Argentina sufre la primera huelga general desde el año 2003. La rama rebelde de la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT) que encabeza Hugo Moyano, sindicalista ex aliado del Gobierno, ha logrado, con la CTA (Central Obrera de Trabajadores), prácticamente, paralizar el país. Los sindicatos reclaman aumentos del salario mínimo, reformas impositivas, mejoras en las pensiones y unos veinte mil millones de pesos (cerca de 4.200 millones de dólares) que el Gobierno retiene a los trabajadores y ellos demandan para administrar sus propias obras sociales.
Desde temprano los accesos a la capital están cortados, la mayoría de los comercios , bares y restaurantes permanecen cerrados. Los autobuses, el metro y buena parte de los taxis no circulan. Los bancos no abrieron sus puertas y los hospitales funcionan con servicios mínimos. Anoche no se realizó la recogida de basura. La jornada transcurre con normalidad pese a algunos incidentes aislados con piquetes.
Desde temprano los accesos a la capital están cortados
Moyano, secretario general de la CGT disidente, que el Gobierno no reconoce, arremetió hoy contra Fernández a la que reprochó, «hacer anuncios en televisión que no tienen sentido», «ningunear» y «amenazar» a los sindicalistas. «Con Néstor (Kirchner) –declaró- había respuestas. Ahora no solamente no hay respuestas del Gobierno, hay ninguneo y amenazas».
El paro general se produce en un creciente clima de malestar social. El último cacerolazo, el pasado día 8, convocó en las calles de Argentina en torno al millón de personas.













