de piratas a pescadores

Una burbuja inmobiliaria generada por los suculentos rescates de la piratería

Actualizado:

Tres euros por un simple mapa desteñido. En el desierto calizo de Garowe, capital de la región somalí semiautónoma de Puntland, en pleno Cuerno de África, el desembolso parece estar justificado.

A principios de 2012, un estudio publicado por el «think-tank» británico Chatham House mostraba, mediante el uso de fotografías por satélite, el «desarrollo» económico provocado por la piratería en esta región, sede habitual de los bucaneros somalíes. En él, gracias a la comparación de diferentes planisferios, se percibía un evidente aumento de las emisiones de luz en la última década, sugiriendo un mayor consumo eléctrico debido al desarrollo económico. Una burbuja inmobiliaria que había sido propiciada, presuntamente, por la piratería y la excelencia de los rescates entregados.

El estudio provocó una airada respuesta del Ministerio de pesca de Puntland, quien denunció las «absurdas afirmaciones auto-explicativas que alaban a los piratas». Aunque, con perspectiva histórica, ¿ha sido beneficiosa la piratería para la población local?

La cuestión divide a los expertos. Como asegura a ABC Anja Shortland, de la universidad británica Brunel y autora del polémico informe, su impresión de la sociedad somalí es que «hay una gran cantidad de intercambio de recursos dentro de la comunidad local [...]. Así que cualquier cosa que traiga el dinero tiene un efecto positivo en el desarrollo». Sin embargo, la experta asegura tener «dudas» sobre si este desarrollo es sostenible -la mayor parte del dinero se habría gastado en consumo (y vivienda)-.

De igual manera se posiciona a este diario el politólogo noruego Stig Jarle Hansen: «No estoy seguro de que se trate de inversiones durables (por lo menos el sector de importación-exportación)». Para el analista, los piratas suelen invertir en sus familias. Y a pesar de que esto provoca demanda y, por lo tanto, crea cierto crecimiento, el consumo y la inflación se están comiendo gran parte de ello.

Claves numéricas

En este sentido, hay que tener claras tres premisas:

Tiempo. En 2005, la negociación media de un secuestro se dilataba en cerca de 46 días. En 2010, era ya de 188 jornadas, registrándose la cifra récord para el buque FV NN Irán, cuya tripulación permaneció privada de libertad durante 1.178 días.

Dinero. Desde el inicio de la piratería moderna el pago medio de un rescate asciende a los 3,06 millones de dólares (en 2011, sin embargo, fue de 5,04 millones) con un total acumulado de entre 315 y 385 millones de dólares.

Y riesgo. El éxito medio de una operación pirata actual es de apenas el 22% (dos ataques exitosos en 2013 de nueve intentos).

Los resultados para los implicados no son nada espectaculares. Cada pirata (de los en torno a 15 que participan) suele recibir por secuestro entre 10.000 y 15.000 dólares como premio a su labor, mientras que los guardianes de las tripulaciones apenas 430 dólares. Todo ello, a la espera de un dinero que se puede dilatar en varios meses y con grandes posibilidades de ser capturado (cerca de 1.200 bucaneros se encuentran detenidos en cárceles de medio mundo).

Si tenemos en cuenta una base operativa cercana a los 1.500-2.000 miembros, parece claro que las ganancias son recibidas por los grandes inversores, no por la tropa de asalto.

Como recuerda Christian Bueger, de la Universidad de Cardiff, para obtener una imagen completa sobre el impacto positivo o negativo de la piratería es necesario considerar, primero, la inflación de los bienes de consumo básico, dado que los miembros de estas operaciones delictivas están dispuestos a pagar precios más altos. Segundo, la inseguridad que ha provocado en la región y que tiene un impacto negativo en las actividades regulares de trabajo. Y tercero, su coste de oportunidad, ya que esta asedios a embarcaciones occidentales, por ejemplo, tuvieron una influencia desfavorable sobre la industria pesquera y las exportaciones somalíes generales.

Los datos son evidentes: Según un reciente informe del Banco Mundial, las capturas de atún han caído hasta un 26,8% anual en las regiones afectadas y las exportaciones pesqueras, hasta un 23,8%.

«Mito legitimador»

Curiosamente, los piratas siempre han justificado sus actos como una contraposición a la pesca ilegal que desde Occidente subyugaba su economía. Todo ello, pese a pertenecer a clanes originarios del interior y que apenas consumían pescado.

Quy-Toan Do, responsable del estudio del Banco Mundial, confirma esta paradoja. «La pesca como industria nunca fue muy significativa en Somalia». Sin embargo, para el economista, no se debe subestimar el poder de este «mito legitimador» (el utilizar la pesca ilegal como excusa por parte de los bucaneros) dentro y fuera de Somalia.

«Creo que ahora debemos mirar hacia adelante -destaca Do-. Si la pesca era una excusa legítima, el camino a seguir es la aplicación del Estado de derecho (en tierra y mar), y la promoción de las industrias que pondrán a Somalia en una senda de el crecimiento y la prosperidad».

Tres euros por un simple mapa desteñido. Tras escuchar estos argumentos, el desembolso comienza a pesar en el bolsillo. En el desierto calizo de Garowe, capital de la región somalí semiautónoma de Puntland, no hay mapas que lleven a tesoros ocultos ni equis que marquen el lugar a escavar. La fortuna es siempre efímera.

* Reportaje financiado gracias al European Journalism Centre and the Innovation in Development Reporting Grant Programme.