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Un
meandro que, de forma caprichosa, se forma en el río
Ebro a su entrada a la capital aragonesa acogerá tal día
como hoy, dentro de dos años, la inauguración de
la Expo 2008, un esperado acontecimiento que está llamado
a cambiar —lo está haciendo ya— la historia
de Zaragoza.
En estos días, un ejército de operarios
trabaja a toda máquina urbanizando los terrenos y construyendo
los cimientos del futuro recinto expositivo, con el que España
retomará, 16 años después, el testigo de Sevilla
92.
Pero la muestra aragonesa no será una reedición de
la andaluza. Para empezar, la exposición lleva el título
de «internacional» y no «universal», lo
que implica, según las actuales normas de la Oficina Internacional
de Exposiciones, que tendrá un carácter temático
y no generalista. La Expo 2008 llevará como lema «Agua
y desarrollo sostenible», uno de los grandes debates de la
humanidad en el siglo XXI.
La superficie de exposición en el Meandro de Ranillas —25
hectáreas—, el número de visitas previstas —7,5
millones— y la duración —tres meses— también
son menores, pero la sociedad estatal Expoagua, que aúna
los esfuerzos de las administraciones implicadas, trabajan para
que su impacto internacional no quede a la zaga.
Para ello, junto con un programa científico riguroso, se
han previsto numerosos atractivos, entre ellos más de 3.200
espectáculos que incluirán algunas de las grandes
figuras mundiales de la música y las artes escénicas.
Además, se tiene ya garantizada la presencia de decenas
de países y prácticamente todas las Comunidades,
además de grandes empresas privadas que ven en la Expo 2008
una capacidad de proyección sin precedentes en Zaragoza.
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