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Como trascendental se plantea San Isidro. Prueba de fuego. De cómo salga dependerá la posible renovación de la actual empresa, si es que no se ha decidido ya en la Comunidad de Madrid. El invierno transcurrió candente como un hierro al rojo vivo. Cinco asociaciones, cinco, de abonados presentaron 107 incumplimientos, en una sola temporada, de la sociedad Martínez-Uranga y San Román, o San Román y Martínez-Uranga, y Ramón Calderón, ahora también aspirante a la presidencia del Real Madrid (¡Dios nos coja confesados a los socios!). En este año y pico de dislates, empresarios y Comunidad han caminado juntos de la mano, juntos como hermanos, miembros de una misma iglesia. A cada crítica que se vertía sobre la empresa, salía al paso el Consejo de Asuntos Taurinos comunitario. O viceversa. Por igual se han dolido ante los argumentados puyazo s de la afición. Como un solo ente, y resulta que son dos: los vigilados y los vigilantes.
Pero los vigilantes no han vigilado. Ni se han molestado en disimular. Todo ha salpicado a Esperanza Aguirre, quien confiaba ciegamente en su vicepresidente Ignacio González y Pedro Antonio Martín como garantes de la higiene taurina y el cumplimiento de un pliego asfixiante. Porque el pliego es malo. A las dificultades para cumplirlo se sumó la dejadez de funciones de las dos partes contractuales. La dejación consistía en un «no a todo». «Tú di que no has sido y yo digo que no lo he visto». Y en ese plan.
Pasada la tempestad del ardiente frío, reconocidas las cuentas negativas, algo había que hacer. Nada más propicio que la coincidencia con el 75 aniversario de la plaza para inventarse una semana más de toros en un abono especial fuera de abono. La semana de San Isidro que recortaba la Comunidad del pliego y que ahora patrocina la Comunidad. Tanto lío para que siga todo igual. Lampedusa y eso. Bueno, no tan igual, que el Consejo financia los extras: la comparecencia extra de Ponce, la de Morante, la de El Juli, Perera, como siempre la Beneficencia, la de Rincón, El Cid y Castella. y Victorino, que lidia dos corridas seguidas en menos de siete días, la habitual isidril y la que venía en el abono de otoño que ya no vendrá. Aquella, que la pagaba la empresa, la sufraga ahora la Comunidad. Campaña ahorro para unos a costa de la generosidad de otros.
En fin, que la Feria de San Isidro se prorroga este año con la feria del 75 aniversario de Las Ventas, y de la prórroga igual sale la otra prórroga, la de la renovación. Lo importante para la Fiesta, de veras, es que los toreros que han plasmado sus firmas en las primeras ferias, o sea, Perera, Jiménez, Tejela, Cortés, se ratifiquen. La apuesta de El Juli, que su importancia tiene, debería abrirle el corazón de Madrid, tan reacio. Matar los de Fuente Ymbro, Alcurrucén y Victorino en menos de un mes se llama jugar en serio. Quizá para aclarar el planteamiento incoherente de la pasada edición. A Rincón y a El Cid les ha envidado fuerte. Y les va a envidar Castella. Claro que ellos, los vencedores de 2005, cuentan con las armas para vencerlos, si hallan su plenitud, hasta ahora tibia. Y Ponce, rebelado en Sevilla contra planteamientos absurdos como el de Valencia. Y Morante, si no se nos viste de negro y azabache.
La cuestión final es que si todos ellos se hubieran concentrado en el abono de San Isidro, como el espíritu del nuevo pliego quería al recortarlo, habría sobrado con una sola feria. Una más redonda e importante. Luego vendrá el verano...
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