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R. BARROSO - Martes 26 de febrero de 2008

biosfera

El Quijote

Presagios de la decadencia y pérdida de la Naturaleza

"La tierra que alimenta a Don Quijote es una tierra pobre, tan desollada por los seculares chaparrones, que por donde quiera afloran a ras de ellas sus entrañas berroqueñas". Así hablaba Unamuno de los paisajes de la obra inmortal de Cervantes. Y no le faltaba razón, porque si algo refleja la novela es la decadencia de los espacios naturales de la Península Ibérica, sobretodo, la desaparición de los extensos encinares que, en tiempos anteriores, cubrían una gran superficie.

Y constancia de ello deja José Javier Nicolás Isasa en su libro "Consideraciones sobre la vegetación del Quijote" en el que hace un recorrido por la vegetación y los paisajes naturales por los que el famoso hidalgo realizó sus andanzas.

Queda claro que Cervantes conocía y le preocupaba el problema del empobrecimiento del suelo en España y los fenómenos sociales que este hecho originaría. «La agricultura y la ganadería comenzaron a restar espacio a los bosques», señala Nicolás Isasa, quien precisa que a la par «se talaron muchas especies porque toda la energía calorífica se obtenía de la madera». Las grandes superficies de bosque comenzaron a menguar y de la descripción que hace Cervantes se saca la impresión de que la riqueza forestal había sido mayor en siglos anteriores.

A ello se une un fenómeno de sobra conocido en nuestro país: «Los periodos de sequía eran notables y trascendentes en determinadas comarcas de nuestros oañis, realizando procesiones, rogativas y disciplinas, pidiendo a Dios que abriese las manos de su misericordia y les lloviese».

Acusada transformación

Apesar de ello, habría que precisar que el paisaje del principal escenario de la novela, La Mancha, nada tiene que ver con el actual. No conviene pues, imaginarse a Don Quijote en la inmensidad pelada de las llanuras, pues tan despejado paisaje poco induciría a la aventura. José Javier señala que «no cabe duda de que esta región ha perdido desde tiempos de Cervantes gran parte de su arbolado». Aunque tampoco podemos decir que por aquel entonces fuera un inmenso bosque, la extensión de los cultivos de cereales y viñedos, unida a la expansión de ganadería han sido claves en la merma de los encinares.

Una transformación del paisaje que también ha tenido lugar, en mayor o menor medida, en el resto de las comarcas recorridas por el caballero y su escudero.

Pero para el autor del libro, el verdadero interés de las citas vegetales de El Quijote estriba en su elevado número y en el acierto en las comparaciones o similitudes que se establecen usando términos que corresponden a especies botánicas concretas. Llama la atención que en toda la obra no se mencione una de las formaciones forestales más extensas de la Península Ibérica: los pinares. Resulta llamativo cuando, en sus correrías, don Quijote y Sancho tendrían que haberse encontrado forzosamente con ellos. Otra peculiaridad es que se sitúan algunas especies, como el haya, en lugares donde es imposible que existiera.

Una cuestión a la que Nicolás Isasa resta importancia ya que considera que Cervantes «no construye una novela sobre una descripción geográfica rigurosa de los espacios que figuran en sus relatos. Los recreó teniendo en cuenta su experiencia personal, sus viajes y sus lecturas», porque lo que sin lugar a dudas tenía Cervantes, era un enorme conocimiento del medio natural. La mención de los vegetales en El Quijote se hace unas veces refiriéndose a la totalidad de la planta, mientras que en otras se cita su flor, hojas y ramillas, sus frutos, sus tallos u otras partes de su estructura.

Las especies que más se mencionan son las encinas, los chopos y los álamos. La forma de los vegetales (árbol,mata, yerba) o las formaciones y agrupaciones de tipo forestal, son mencionadas con frecuencia. A veces se cita la madera y en dos ocasiones (al referirse a unos bastones) se concreta la clase; acebo o ébano. Cervantes también nombra algunas herramientas ligadas a la actividad forestal o a la agrícola, como son el hacha y el arado. Y, en ocasiones, se emplea la cita botánica en dichos, refranes o en sentido figurado. También se nombran productos vegetales como el aceite de oliva, el corcho, el lino, el algodón...

Tipos de bosque

La mayor parte del recorrido por tierras manchegas fue a través de bosques esclerófilos de encina. Y el matorral arbustivo más emblemático es la «mancha», una formación densa de tres a siete metros de altura, que presenta una importante variedad de especies y de formas de vida y que convive con coscojas, madroños, sabrinas, enebros...

