Los líderes europeos ultiman el reparto de los puestos clave de la legislatura
La primera ministra danesa, Helle Thorning-Schmidt, durante una reunión con Barroso este domingo - afp

Los líderes europeos ultiman el reparto de los puestos clave de la legislatura

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La reunión de los líderes socialistas en París puede considerarse la confirmación implícita del pacto de legislatura para que se cumpla el calendario de la renovación de los grandes puestos en la Unión Europea. Una vez que ha quedado claro que los socialistas apoyarán al candidato del grupo popular a la Comisión, el luxemburguésJean-Claude Juncker, toda la discusión se centra ahora en cuadrar el resto del «paquete». Los socialistas quieren ser compensandos con «un puesto importante» y todos han de buscar una vía de salida honorable para el primer ministro Británico, David Cameron, que ha fracasado en sus intentos de bloquearlo todo.

Manfred Weber, el eurodiputado bávaro nuevo portavoz del grupo parlamentario popular, no quiere hablar de «gran coalición» a la imagen del propio gobierno federal alemán, sino de «mayoría estable» para permitir a la nueva Comisión Europea un nuevo aire después de dos legislaturas –una década- de presidencia de José Manuel Durao Barroso. Pero esa mayoría tiene un precio: los socialistas han dicho que aceptarán a Juncker porque ha sido el candidato con más escaños, pero reclaman a cambio un programa claro que recoja sus aspiraciones de menos austeridad en el diseño de la política económica y el puesto de Alto Representante, o incluso la presidencia del Consejo para sustituir a Herman Van Rompuy, que también se retira.

Antes de esa despedida, Van Rompuy ha querido lanzar un guiño a su querida Flandes y ha organizado la cena en la que los líderes europeos cerrarán la negociación en la localidad de Ypres, escenario de las más cruentas batallas de la primera guerra mundial, de cuyo comienzo se cumple este año un siglo. No es previsible que en esa cena vuelvan a reabrirse las trincheras, sobre todo porque en este caso los que fueron entonces los principales contendientes, Francia y Alemania, están claramente en el mismo bando. Pero es sobre todo la canciller Angela Merkel de quien depende el grueso de la decisión, entre otras cosas porque es ella quien tiene la potestad de designar quien ocupará el puesto que le corresponde a Alemania en la Comisión Europea, teniendo en cuenta que su mayoría está también basada en un pacto con los socialdemócratas.

¿Y Schulz?

En un principio, hasta el propio Juncker pensó que para allanar su propia candidatura podía ser útil reclamar al que fue el candidato socialista a la presidencia de la Comisión, Martin Shulz . Sin embargo, Shulz no es la opción ni de los democristianos ni de los socialdemócratas alemanes. El comentario de la cancillería diciendo que Merkel está satisfecha con el actual comisario alemán, el responsable de energía Günther Oettinger, parece excluir en cualquier caso que Shulz sea el ocupante del puesto que se atribuye a Alemania en la Comisión.

También podría excluir a la actual ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, que cumple con una de las preocupaciones de Juncker para lograr el mayor respaldo posible en la Cámara de Estrasburgo, acercarse al máximo a la paridad de género. Muchos piensan que una de las dos grandes instituciones europeas –Comisión o Consejo- debería estar en manos de una mujer. Puesto que ya se conoce quién será el presidente de la Comisión, no sería imposible que la presidencia del Consejo fuera para una mujer que, en un paquete equilibrado, podría ser socialista. En la reunión de los socialistas de París solo aparecía la danesa Helle Thorning-Schmidt y teniendo en cuenta que el puesto lo debe ocupar un ex primer ministro, existen pocas opciones más atractivas.

Cuota femenina

Sin embargo, en la carrera por la cuota femenina ha aparecido en los últimos días la actual ministra italiana de Asuntos Exteriores, la jovencísima Federica Mogherini como opción para sustituir a Catherine Ashton, como alta representante. Si el primer ministro italiano Matteo Renzi se empeña, en estos momentos es el único líder socialista europeo con capacidad para imponer un nombramiento así.

En cuanto a Martin Shulz, que no ha sido primer ministro y por tanto no puede optar al puesto de presidente del Consejo ni a la cuota femenina, las opciones se cierran. Para quien ha lanzado esta formidable maniobra política que ha terminado cambiando la interpretación de los tratados, que ha arrebatado con audacia al Consejo su potestad de designar a su libre albedrío al presidente de la Comisión, la historia parece que no le guarda ninguna sorpresa. Según se cuenta con cierta resignación en el seno del grupo socialista, Shulz podría ser reelegido, como mucho, presidente del Parlamento Europeo, es decir que en este baile de sillas se queda donde está.