calificado de «los Schindler musulmanes», en referencia al industrial alemán que salvó a miles de judíos del exterminio nazi.

Aunque el racismo está muy extendido entre la población kurda del norte de Irak, es difícil determinar si se trata de un sentimiento mayoritario. Miles de kurdos están ayudando de forma desinteresada a los desplazados por el Estado Islámico en Erbil y otras ciudades, aunque a medida que su número aumenta y la situación se prolonga en el tiempo, son también muchos quienes empiezan a perder la paciencia.

Mustafa asegura que los que rechazan la presencia de los árabes en el Kurdistán son mayoría. «Las protestas estaban apoyadas directamente por unas mil personas, pero había muchos interesados observando a cierta distancia», asegura. «Es mucha gente. Demasiada para ignorarla».

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