¿Debe prohibirse el dinero saudí en la construcción de mezquitas en Europa?

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Los últimos actos de intolerancia hacia las minorías cristianas en países de mayoría musulmana -que en el caso de Arabia Saudí suponen más de un millón de inmigrantes asiáticos- han puesto el dedo en una de las llagas del diálogo entre Occidente y Oriente: ¿Por qué permitir, e incluso facilitar, la construcción de mezquitas en “territorio infiel” si algunos gobiernos islámicos prohíben las iglesias en su tierra?

El caso del régimen saudí, quizá el más intolerante del planeta en materia de libertad religiosa, es especialmente llamativo. La monarquía de los Saud mantiene excelentes relaciones comerciales con Occidente en su calidad de primera potencia petrolera, al tiempo que prohíbe la construcción de iglesias en la península arábiga. El hecho de que las autoridades saudíes castiguen incluso la posesión de una Biblia no impide que sean las mayores donantes de fondos para la construcción de mezquitas en Europa y en Estados Unidos.

Según los datos oficiales publicados por la prensa saudí, el régimen de Riad ha financiado más de 1.500 mezquitas en el extranjero -de las que más de 1.300 solo en territorio europeo y norteamericano-, así como unos 2.000 centros islámicos. Un ejemplo de su magnanimidad es la mezquita de la M-30 madrileña. El impulso financiero se ha relajado en Estados Unidos desde los atentados del 11-S (15 de los 19 terroristas eran saudíes), pero aún así la presencia de capital saudí es masiva en las mezquitas de Norteamérica.

¿Es posible invocar el principio de reciprocidad y prohibir la financiación saudí de mezquitas en Occidente? El marco de libertades impide, sobre el papel, esa posibilidad en Europa y en Estados Unidos. Pero en 2010 el gobierno noruego se opuso a permitir la construcción de una mezquita en el norte del país dado que el dinero -muchos millones de dólares- procedía de Arabia Saudí. Cuando las asociaciones musulmanas pidieron argumentos, el gobierno noruego explicó que su negativa a aceptar el dinero de Riad se mantendría “mientras siga siendo un crimen en Arabia Saudí establecer una comunidad cristiana”.

La figura del «dinero negro»

“No me parece acertado hacer en estos casos un planteamiento de reciprocidad, pues supondría vulnerar nuestra Constitución y dar un paso atrás en el reconocimiento de la libertad religiosa”, señala a ABC el catedrático de la Universidad de Alcalá y régimen jurídico islámico Miguel Rodríguez Blanco. “Lo que habría que hacer -añade- es presionar a través de cauces diplomáticos propios y a través de los organismos internacionales para que esas situaciones de atropello y persecución que sufren los cristianos en algunos países de Oriente Próximo sean condenadas y erradicadas. Para el experto español, “estrategias como la de restringir la libertad religiosa de los musulmanes en Europa conducirían a recrudecer la situación y a darles argumentos para continuar con sus vulneraciones de derechos humanos”.

Sin embargo, para el experto egipcio Samir Khalil Shamir aunque el principio de reciprocidad no debe se aplicado al resto de los fondos que financian mezquitas en Europa, sí hay cosas concretas que los gobiernos occidentales pueden hacer para “estimular” al régimen saudí. “En mi opinión -afirma el experto egipcio en su libro “Cien preguntas sobre el islam”- se podría considerar estos capitales como dinero negro, y dictar medidas para bloquearlo e impedir su uso en Europa, o vincularlo al menos a una mayor libertad religiosa en los países de origen”. El caso noruego ha marcado un claro precedente.