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Ha unido
el interés compartido de ciudadanos y políticos.
Por tanto, el interés coordinado de todas las administraciones.
El Gobierno central, el autonómico y el municipal han hecho
piña con el respaldo de todo el arco parlamentario aragonés
en torno a un proyecto que ahora se enfrenta a su prueba de fuego:
la construcción de todas las infraestructuras ligadas, directa
o indirectamente, a la Expo de 2008.
La candidatura de Zaragoza para la Exposición
Internacional echó a andar en la anterior legislatura. Ha
sido una carrera de fondo y nada sencilla.
Un proyecto de todos
Con José Atarés (PP) como alcalde
de Zaragoza se presentó la candidatura en París ante
la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE) y se marcaron las
líneas maestras del proyecto.
El nuevo gobierno
municipal PSOE-CHA salido de las elecciones de 2003, con el socialista
Juan Alberto Belloch en la Alcaldía continuó la labor
realizada.
Belloch hizo de la candidatura de la Expo el principal proyecto
estratégico para la ciudad y se volcó en él
para completar con éxito la trayectoria del anterior equipo,
conservando la unanimidad que concitaba la iniciativa.
De hecho, el consenso ha obrado el milagro de que la candidatura
de Zaragoza a la Expo quede fuera de los avatares y de la pugna
entre partidos.
Quedaba por entonces la recta final y decisiva, la de conseguir
imponerse al resto de ciudades que competían por la Expo
de 2008.
Zaragoza apostó como argumento de la muestra por el agua
como elemento fundamental para lograr el desarrollo sostenible.
A partir de ahí se profundizó en el trabajo diplomático
y en concretar más el proyecto.
Las rivales
Tres ciudades llegaron a la final en esta carrera
por la Expo: Zaragoza, la italiana de Trieste y la griega de Tesalónica.
A mediados del año 2004 llegó otro momento decisivo,
la presentación oficial de las candidaturas en París,
ante los delegados del BIE. Las tres ciudades pasaron lo que podía
haber sido un «corte» en la carrera final por la Expo.
Por tanto, todo quedaba a expensas de la decisión final,
la que llegó el 16 de diciembre de ese mismo año.
El presidente del BIE, Jianmin Wu, pronunció el nombre de
Zaragoza, que, con 57 votos, superó los 37 de la candidatura
de Trieste y los doce que obtuvo la defendida por la griega ciudad
de Tesalónica.
Era el momento de ponerse a manos a la obra...
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