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LA celebración
de la Expo en 2008 ha dado un impulso decisivo a la
modernización de Zaragoza desde el punto de vista de las
infraestructuras. Ha sido el espaldarazo a obras que, en unos casos,
iban a realizarse pero de esta forma se han visto aceleradas con
el horizonte del año 2008 y, en otros, que nunca hubieran
llegado a realizarse. Además de las vías de comunicación,
Zaragoza recupera el Ebro como gran eje urbano.
Junto a ello están los equipamientos que aparecen
con el recinto de la Expo propiamente dicho. Ha sido concebido
precisamente para que se convierta en un espacio singular cuando
la Exposición Internacional cierre sus puertas.
Según destaca la sociedad organizadora, «el compromiso
de Zaragoza va más allá de la propia Exposición
y expresa la voluntad de la ciudad y de sus habitantes de convertirse
en modelo de utilización sostenible de los recursos empleados
para su celebración».
El recinto Expo se convertirá en
un gran parque donde se desarrollarán actividades culturales,
científicas y deportivas. En los pabellones internacionales
se incluirán espacios modulares destinados a oficinas.
Los edificios en los que durante la Exposición internacional
se localizarán las tres exposiciones temáticas —Pabellón
Puente, Acuario y Torre del Agua— se conciben como equipamientos
de escala metropolitana. Asimismo, se mantendrán una serie
de instalaciones integradas en los espacios públicos del
recinto: zonas comerciales, de restauración, quioscos, plazas
temáticas o auditorios, entre otras.
Fuera del recinto, pero integrado en él, el Palacio de Congresos
cumplirá un papel especial como centro de convenciones,
así como los espacios y edificios anexos, como establecimientos
hoteleros, según la sociedad Expoagua.
De ahí que numerosas empresas estén poniendo sus
ojos en Zaragoza, bien como patrocinadores de la muestra o como
objeto de planes de inversión al calor del desarrollo de
la ciudad.
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