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Los «pinchos antivagabundos» desatan la polémica en Londres

El alcalde pide que sean retiradas mientras cada vez más ciudadanos las critican

ana mellado - Actualizado: Guardado en: Internacional

En la margen izquierda del río Támesis, en el próspero barrio de Southwark, unos misteriosos pinchos de metal colocados en los portales de las viviendas más lujosas de la zona acaparan la atención de los transeúntes, que no acaban de comprender muy bien su utilidad. Normalmente, se emplean para ahuyentar a las palomas. En este caso, los propietarios de los inmuebles las han instalado para impedir que los mendigos duerman allí.

Con la colocación de varias hileras de lo que ya se conoce en Londres como «púas antivagabundos» han disuadido a los «sintecho» que acampaban por la noche en las inmediaciones del edificio. La medida ha desatado un enconado debate, azuzado desde las redes sociales, que enfrenta la postura de algunos vecinos con la defendida por las organizaciones humanitarias.

Ante la gravedad de la polémica, incluso el alcalde de Londres, Boris Johnson, se ha visto obligado a intervenir. «Las púas instaladas en los bloques de pisos de lujo para ahuyentar a los mendigos es una idea fea, contraproducente y estúpida. Exijo que los responsables los retiren con la mayor brevedad», denunció en su cuenta de Twitter.

«como palomas»

En internet, cientos de personas han firmado una petición para retirar los controvertidos clavos por considerarlos «inhumanos», al situar a las palomas y lo sintecho al mismo nivel.

«Estas puntas antivagabundos son como las púas que se utilizan para mantener a las palomas lejos de los edificios. Los indigentes están siendo tratados como una plaga de alimañas», declaró David Wells en Twitter.

La organización benéfica para personas sin hogar St Mungo´s Broadway, que dispone de un centro para ayudar a los sintecho a reinsertarse, considera que esta medida representa el enfoque «más brutal» para sacar a la gente de las calles.

En el otro lado de la disputa, se alzan las voces de los residentes del edificio, donde una vivienda de dos habitaciones cuesta alrededor de 900.000 libras, más de un millón de euros.

«Creo que es una muy buena idea. Solíamos regresar a casa y encontrar a vagabundos borrachos en la puerta, algo que no es muy agradable para nadie en general», comentó Marcos Hicks, quien ha residido en el edificio durante un año.

Otro residente de largo plazo, que pidió permanecer en el anonimato, agregó que esta medida evidencia el gran problema que existe en Reino Unido con la proliferación de personas que duermen cada noche a la intemperie.

«Ya era hora»

Los propietarios o arrendatarios de las viviendas afectadas sostienen que los detractores de los pinchos olvidan que el Gobierno británico se enfrenta a una escasez de medios y personal para atender a las personas con problemas de salud mental, alcoholismo o drogadicción, que acaban en la calle. Esta postura también la comparten desde algunas asociaciones que precisamente velan por los derechos de los indigentes.

«Es un escándalo que en el siglo XXI en Gran Bretaña todavía haya gente que tenga que pasar la noche en la calle. Durante los últimos tres años el número de personas durmiendo a la intemperie ha crecido exponencialmente en todo el país y sobre todo en Londres donde se ha incrementado en un 75%», declaró Katharine Sacks-Jones, portavoz de la ONG Crisis, que trata de ayudar a las personas que no tienen hogar.

La seguridad es otro de los motivos que alegan los que se muestran a favor de la instalación de los clavos. «Tengo amigas en el edificio que tienen miedo de volver a casa por la noche, ya que han sido intimidadas y amenazadas por los vagabundos en el portal. Ya era hora de que se hiciera algo al respecto», comentó otro de los residentes.

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