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Los conservadores, favoritos para ganar las elecciones de Japón

Día 16/12/2012 - 04.11h
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Aunque el Gobierno socialdemócrata se ha desgastado por el desastre de Fukushima y la mala situación económica, hay un 40 por ciento de indecisos

reuters

Con un ojo puesto en la crisis nuclear de Fukushima y otro en la mala situación económica, Japón elige primer ministro este domingo. A tenor de todas las encuestas, el favorito es Shinzo Abe, quien ya dirigió el Gobierno nipón entre 2006 y 2007 y es el candidato del conservador Partido Liberal Democrático (PLD).

Uno de los últimos sondeos, a cargo del periódico «Nikkei», le daba a la coalición de dicha formación con el grupo budista Nuevo Komeito más de 300 de los 480 escaños de la Cámara Baja de la Dieta (Parlamento), donde ahora tiene 119. Por su parte, el todavía primer ministro y aspirante del Partido Demócrata de Japón (PDJ), Yoshihiko Noda, apenas llegaría a los 70 diputados, su marca más baja desde su fundación en 1998 y un auténtico descalabro porque tenía 308 hasta que se escindió en julio. A pesar de esta considerable ventaja, los conservadores no quieren bajar la guardia porque el 40 por ciento del electorado acude a estos comicios sin saber aún por quién depositará su papeleta en las urnas.

Tras relevar en septiembre del año pasado a Naoto Kan, quien dimitió como jefe de Gobierno por el desastre de Fukushima, Noda se presenta a estos comicios desgastado no sólo por las fugas radiactivas en la siniestrada central, sino también por el fuerte rechazo ciudadano a su decisión de doblar el impuesto del 5 por ciento que grava las ventas.

En poco más de tres años, el PDJ ha dilapidado la victoria histórica que cosechó en agosto de 2009, cuando acabó con más de medio siglo de hegemonía conservadora en Japón gracias al espíritu de cambio que encarnaba su candidato, el socialdemócrata Yukio Hatoyama. Sin embargo, no duró ni un año como primer ministro y se vió obligado a dimitir al no poder cumplir sus intenciones de cerrar la base americana de Okinawa. En junio de 2010, a Hatoyama le sustituyó Naoto Kan, quien tuvo que enfrentarse a la crisis más grave que ha sufrido Japón desde el final de la Segunda Guerra Mundial con el devastador tsunami de marzo de 2011, que se cobró casi 19.000 vidas, obligó a la evacuación de 160.000 personas y dañó tres de los seis reactores de la central nuclear de Fukushima 1, cuyos núcleos se fundieron total o parcialmente y aún no han sido retirados del terreno. Desde entonces, cerca de 80.000 vecinos, que vivían en un perímetro de 20 kilómetros alrededor de la planta, han tenido que abandonar sus casas por la alta radiación y no saben cuándo regresarán a sus hogares, si es que algún día pueden hacerlo.

Aunque el PLD, de ideología conservadora, fue el partido que propició la expansión de la energía atómica en Japón durante más de medio siglo de gobierno (1955-2009), lidera todos los sondeos de opinión por la mala gestión económica y las promesas incumplidas del actual Ejecutivo.

Mientras los socialdemócratas proponen prescindir de la energía atómica en 2030, cerrando los 54 reactores nucleares existentes en Japón y no construyendo ninguno nuevo, sus rivales del PLD abogan por volver a conectar los que ya han sido declarados seguros, que fueron apagados tras el accidente de Fukushima. Si ganan, en los próximos diez años decidirán qué mezcla de energías, sin renunciar a la nuclear, es la más apropiada para el imperio del Sol Naciente.

Con el fin de animar la alicaída economía nipona, que se enfrenta a su cuarta recesión desde el año 2000, Abe apuesta por relajar la política monetaria y aumentar el gasto público. Una medida que los socialdemócratas consideran suicida porque la deuda pública ya asciende al doble del Producto Interior Bruto (PIB) de Japón, el tercero del mundo tras EE.UU. y China.

Para hacer frente a la emergencia de Pekín, con quien Japón mantiene disputas territoriales sobre islotes deshabitados pero ricos en recursos naturales, los liberales también prometen aumentar los gastos militares y rebajar el pacifismo de la Constitución. Como dicha Carta Magna fue impuesta por Estados Unidos al término de la Segunda Guerra Mundial, cada vez más voces en el archipiélago nipón se muestran a favor de reformarla gracias a un creciente militarismo propiciado por el ascenso chino y las amenazas de Corea del Norte. «¿No hemos apartado los problemas sin clarificar la voluntad de Japón de proteger las vidas y las propiedades de su pueblo y su territorio con nuestras propias manos, simplemente aceptando los beneficios de la prosperidad económica?», se plantea Abe, quien quiere «escapar del régimen de posguerra» que sufre el imperio del Sol Naciente.

Con siete primeros ministros desde 2006, la convulsa escena política nipona se ha atomizado con la irrupción de nuevos partidos en estas elecciones. Entre ellos destaca el nacionalista Partido de la Restauración de Japón, formado por dos «halcones» populistas de extrema derecha como el alcalde de Osaka, Toru Hashimoto, y el exgobernador de Tokio, el veterano Shintaro Ishihara, muy combativos con China y a favor de la energía atómica.

Días antes de que empezara la campaña electoral, el gobernador de la prefectura de Shiga, Yukiko Kada, fundó el Partido del Mañana de Japón, de corte antinuclear. A él se ha unido Ichiro Ozawa, un influyente político del PDJ que provocó una escisión entre los socialdemócratas al desertar en julio con 48 diputados por su oposición al aumento de impuestos.

«En el aspecto energético, las elecciones parecen ser una contienda entre, por una parte, el poder centralizado en manos de Tepco y otros gigantes nucleares y, por la otra, la posibilidad de distribuir la producción eléctrica, pero probablemente traerán más confusión política y estancamiento», explica en una de sus tribunas de «The Asia-Pacific Journal» Andrew DeWit, profesor de Estudios Políticos en la Universidad tokiota de Rikkyo.

Tras la devastación causada por el tsunami y las fugas radiactivas de Fukushima, estas elecciones suponen una segunda oportunidad no sólo para Abe, sino para todo Japón.

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