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China aumentará este año un 12,2 por ciento sus gastos militares

Anunciado durante la apertura de la Asamblea Nacional, el presupuesto de defensa asciende a 95.823 millones de euros, el segundo del mundo tras el de EE.UU.

pablo m. díez - Actualizado: Guardado en: Internacional

China aumentará ese año su presupuesto militar un 12,2 por ciento hasta ascender a 808.230 millones de yuanes (95.823 millones de euros). Así consta en un informe sobre la ejecución de las cuentas del país difundido este miércoles durante la apertura de la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del régimen chino donde sus casi 3.000 diputados pertenecen al Partido Comunista.

Al amparo de su extraordinario crecimiento económico, y haciendo gala de su nueva condición como superpotencia, Pekín ha modernizado sus fuerzas armadas con aumentos de dos dígitos del presupuesto militar durante las dos últimas décadas. El año pasado, alcanzó los 720.000 millones de yuanes (85.353 millones de euros), lo que supuso un incremento de 10 por ciento. Al menos oficialmente, porque numerosos expertos consideran que la cifra real podría ser mayor y llegar a los 200.000 millones de dólares (145.000 millones de euros).

Cierta o no, China es ya el segundo país que más dinero gasta en su Ejército, pero aún se encuentra por debajo de los 526.800 millones de dólares (383.000 millones de euros) que el Departamento de Defensa de Estados Unidos destinará al Pentágono este año.

«Mejoraremos de forma eficiente la naturaleza de las Fuerzas Armadas chinas, ahondado en su modernización y perfeccionando su capacidad disuasoria y de combate en la era de la información», aseguró el primer ministro, Li Keqiang, en el informe sobre la labor del Gobierno leído en la apertura de la Asamblea. Para ello, abogó por «fortalecer la defensa nacional y el desarrollo de nuevas armas y equipamiento de alta tecnología».

Preocupación

Aunque Pekín insiste en su ascenso pacífico, su creciente militarismo es contemplado con preocupación por sus vecinos, con los que mantiene serias disputas territoriales. La más grave de ellas le enfrenta a Japón a cuenta de las deshabitadas islas Senkaku (o Diaoyu en mandarín), cuya soberanía le reclama a Tokio, que las viene controlando desde finales del siglo XIX y en 2012 se las compró a sus dueños particulares. En noviembre del año pasado, China redobló su pulso por estos islotes, al parecer ricos en yacimientos naturales submarinos y bancos de pesca, estableciendo una zona defensiva de identificación aérea.

En un claro aviso a Japón, que también ha aumentado sus gastos militares tras una década de recortes, Li Keqiang prometió que «salvaguardaremos la victoria de la Segunda Guerra Mundial y el orden internacional establecido tras ella, y no permitiremos que nadie altere el curso de la historia». Sin embargo, los gastos militares de Japón, que destinará a su defensa 24,7 billones de yenes (174.000 millones de euros) entre 2009 y 2014, están muy por debajo de los de China.

También por sus reservas de petróleo y gas, el régimen de Pekín reivindica el 90 por ciento de 3,5 millones de kilómetros cuadrados en el Mar Oriental de China, una zona por la que suspiran Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán.

Con 2,3 millones de soldados y dotado con armas nucleares, el Ejército Popular de Liberación ha incorporado recientes avances tecnológicos como el caza J-20 invisible al radar, sus submarinos atómicos y su primer portaaviones, un antiguo buque de 300 metros de eslora que estaba siendo construido en la extinta Unión Soviética y adquirió para rehabilitarlo.

Además de la temida destreza de sus «hackers» (piratas informáticos) en la «guerra cibernética», China ha potenciado su carrera espacial no sólo lanzando varios astronautas al cosmos, sino también probando en 2007 su capacidad para destruir satélites en órbita.

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