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El golf que conoce el gran público se limita a las imágenes de los grandes profesionales que, de tanto en tanto, aparecen en las cadenas de televisión. Los nombres y los rostros de Jack Nicklaus, Arnold Palmer, Tiger Woods o Severiano Ballesteros son reconocidos por una gran parte de la población mundial. Sin embargo, hay otra serie de factores importantes que repasar a la hora de hacer un resumen de la temporada 2005. El golf ya no sólo es un deporte; también es una industria poderosa de la cual conviene conocer algunos datos para hacernos una idea de su potencial. Y a ella se llega a través de un curioso proceso histórico.
Hay varias teorías acerca del nacimiento de este juego (algunas lo sitúan en China, otras en Holanda, las más en Escocia...), pero lo cierto es que evoluciona y se reglamenta en las Islas Británicas. A lo largo del siglo XIX se produce su expansión mundial de la mano del Imperio y, salvo en la metrópoli, se convierte entonces en un deporte elitista. Luego, a partir del segundo tercio del siglo XX llega su democratización y acceden a él todas las capas de la sociedad mundial. Deja de ser un modo de ocio de ricos para convertirse en un valor de consumo más.
Pese a ello, mantiene sus peculiares normas de cortesía y conserva sus características principales: se puede jugar a todas las edades (de los cinco a los noventa años), al aire libre, en todas las épocas del año, solo o acompañado, tiene un alto componente mental y es un continuo reto personal.
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