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Madrid. Capital del toreo. Su plaza representa lo más grande de la Fiesta. A mí me lo ha
dado todo. Soy francés de nacimiento y sevillano de adopción, pero confieso que mi máximo sueño es ser torero de Madrid. Pero muy pocos son los elegidos. Yo creo que para ganárselo hay que jugarse la vida sin trampa ni cartón. La afición de Madrid es la más dura, pero también la más justa; estoy convencido de ello. Cuando un torero está de verdad, sabe valorarlo. A Las Ventas es necesario presentarse con un objetivo claro: el de dado todo. El escalafón entero va con la mente puesta en la Puerta Grande. El año pasado la rocé y éste voy a por ella, porque quiero ser figura del toreo. Salir a hombros tiene que ser precioso y tremendamente especial.
Todo es distinto en la Monumental.
Ya en el patio de cuadrillas, los momentos previos al paseíllo, se siente diferente, se piensa diferente, se respira diferente... Uno sabe que los tendidos estarán llenos hasta la bandera y la presión es enorme. Son momentos duros, pero a la par hermosos. No se cambian por nada. Además, en esta feria tengo el privilegio de anunciarme en tres carteles magníficos y, entre ellos, en el estrella, el de Beneficencia, con César Rincón y El Cid. Me siento orgulloso de poder medirme con dos maestros en la corrida más importante de la temporada.
Es innegable que se pasa mucho miedo. Cuando uno se arrima de forma consciente, porque así lo espera el público, el miedo es inmenso. Uno sabe que se juega la vida, pero también sabe que se tiene que poner ahí, en el sitio justo, y arriesgar. Allí, en el centro del ruedo, toro y torero a solas, hablándose de tú a tú, con la meta de hacer el toreo de toda la vida, el de verdad, y creando arte. De cualquier forma, mi temor no es la cornada, eso ni me preocupa, lo que me aterra es no estar a la altura. Mi miedo es el escénico, el del fracaso.
Por todo ello, para torear en Madrid es necesario estar muy preparado, física y psicológicamente. Ambos requisitos se antojan imprescindibles para conquistar la anhelada Puerta Grande, ese viaje a hombros de Madrid al cielo.
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