La ONU seguirá «de safari» en el Sáhara Occidental

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«La ONU seguirá de safari en nuestro territorio», denuncia un activista saharaui resignado al conocer la decisión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de prorrogar la estancia de la Minurso (Misión Internacional de las Naciones Unidas para celebrar un referéndum en el Sáhara Occidental), pero excluyendo de nuevo la posibilidad de controlar que se respeten los derechos humanos en el territorio ocupado por Marruecos. Eso impide a los cascos azules denunciar de manera oficial abusos de un marroquí hacia un saharahui y viceversa.

El mensaje que recoge la población contrasta con el que transmiten las autoridades, que ven en el informe de las Naciones Unidas «un paso hacia adelante».Sin abandonar su optimismo, Abdelkader Taleb Omar, el primer ministro de la RASD (República Árabe Democrática Saharaui) insiste en que la resolución de las Naciones Unidas es positivo ya que «plantea que la ONU realice visitas mensuales a las partes» y reconoce que la situación «no puede continuar así», fijándose una fecha límite, abril de 2015, para buscar alternativas al status quo actual. La cuestión, siempre latente, es si esas «alternativas» contemplarían un regreso a las armas. El primer ministro no lo aclara, pero admite que «no avanzar en una situación, lleva siempre a la radicalización».

«Nos tumba el aburrimiento»

Los cascos azules llegaron al Sáhara en 1991 tras el alto el fuego entre las partes con una serie de cometidos. Mantener y verificar ese alto al fuego entre el Polisario y Marruecos, disolver a las tropas marroquíes y del Frente Polisario en determinados puntos, liberar a los presos políticos, repatriar a los refugiados y la más importante, censar a la población y celebrar un referéndum de independencia para el Sáhara Occidental. Solo la mitad de ellos se han cumplido, y de forma parcial.

El conflicto, cada día más enquistado, deja la sensación en el pueblo saharaui de que los cascos azules no trabajan para velar por sus intereses sino que están pasando el rato. «Nosotros, los saharauis somos 260.000 personas y le costamos a la comunidad internacional 20 millones de dólares, los miembros de la Minurso son 250 personas en las que ya se han invertido más de 60 millones», denunucia a gritos uno de los activistas contra el muro.

La opinión pública percibe la presencia de los cascos azules como un símbolo de la complacencia de la comunidad internacional. En un puedo pero no quiero... o no me dejan. «Nos tumba el aburrimiento», reconocía uno los miembros de la misión a la periodista Yolanda Sobero hace unos años.

«La amante con la que hay que dormir»

La Minurso es una rareza, es una de las pocas misiones de la ONU que no incluye la vigilancia de los derechos humanos. El escollo a esta reclamación en principio legítima para cualquiera es la oposición de Francia, antigua metrópolis de Marruecos junto a España, con importantes vínculos económicos con la monarquía de Mohamed VI.«Que no se haya incluido este mandato debe al papel de Francia y eso no es secreto para nadie», considera el primer ministro saharaui.

El argumento «oficial» que se transmite desde el Elíseo es que incluir la vigilancia pondría en riesgo las negociaciones de Naciones Unidas, el «oficioso» puede resumirse en la frase que un diplomático francés le dijo al actor español Javier Bardem durante la elaboración de una premiada película y que por poco provoca una crisis diplomática entre los dos países: «Marruecos es una amante con la que dormimos cada noche y a la que debemos defender aunque no estemos realmente enamorados».

Impone pero no impide

En la línea de ese «impone pero no impide», de ese «alentar» del que habla la resolución del Consejo de Seguridad, se creó el pasado 25 de abril el Consejo Saharaui de derechos humanos, un órgano colegiado formado por 33 saharauis. Como el primer ministro, su presidente, Said el Filali, se agarra a las palabras de Ban Ki Moon como última esperanza. «El secretario general de las Naciones Unidas está con nosotros y no es cualquiera», expresa. El pueblo saharaui se debate entre el hartazgo, el olvido y la esperanza de ser escuchados.