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Mohamed Daddach: «Durante 14 años me levanté cada día pensando que sería el último»

Condenado a muerte, el Mandela saharaui pasó 24 años como preso político en las cárceles marroquíes, solo tres menos que Nelson Mandela. A pesar de ello es un desconocido para la prensa occidental

eva pastrana - Actualizado: Guardado en: Internacional

La muerte de Nelson Mandela abrió informativos en la prensa internacional durante tres días, su vida ha inspirado películas de Hollywood y su funeral fue vivido por la comunidad internacional como un acontecimiento histórico, al que asistieron personalidades políticas y artistas de todo el mundo. Es el preso político que ha pasado más años entre rejas, fue presidente de su país, obtuvo un Nóbel de la paz y es un símbolo mundial de la defensa de los derechos humanos.

El activista saharaui Sidi Mohamed Daddach pasó 24 años encarcelado por Marruecos como preso político, solo tres menos que Mandela, 14 como condenado a muerte y en cambio es prácticamente un desconocido para los medios occidentales. Actualmente es difícil que pueda presidir un país que sigue dividido y ocupado y a pesar de que ha ganado importantes premios internacionales vive a día de hoy hostigado por las autoridades marroquíes.

El conocido como «Mandela saharaui» fue liberado en 2001, tras una ardua campaña de organizaciones como ACNUR o la Cruz Roja. Hoy preside el Comité de Defensa del Derecho a la Autodeterminación del Pueblo del Sáhara Occidental (Codapso) y continúa peleando por su pueblo.

Daddach tiene un aire pausado y reflexivo que recuerda a Mandela, pero en su mirada queda rabia y determinación en una lucha que no ha terminado. «En las cárceles marroquíes usaron todo tipo de métodos de tortura contra mí, pero mi voluntad es la misma, defender la libertad del pueblo saharaui», explica Daddach desde el campo de refugiados de Dajla, donde se celebra en estos días el Fisahara (Festival de Cine del Sáhara).

Mantener la fe durante 24 años no fue fácil. Sus carceleros le aseguraban que su causa había muerto. «Me decían que el pueblo saharaui se había extinguido, que no había nada por lo que luchar, pero nunca les creí».

El inicio de su odisea se remonta a 1976, fue detenido cuando intentaba unirse al Frente Polisario y forzado a servir a los enemigos de su causa en el ejército marroquí en Marrakech. En 1979 intentó huir, pero fue capturado de nuevo por Marruecos y condenado a muerte por «alta traición». «Durante 14 años me levantaba todos los días pensando que sería el último», recuerda.

En 1994, gracias a la presión de las organizaciones internacionales se le conmutó la pena de muerte por la cadena perpetua. «Lo más importante que aprendí en prisión fue a tener esperanza y fe», considera.

Error histórico de España

Daddach es crítico con una comunidad internacional en la que «no confía, ni confiará». Habla de las Naciones Unidas, pero sobre todo de Francia por «defender los intereses de Marruecos», y de España por «cometer el error hiostórico de abandonarles en el 75» y por «no plantar cara a Marruecos» en la actualidad. «Cuando los españoles van a los territorios ocupados, la policía marroquí los agrede y los expulsa y el Gobierno no realiza ni una queja ni un llamamiento de repulsa», denuncia.

El Mandela saharaui pasa sus días en el Alaiun ocupado, junto a su mujer y sus hijos, lejos de su madre y sus hermanos, que viven en los campamentos de refugiados. En su vida diaria sufre una vigilancia «constante y progresiva» a pesar de contar con el apoyo y la protección de la comunidad internacional. «Marruecos me teme, pero el asedio permanece». No pierde la esperanza, pero es consciente de que la vía pacífica tiene un límite y de que su pueblo lleva 38 años viviendo en un desierto. «Si no alcanzamos algo tangible, volveremos a las armas», concluye, repitiendo la ya casi eterna amenaza de muchos saharauis que se sienten olvidados y traicionados.

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