La vegetación de los territorios atravesados pertenece, en la mayoría de los casos, al Dominio Floral Mediterráneo. Tan sólo algunas zonas intermedias en las que concurren situaciones de altura o de orientación, pueden considerarse como de transición al Euroatlántico (Mariánica e Ibérica Central). Los protagonistas recorrieron los montes de Ciudad Real, la sierra de Calatrava, la depresión del Guadiana, la Mancha Central y Alta, la sierra de Puertolápice, la depresión del Ebro... y zonas de Cataluña excluyendo el Pirineo y Prepirineo.

Ni una gota

Podríamos decir que, salvo algunos episodios, la lluvia es una de las grandes ausentes en la novela de Cervantes. Sólo al principio del capítulo 21 de la primera parte se habla de algo de lluvia: «En esto comenzó a llover un poco, y quisiera Sancho que se entraran en el molino de los batanes...». Poco después se habla de esa misma lluvia que sorprendió en el camino al barbero con el que se cruzaron, y que se protegió del agua con la vacía de azófar que traía, para no mancharse el sombrero.

En la obra se reflejan días de gran insolación, sin que las nubes, las lluvias y los fríos intensos formen parte de las historias, algo que resulta lógico teniendo en cuenta la época de los viajes y el clima de las tierras visitadas.

Don Quijote y Sancho estuvieron viajando por zonas de clima mediterráneo, con estaciones térmicas acusadas y un largo período de sequías que llega a durar hasta cinco meses. Los inviernos que tuvieron que soportar fueron suaves o duros, los veranos eran extremadamente calurosos y secos. Como todos los recorridos se realizaron en los últimos días de primavera, meses de verano y principio del otoño, los personajes siempre van buscando frescas sombras, fuentes y regatos donde saciar su sed y pastos verdes para sus caballerías, y no lugares abrigados del frío o de las precipitaciones.

Coordenadas geográficas

Las medias de temperaturas máximas del mes más cálido oscilaban entre los 34 y 36grados, y las del mes más frío rondan los cero grados, y las horas del sol al año se elevan a unas 850 o 900. Y con respecto a lo comentado de la lluvia, la precipitación media anual de gran parte de los territorios visitados se sitúa por debajo de los 500mm. En su camino hacia el valle del Ebro se encontraron con un aumento de la aridez y la presencia de frecuentes vientos, sobre todo del cierzo del norte.

Y si hablamos de coordenadas geográficas, hay que hacer constar que el punto más al norte y a la vez el más oriental al que llegó Don Quijote en sus salidas fue la ciudad de Barcelona. El terreno del valle de Alcudia, con la aventura de los batanes, fue el sitio más occidental, y el lugar más meridional alcanzado fue Sierra Morena.

Cultivos ausentes

Respecto a los cultivos, es curioso que no se hable de las patatas, el maíz, los pimientos, los tomates, el tabaco, el chocolate, el café o el té. Isasa aporta la explicación: el cultivo de la patata era muy limitado a principios del siglo XVII, por eso no debían conocerlo ni don Quijote ni Sancho. Tampoco se menciona el maíz, ya que a pesar de haber sido introducido en el siglo XVI, lo fue en las provincias cantábricas y no en la región de La Mancha. Los tomates y pimientos tardaron más de un siglo en difundirse. Del cultivo del tabaco tal vez tuviera noticias Cervantes, pero sólo como producto medicinal. El café también se introdujo como una bebida medicinal, pero no se generalizó su consumo hasta el siglo XVIII.

La imagen actual de La Mancha poco tiene que ver con la de los tiempos del hidalgo, en que la superficie arbolada era mucho mayor
Las enormes extensiones de encinares que cubrían buena parte de la Península Ibérica fueron sacrificados en favor de la agricultura y la ganadería
Paisajes Quijotescos
Sierra Madrona
En esta sierra de Ciudad Real realizó Don Quijote su penitencia. Recibe el nombre del arbusto mediterráneo «madroño» o «madroña« (Arbutus unedo), que allí crece frondoso.
Depresión del Tajo
En sus andanzas cercanas al río más largo de la Penísula Ibérica, el Tajo, Don Quijote se encontró con árboles de ribera como fresnos, chopos, sauces y álamos.
Encinares de Toledo
Las encinas, como las de estos campos de Toledo, son las grandes protagonistas del libro de Cervantes. Es el árbol más mencionado junto al alcornoque, el haya o el laurel.
Montes de Sierra Morena
Bosques de quejigos, alcornoques y encinas iba encontrando a su paso, entre las ásperas rocas; rodeadas de matorrales: jaras, retamas, acebuches, coscojas y plantas aromáticas.
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