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Ni barbas ni velos en los autobuses de Xinjiang para evitar atentados islamistas

Las autoridades de la ciudad de Karamay, en la provincia de Xinjiang, aseguran que se trata de una medida de seguridad

En la provincia de Xinjiang, muy castigada por el terrorismo, reside la minoría musulmana uigur que reivindica la creación de un Estado islámico
En la provincia de Xinjiang, muy castigada por el terrorismo, reside la minoría musulmana uigur que reivindica la creación de un Estado islámico - pablo m. díez
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Ni barbas largas, ni velos, ni pañuelos. Cualquier pasajero que responda a esa descripción no podrá subirse a los autobuses de Karamay, una ciudad en la región musulmana de Xinjiang, al oeste de China, sacudida por fuertes tensiones separatistas. Con tan drástico veto, el autoritario régimen de Pekín pretende impedir atentados islamistas durante una competición deportiva que tendrá lugar el próximo día 20, según informa la agencia Reuters citando al 'Diario de Karamay', periódico local del Partido Comunista.

Además de los hombres con barbas pobladas y las mujeres que se cubran con velos y pañuelos, tampoco podrán montarse en los autobuses las pasajeras que vistan el tradicional «jilbab» (holgada prenda femenina que cubre todo el cuerpo menos las manos, la cara y la cabeza) ni quienes lleven camisetas con la media luna islámica y una estrella. Dichos símbolos son usados por los grupos separatistas que reivindican la independencia de Xinjiang, pero también aparecen en numerosas banderas de países musulmanes.

Por ese motivo, el movimiento uigur en el exilio ha vuelto a criticar la creciente represión en Xinjiang. «Las autoridades de Karamay están aplicando una política racista y claramente discriminatoria contra ciudadanos corrientes», se quejó el presidente de la Asociación Americana Uigur, Alim Seytoff, en un comunicado enviado por correo electrónico a Reuters.

No es la primera vez que las autoridades chinas imponen restricciones en los medios de transporte públicos. El mes pasado, la Policía de Urumqi, la capital de Xinjiang, prohibió a los pasajeros subir a los autobuses con mecheros, agua y yogures al reforzar la seguridad para impedir más atentados terroristas.

La tensión es alta después de que casi un centenar de personas perecieran la semana pasada en la última revuelta uigur contra edificios gubernamentales y comisarías de policía. Entre los fallecidos hubo 35 chinos de la etnia «Han», la mayoritaria en el país y que ha colonizado esta región, y dos funcionarios uigures que trabajaban para el Gobierno, así como 59 atacantes que fueron abatidos por la Policía, que los definió como «terroristas».

Año dramático

Durante el último año, unas 200 personas han muerto en atentados similares, entre los que destacan los salvajes ataques a machetazos en las estaciones de trenes de Kunming (provincia de Yunnan) y Urumqi, donde también estallaron a finales de mayo dos coches cargados de explosivos y conducidos por pilotos suicidas.

En octubre del año pasado, otro todoterreno embestía a la multitud de turistas que se suele congregar bajo el retrato de Mao Zedong en la plaza pequinesa de Tiananmen, el corazón político de China. Además de los tres ocupantes uigures del vehículo – el conductor, su esposa y su madre –, en el atentado fallecieron una turista filipina y un hombre de la provincia de Cantón (Guangdong), mientras que unas 40 personas resultaron heridas.

Pekín culpa de estos atentados al Movimiento Islámico del Turkestán Oriental, que reclama la independencia de Xinjiang y tiene, según el Gobierno chino, vínculos con Al Qaida para propagar el islamismo radical. A 4.000 kilómetros al oeste de Pekín, Xinjiang es una vasta región estratégica para China por sus ricas reservas de petróleo, gas natural y minerales y sus fronteras con Rusia, Mongolia, Pakistán, Afganistán, India y varias repúblicas exsoviéticas de Asia Central.

Junto al Tíbet, es la región más levantisca de China porque sus habitantes autóctonos, los uigures musulmanes que hablan una lengua parecida al turco, aspiran desde los años 30 del siglo pasado a lograr la independencia para formar el Turkestán Oriental.

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