El mito de Rommel pierde lustre

El mito de Rommel pierde lustre

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La polémica en torno a los planes para rebautizar el aeropuerto de Stuttgart con el nombre de Manfred Rommel, popular exalcalde de la ciudad (1974-1996) e hijo del legendario 'Zorro del desierto', ha servido también para comprobar el estado de conservación de un mito al que durante mucho tiempo los alemanes podían mirar sin sentir vergüenza por el pasado nazi. Así lo atestiguan las poblaciones de Alemania que tienen una veintena de calles con su nombre y dos cuarteles que lo exhiben como emblema.

Hasta hace poco, Rommel era una figura que trascendía el horror de la Segunda Guerra Mundial y de la barbarie nazi para erigirse en un militar admirable y digno. Sus llamativas proezas militares y los detalles positivos de su biografía, agrandados y abrillantados por el cine de Hollywood, ocultaron o pusieron en un escondido segundo plano un lado oscuro que en los últimos años ha empezado a salir a la luz.

A Rommel siempre le rodeó el aura de gran estratega militar, caballeroso con sus enemigos y casi un mártir por su suicidio forzoso tras la orden de Hitler. Su leyenda arranca con el inicio de la Segunda Guerra Mundial cuando al mando de la Séptima División Panzer, conocida como la División Fantasma, es el primero en alcanzar con sus carros de combate el Canal de la Mancha tras destrozar las defensas francesas de la línea Maginot.

El mito acaba de forjarse como comandante del Africa Korps, donde derrota y humilla a las superiores fuerzas aliadas. Finalmente es derrotado, pero tan solo, según le excusan sus defensores, porque sus blindados se quedaron sin combustible. También se destaca que fue contrario a las ejecuciones sumarias de enemigos y población civil, incluidos los soldados judíos, y favorable a un trato humano de los prisioneros.

Operación Valquiria

Aunque la mayoría de historiadores coinciden en que no llegó a participar en la operación Valquiria destinada a asesinar a Hitler, su nombre habría sido citado en varias confesiones arrancadas a algunos conspiradores bajo tortura. Según estos testimonios, hubo una conversación con Rommel en la que confirmó su apoyo a los rebeldes. Esos indicios hicieron que Hitler le enviara dos generales a su casa con una cápsula de cianuro para que se suicidara. Churchill certificaría el 'martirio' dando por hecho que pagó son su vida el intento de acabar con el Führer. Solo faltaba Hollywood para que Rommel se convirtiera en un icono mundial. Un impecable James Mason personificaría al mariscal en una buena película dirigida con mucho oficio por Henry Hathaway: 'Rommel, el zorro del desierto' (1952).

Otra imagen muy distinta ha ido perfilándose con posterioridad, dando a conocer detalles menos legendarios. Historiadores y documentalistas han sacado a la luz sobre todo su ambivalencia ante el nazismo. La historia de un oficial destacado y condecorado en la guerra del 14, pero con escasas posibilidades para ascender en el escalafón. Todo cambia cuando a los 45 años entra en contacto con el partido nazi y Hitler ve en él el modelo de comandante para sus Ejércitos: discreto y poco vanidoso, pero enérgico y decidido. Rommel pasa de organizar los viajes al Führer a convertirse en el responsable de su seguridad. Como confesará en su correspondencia, llega a gozar de la máxima confianza de Hitler y ello le supone “la mayor de las alegrías, más incluso que mi rango de general”. Poco antes de suicidarse reafirmaría su absoluta lealtad: "Amé y sigo amándole y soy inocente de cualquier intento de asesinato. Serví a mi patria lo mejor que pude y siempre volvería a hacer lo mismo", dijo.

Rommel no mostró especial entusiasmo ideológico con el nazismo ni hay pruebas fehacientes de antisemitismo, aunque lógicamente aprobaba el proyecto estratégico de Hitler. Su hijo Manfred declaró más tarde que su padre sabía que se producían asesinatos en masa de judíos desde 1943, pero que siempre miró hacia otro lado.

La veda sobre la figura de Rommel en Alemania se levantó ya hace tiempo. Películas, como la que emitió en 2012 la televisión pública ARD ('Rommel'), y numerosos documentales no tienen reparo en destacar, junto a su faceta de genio militar y valiente soldado, su trayectoria como leal seguidor de Hitler, entusiasta afiliado al partido nazi e incluso como un arribista que progresó en el escalafón militar gracias al favor del Führer.