Álbum de 12 meses
vertiginosos
«No puedo ni quiero esconderlo, imagino que salta a
la vista: Soy un hombre feliz». Así se declaraba
Su Alteza Real el Príncipe
de Asturias, poco después de contraer matrimonio con
la mujer que amaba.
Hoy seguro que Don Felipe volvería
a repetir esas mismas palabras, reforzadas ahora por su próxima
segunda paternidad.
Pero aquel lluvioso 22 de mayo, el Heredero de la Corona dejó también
muy claro su compromiso con los españoles, un proyecto
al que Doña Letizia se sumaba «con convicción
y responsabilidad». Desde entonces, los Príncipes
de Asturias han emprendido una vertiginosa carrera de actividad
institucional que les ha llevado a visitar todas las Comunidades
Autónomas españolas, excepto Cantabria, así como
a representar a España en diecisiete localidades de
otros doce países.
En total, han sido más de 240 actos oficiales de lo
más variado en los que no han faltado los momentos
felices, pero tampoco los amargos, como fueron el aniversario
del 11-M o el funeral por las 18 víctimas del escape
de gas de Todolella (Castellón).
El trabajo fuera de Palacio
La mayor parte de los actos oficiales de los Príncipes
de Asturias tienen lugar fuera del Palacio de La Zarzuela.
Muchos son en Madrid, pero una parte muy importante se celebran
en diversas localidades españolas o en otros países,
a los que entonces suelen desplazarse en un avión de
la Fuerza Aérea Española.
En los primeros veinte mesescomo matrimonio, Don Felipe y
Doña
Letizia realizaron más de 60 viajes oficiales, 17
a localidades del extranjero y 44 dentro de España.
Con el fin de aprovechar al máximo los desplazamientos,
estas visitas van acompañadas de agendas muy
intensas, con seis o siete actos cada día que les permiten
tomar contacto con todos los sectores de la sociedad.
En realidad, son jornadas agotadoras que empiezan muy temprano
y terminan después de asistir a cenas institucionales.
En estos desplazamientos los Príncipes suelen viajar
acompañados por el jefe o el secretario general de
la Casa del Rey, el jefe de la Secretaría del Príncipe,
el jefe de Protocolo, el jefe de Prensa, el ayudante de Campo
de Don Felipe y los miembros del Servicio de Seguridad, que
llevan a su vez perros entrenados para detectar explosivos.
A veces, el viaje de los Príncipes coincide con algún
acto de los Reyes que requiere la presencia de estas personas
y, en esas ocasiones, son sustituidas por otras de sus departamentos.
Al igual que con su primer embarazo, Don Felipe y Doña
Letizia también
viajan con un médico.
Además, y siguiendo el mismo y sencillo sistema de
la Reina, a Doña Letizia la acompaña también
una señora que se ocupa de que la Princesa presente
siempre una imagen impecable. Así, entre otras cuestiones,
cuida de su peinado y del planchado de los trajes.
Objetivo de todas las miradas
Cada uno de sus gestos, sus miradas,
su manera de andar y, sobre todo, su forma de vestir, su maquillaje
y su peinado son examinados con precisión microscópica.
Desde que se convirtió en la prometida del Príncipe
de Asturias, Doña Letizia ha estado sometida al juicio
popular en cada una de sus apariciones, oficiales o privadas.
Si en sus primeros pasos junto a la Familia Real algunos de
sus atuendos centraron el ojo crítico por ser excesivamente
sobrios o, todo lo contario, demasiado desarmados, a lo largo
de este año la Princesa de Asturias ha ido definiendo
su estilo, y actualmente refleja seguridad y elegancia, dentro
de la corrección y la ausencia de extravagancias que,
se supone, vienen marcadas por imperativo protocolario.
El «efecto Letizia»
Además, a lo largo de este tiempo hemos asistido al «efecto
Letizia», un fenómeno que no sólo se manifiesta
en el interés y el cariño que despierta entre
la gente (ávida de estrechar su mano o simplemente
de poder verla en persona, como sucedió en su visita
a las Baleares coincidiendo con el anuncio de su primer embarazo).
También en las imitaciones, remedos y réplicas
de su personal manera de entender la moda. Doña Letizia
se ha convertido en un icono a seguir para millones de mujeres,
que no dudan en copiar su peinado, sus vestidos y su inseparable
lápiz de ojos verde.
El cambio más acusado
Su secreto reside en mantener un buen fondo de armario y en
seguir una línea continua, es decir con alteraciones
apenas perceptibles y sin asumir riesgos. El cambio más «acusado» de
las últimas semanas ha sido el nuevo corte de pelo
que luce la esposa de Don Felipe.
Su peluquera le ha escalado levemente su melena clásica,
dándole más movimiento en las puntas y acortándole
el flequillo, dotándola así de un «look» con
más personalidad. Los reflejos, muy sutiles y en dos
tonos más claros que su base, siguen siendo los mismos.
Doña Letizia ha dado muestra en sus comparacencias
de sus gustos sencillos. Aunque la imagen externa de austeridad
a la que nos había acostumbrado desapareció de
un plumazo con el fascinante vestido rojo de Lorenzo Caprile
que lució en la boda del Heredero de la Corona danesa,
la Princesa se ha revelado como una mujer que prefiere aprovechar
las prendas y que no le da importancia a repetir modelos,
incluso de gala. Eso sí, modificados, como sucedió con
el vestido color plata, también obra de Caprile, que
lució en la víspera de su boda y que el diseñador
renovó, a petición de la propia Princesa, para
que pudiera llevarlo de nuevo en la cena de gala que se celebró a
primeros de año en honor del presidente de Hungría.
Sin necesidad de nuevos «liftings», la esposa
de Don Felipe no ha dudado en repetir algunos de los sastres
de Felipe Varela que cuelgan de su vestidor para sus viajes
oficiales y diversos actos en España.
Vestuario premamá
El corte impecable que Varela da a sus trajes (con
las chaquetas entalladas con las técnicas de la Alta
Costura y las faldas cortadas en la medida justa) realzan
aún más la envidiable figura de Doña
Letizia, aunque es de suponer que el diseñador ya se
habrá puesto manos a la obra para confeccionar un vestuario
premamá a la Princesa.
Con cinturón o sin él, en vivos colores (como
el rojo, el rosa chicle, el quisquilla o el salmón)
o en tonos empolvados, los trajes de Doña Letizia son
ya un rasgo inherente a su estilo.
Asimismo, otra característica destacable de la forma
de vestir de la Princesa en los actos públicos es su
afición a combinar los zapatos a juego con los bolsos.
Una manera clásica de entender la moda que hace que
apueste sobre seguro. Acostumbrada a los tacones, incluso
de 12 centímetros, Doña Letizia es fiel a las
creaciones de Pura López, Pepe Rico, Paco Gil y Sara
Navarro, aunque también le fascinan los «manolos» de
Blahnik y los «estilettos» de Jimmy Choo, a los
que al igual que en su primer embarazo seguramente tendrá que
decir adiós
poco a poco, por recomendación médica; empezará a
utilizar tacones más bajos y de base ancha. En cuanto
a los bolsos, la Princesa de Asturias apuesta por firmas de
reconocido prestigio, como la española Loewe (tiene
el modelo Senda en varios colores) o la francesa Yves Saint-Laurent.