Carlos de Inglaterra
«Cuando
la Reina muera, la Corona pasará al
Príncipe de Gales». Punto. Así de lacónico
se pronuncia el Palacio de Buckingham ante la pregunta de
si, dado el tiempo que aún puede reinar Isabel II,
el próximo rey no sería Carlos de Inglaterra
sino su hijo Guillermo. Quienes en el Reino Unido apuestan
por un salto en la sucesión aducen, además del
argumento de la edad –Isabel II tiene sólo 77
años y el Príncipe de Gales cuenta ya con 55–,
el de la conveniencia, ya que la complicada personalidad del
heredero y la vulnerabilidad que ha venido ofreciendo su vida
privada quedarían superadas con la modernidad y el
atractivo del Príncipe Guillermo.
Asimismo, con la entronización del hijo mayor de Carlos
y Diana de Inglaterra concluiría el desgarro social
que provocaron las desaveniencias entre la pareja y el pueblo
podría expresar la fascinación que aún
siente por Lady Spencer sin tener que verse enfrentado a la
Familia Real.
Felipe de Bélgica
El Príncipe Felipe, heredero del trono de Bélgica,
está casado con Matilde d’Udekem d’Acoz
desde noviembre de 1999 y tienen tres hijos. La mayor, Elisabeth,
nació en octubre de 2001 y está llamada a ser
un día Reina de los belgas, porque este país
abolió la ley sálica en 1991.
El esperado vástago llegó dos años después
de un enlace que suscitó un gran entusiasmo de los
belgas, en parte gracias a la simpatía de la princesa
Matilde, joven aristócrata de finos rasgos y sonrisa
permanente.
Guillermo Alejandro de Holanda
El
Príncipe Guillermo Alejandro de Orange, heredero del
Trono de los Países Bajos, de 36 años, se casó con
la argentina Máxima Zorreguieta y son padres de dos
niñas y un tercer hijo en camino.
La boda del Príncipe
con la hija de un antiguo ministro de la dictadura militar
en Argentina, Jorge Zorreguieta, provocó un
enorme escándalo que la Reina Beatriz pero sobre todo
la voluntariosa e inteligente Máxima no sólo
consiguieron contener sino que invirtieron esos sentimientos.
La Princesa Máxima es hoy un personaje querido de los
holandeses, que aprecian su simpatía, su don de gentes
y el impresionante esfuerzo realizado para hablar con fluidez
en apenas un año el neerlandés.
Federico de Dinamarca
Detrás
de la pulida fachada de Federico de Dinamarca, un dandy bien
vestido con sonrientes ojos azules, tan popular como su augusta
madre, se esconde un alma rebelde y un arriesgado aventurero.
Hasta hace muy poco era uno de los solteros de oro del mundo.
Conocido como el «Turboprinsen» por su afición
a los coches y barcos veloces, es también un conquistador
nato. Según sus palabras experimentó las primeras
mieles del amor a los ocho años y desde entonces no ha
pasado una sóla época de su vida «sin mantener
algún romance». Caprichoso, enamoradizo y aferrado
a su soltería, «estado ideal para los hombres»,
tras un inumerable número de «novias» de
todas las esferas sociales, que tenían en común
sus espectaculares cuerpos y su carácter alegre, se casó
con Mary Donaldson, a quien calificó como «su verdadero
amor».
Haakon Magnus de Noruega
Descendiente de la dinastía de los Glucksburg, Schleswig-Holstein,
cuarta generación de la Monarquía noruega tras
su bisabuelo Haakon VII, Haakon el Heredero, aunque ha sido
calificado como el príncipe más moderno de Europa,
no es un joven de su tiempo. Su forma de ser y de actuar se
ha comparado con la de un caballero medieval capaz de dar
la vida por su dama y de defenderla a capa y espada. Segundo
hijo del Rey Harald y de su augusta esposa Sonja, romántico,
buen deportista y algo tímido, este joven responsable,
de quien no se conocieron romances o mucho menos escándalos,
se topó con su destino hace cinco años en un
concierto de rock. Fue entonces cuando conoció a Mette-Marit
Tjessem-Höiby, una joven de aspecto dulce, pelo color
trigo, bellos ojos azules y un pasado más que turbulento.
Nunca sabremos qué pócima de amor ofreció la
variopinta Mette-Marit al Príncipe Haakon pero sí que
tras ese encuentro la vida del Heredero, bajo los efectos
de una pasión, cambió radicalmente.
Alberto de Mónaco
Alberto
de Mónaco está al frente del Principado que
su familia, la dinastía
de los Grimaldi, ha conseguido preservar independiente desde
hace siglos, ante las tentaciones predadoras de dos grandes
potencias, como Francia e Italia. Con mano de hierro y un
talento excepcional, los Grimaldi no sólo preservaron
su independencia con respecto a las ambiciones hegemónicas
de París y Roma. Instalados durante siglos en un pedazo
de tierra sin agricultura, sin los recursos marineros de las
grandes potencias vecinas (Marsella, Génova), sin los
recursos de las grandes metrópolis (Berlín,
Londres, París, San Petersburgo, Nueva York), los Grimaldi
consiguieron transformar su principado en un viaje casi obligado
para los grandes aristócratas rusos, ingleses, alemanes
y franceses «cansados» de los grandes centros
de recreo continentales.
Victoria de Suecia
Victoria Ingrid Alicia Desirée, Princesa de Suecia
y Duquesa de Västergötland, por cuyas venas corre
sangre española (su abuela materna procede de Toledo),
por expreso deseo de sus padres vivió hasta que tuvo
dieciocho años una existencia sin excesos protocolarios.
La prensa ha seguido todos y cada uno de sus pasos y muchas
revistas del corazón le han adjudicado romances. Casarse
no será una
cuestión fácil. El día que Victoria se
enamore de verdad tendrá que obtener, según
la Ley, el visto bueno del Rey y del Parlamento.
De no ser
así el Trono pasará a su hermano, el príncipe
Carl Philip.