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Gaza, un feudo del islamismo en armas sostenido por Irán

Día 27/11/2012 - 21.41h
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Hamás y Yihad Islámica monopolizan la campaña militar en la Franja frente al resto de facciones no religiosas

«Es mejor estar en su lista negra porque sabes que te puede tocar en cualquier momento y hay que estar preparado para ser un mártir». Abu Naser, nombre ficticio, es uno de los líderes de las Brigadas Al Quds, brazo armado de Yihad Islámica. Tiene 26 años, lleva once en la lucha armada y en marzo recibió un serio aviso. Un F16 bombardeó la casa de su familia y se salvaron de milagro. Abu Naser acude a la cita acompañado de Mohamed, también nombre ficticio, miliciano de las Brigadas Azedín Al Kassem, grupo militar de Hamás, desde 2004.

A cara descubierta y con ordenadores portátiles en sus maletines, los dos veteranos de la guerra de la operación Plomo Fundido de 2008 muestran los últimos avances en tecnología militar: «Es lo que nos ha permitido ganar la guerra. Hemos sorprendido al enemigo con nuevos misiles, cuando nadie lo esperaba alcanzamos Tel Aviv y Jerusalén, y si hubieran entrado por tierra teníamos más sorpresas preparadas. El factor sorpresa es nuestra mejor arma frente a su superioridad. Desde 2008 hemos apostado por la calidad en lugar de la cantidad de arsenal y se ha visto que hemos acertado», detalla Mohamed.

Los brazos armados de Hamás y Yihad Islámica son las facciones más fuertes que operan en la Franja, pero tratan de no monopolizar el protagonismo: «Ha sido un triunfo de la causa palestina», comenta Abu Naser sin mucha convicción. Esta es la directriz política lanzada por los responsables de los partidos islamistas inmersos en una especie de campaña a favor de la unidad nacional, aunque los combatientes tienen claro que «somos nosotros los que llevamos el peso de la respuesta a Israel. El resto de grupos habla mucho, pero no son operativos», según Abu Naser.

Pese a las diferencias en el pasado, Hamás y Yihad han unido sus milicias hasta tal punto que «por primera vez hemos tenido un centro de mando conjunto», confiesan ambos milicianos.

Mohamed repasa algunos vídeos de los últimos días en su ordenador. Pese al distanciamiento entre Hamás e Irán por el conflicto sirio, «su apoyo es firme en Gaza». Las dos milicias islamistas han disparado misiles Fajr3 y 5 que «Irán ha diseñado especialmente para nosotros. Los fabrican por piezas y nosotros los ensamblamos, son unos Fajr hechos a la medida de nuestras necesidades y posibilidades», explica Abu Naser, que admite haber viajado fuera de la Franja para recibir entrenamiento específico en «países extranjeros» sobre el uso de este nuevo tipo de armamento.

Bajas

Además del tipo de misil, la forma de lanzamiento también ha evolucionado, porque «ya no tenemos que estar físicamente en la lanzadera y contamos con sistemas de disparo a distancia», destaca este dirigente de las Brigadas Al Quds, que reconoce la pérdida de diez milicianos en los ocho días de ofensiva.

Las Brigadas Azedín Al Kassem, por su parte, han perdido a nueve hombres, incluido Ahmed Al Jabari, su líder indiscutible. Unas cifras muy inferiores a las de la operación Plomo Fundido de 2008, cuando la ofensiva israelí fue mucho más potente.

Aunque los milicianos tienen su propia explicación. El nuevo sistema de lanzamiento de cohetes por control remoto, la puesta en marcha de un sistema de comunicación interna similar al empleado por el grupo libanés proiraní Hizbolá en la guerra de 2006, basado en el alejamiento de las líneas de telefonía regulares, y la mejora en el servicio de inteligencia son las tres claves que dan estos milicianos para explicar las pocas bajas sufridas.

«La amenaza de una invasión terrestre nunca fue seria. Movilizaron a los reservistas para meternos presión, pero era solo un gesto, nada más. Nos ha sorprendido la poca información que tenía Israel de nuestros avances militares. En cuanto vieron los Fajr se dieron cuenta de que disponíamos también de nuevas sorpresas para ellos en caso de que entraran por tierra», presume Mohamed mientras muestra un vídeo de un disparo con un misil guiado antitanque Kornet, otra de las nuevas adquisiciones en la Franja. En otro archivo del ordenador muestra un documento con 5.000 números de teléfono de militares israelíes a los que durante la operación Pilar Defensivo les enviaron un mensaje de texto que decía: «Os estamos esperando, lo pagaréis caro», una muestra de que «nuestros servicios de inteligencia también funcionan, estas cosas les ponen muy nerviosos», concluye Mohamed antes de definir internet como un «arma muy importante para la difusión de nuestra causa».

Durante los ocho días de guerra, las milicias palestinas aseguran que lanzaron 1.800 proyectiles a Israel y «su cúpula de hierro ha resultado ser de cartón», bromean los dos milicianos en referencia al sistema anti misiles desplegado por Israel. Aunque, en realidad, la inmensa mayoría de los cohetes lanzados desde Gaza cayeron al mar o en tierra de nadie, muy lejos de su objetivo.

Entre el arsenal empleado el proyectil más usado ha sido el que Hamás llama «M75» (bautizado así en recuerdo de un líder militar de las brigadas Azedín Al Kassem), al que Yihad llama «Quds 8 pulgadas». En cuanto a la precisión aseguran que «vamos mejorando, pero nos queda un largo camino para poder dar a blancos concretos».

Estos jóvenes eligieron la lucha armada «porque es el único camino» y para ellos la decisión más complicada fue elegir entre el verde de Hamás y el negro de Yihad Islámica. «Vienen del mismo vientre, la ideología es similar, pero al final hay que decidir», confiesa Abu Naser. En su caso se dedica de forma profesional a la lucha armada, algo que solo ocurre con un grupo selecto de combatientes. El resto tiene una vida absolutamente civil hasta que llega el momento de movilizarse.

Facciones no islamistas

En los últimos años se ha acentuado la diferencia entre los grupos islamistas y el resto. «Ellos reciben mucha ayuda del exterior y esto les convierte en esclavos de las agendas de países como Irán o Qatar, nosotros somos los únicos que realmente nos interesamos por la defensa de nuestro pueblo», reivindica Abu Yamal, nombre ficticio de este miliciano de 34 años y miembro desde hace 15 de las brigadas Abu Ali Mustafa, brazo armado del Frente Popular, grupo de orientación izquierdista.

Comparte habitación con Abu Askar, que se presenta como miembro de las brigadas de los Mártires de Al Aqsa, grupo armado de Fatah, partido en el poder en Cisjordania. Aparecen con las caras cubiertas y en lugar de ordenadores portátiles llevan el AK47 al hombro.

Lamentan «el monopolio de la lucha por parte de los partidos religiosos, debemos apostar por una bandera única para todos, la de Palestina», opina Abu Askar, de 26 años y con diez años de experiencia en la lucha armada. Pese a no compartir los objetivos de Yihad y Hamás «respetaremos el alto el fuego porque lo contrario podría ser letal para nuestra gente», comenta Abu Yamal antes de precisar que su grupo lanzó 245 cohetes durante la última guerra.

El alto el fuego se abre camino con dificultad en una Franja donde la mayoría de jóvenes sueña con convertirse en miliciano y morir luchando contra Israel. Tras ocho días bajo tierra, los miembros de la resistencia vuelven a la luz y mientras se negocian los puntos del acuerdo de la última tregua, siguen preparándose para la próxima guerra.

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