Así cambió el mundo en 2009

Un año perdido para la paz

Laura L. Caro

El año 2009 empezó en Israel y los territorios palestinos de la peor manera posible, con un baño de sangre como no se conocía desde 1967 que dejó 13 muertos en el lado judío y 1.416 en Gaza, según las cuentas del Centro Palestino de Derechos Humanos. Las cifras oficiales de Israel rebajan ese cómputo de muertos a 1.166.

Aquella incursión armada de Israel desencadenaría un terremoto que ha lastrado el devenir político y diplomático de los últimos doce meses, y la todo apunta a que la onda expansiva no se extinguirá en siquiera en 2010. Bajas aparte, la víctima inmediata de esa operación “Plomo fundido” fue el presunto proceso de paz emprendido a la carrera en 2007 todavía bajo el mandato de George Bush. La Autoridad Nacional Palestina que dirige Mahmud Abbás dio por suspendidas las conversaciones en protesta por la masacre contra su pueblo, un cejorrazo que se complicaría después con la negativa de la ANP de no regresar a la mesa de diálogo a menos que Israel congelara cien por cien la expansión de sus asentamientos en Cisjordania.

Israel atacó calculadamente la franja de Gaza el 26 de diciembre de 2008, coincidiendo con el vacío en la Casa Blanca, y no retiró el último soldado del campo de batalla hasta unas horas antes de que Barak Obama tomara posesión el 18 de enero. El pretendido gesto de bienvenida no evitó que las relaciones del Gobierno judío con el nuevo presidente de los Estados Unidos nacieran empañadas. La llegada al poder tras las elecciones de febrero en Israel de una coalición ultraderechista encabezada por Benjamin Netanyahu, -un viejo conocido en Washington por sus roces con Bill Clinton-, no ayudó a engrasar el trato. Se abriría así en este 2009 un nuevo periodo entre los dos grandes aliados, un tiempo de mal disimulada desconfianza mutua, cuando no de abiertos desafíos y choques, -como han insistido en interpretar machaconamente los analistas de Tel Aviv-, cuyas consecuencias están todavía por ver.

Obama se ha convertido en un actor principal en el teatro del conflicto israelo-palestino como no lo fue Bush. La inclusión en su agenda presidencial, desde el primer minuto de su mandato, del objetivo expreso de establecer un Estado Palestino ha determinado muchos de los movimientos políticos registrados este año. Israel asistió conteniendo la respiración al discurso de reconciliación con el mundo árabe que el demócrata ofreció en El Cairo el 4 de junio. Netanyahu le respondería el 16 de junio con otro en el que señalaría sus condiciones, muchas en abierta contradicción con los deseos de EE.UU: no a detener la construcción en las colonias judías, no a dividir Jerusalén, y aunque pronunció las palabras clave “Estado Palestino”, dejó claro que deberá estar completamente desmilitarizado y reconocer a su vez a Israel como “Estado judío”.

Las presiones norteamericanas para obligar a Netanyahu a cumplir la exigencia palestina de paralizar las obras en los asentamientos marcaron los picos de fricción entre los dos países hasta agosto. A partir de ese mes, Washington empezó a relajar su demanda, encendiendo las iras palestinas. Abbás acabó acusando a la Casa Blanca de ambigüedad, sus colaboradores hablaron de engaño, y el presidente de la ANP anunció en noviembre su marcha harto de la falta de avances. Veinte días después, el primer ministro de Israel anunciaría un plan para poner un freno limitado y por 10 meses en las colonias que para nada respondía a las expectativas de Ramala, aunque así fue bienvenido por EE.UU. Su aplicación está todavía pendiente.

La renuncia de Abbás se centraba en su negativa a volver a concurrir a unas imposibles elecciones palestinas que convocó para el próximo 24 de enero, y que finalmente no se celebrarán en vista de la imposibilidad de desarrollar el proceso en la Gaza controlada por Hamás. La continuidad en 2009 de la división interpalestina, que no se resuelve a pesar de la mediación egipcia, era otro de los motivos alegados por Abbás para tirar la toalla. Víctima del desencuentro de todos, la peor parte la sigue padeciendo la población de la franja, que se consume en la miseria y el aislamiento cuando está a punto de cumplirse en enero el tercera año de embargo impuesto por Israel a cuenta de la victoria islamista en los comicios de 2006.

La comunidad de Gaza creyó haber concitado el interés y el amparo internacional cuando en septiembre se presentó el llamado “informe Goldstone” encargado por la ONU, que acusaba Israel, –y también a Hamás-, de posibles “crímenes de guerra” en la franja. En respuesta, el Gobierno de Netanyahu desplegaría una ofensiva diplomática total para desacreditar el documento y a los países que lo recibieron con buenos ojos, y para intentar detener en vano su aprobación en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Ese paso abría la puerta a un improbable, aunque posible viaje del texto acusatorio hasta la Corte Penal Internacional, que amenaza como una pesadilla a Israel.

Contra viento y marea, el Ejecutivo judío ha tratado en los últimos meses de eclipsar el peso del informe Goldstone, principalmente reclamando atención hacia otro asunto, la amenaza nuclear de Irán, que obsesiona a Benjamin Netanyahu. Pero la Comunidad Internacional no ha endurecido las sanciones contra Teherán a un ritmo y una profundidad suficientes como para satisfacer al primer ministro de Israel, que empieza a sentirse víctima de una incomprensión internacional.

La reciente intentona de la UE de reconocer oficialmente Jerusalén Este como capital de un futuro Estado Palestino, un objetivo luego descafeinado, hacía saltar en el Gobierno de Tel Aviv todas las alarmas este diciembre. Por las mismas fechas, Gordon Brown sugería a los comerciantes británicos etiquetar claramente los productos procedentes de las colonias israelíes, en un movimiento que sonó a boicot. En octubre, Turquía, el único país musulmán con el que Israel tiene suscrito un acuerdo de cooperación militar, suspendía en octubre unas maniobras previstas con la Aviación judía. Pero lo más preocupante se ha tejido este 2009 en torno a los amagos de persecución de autoridades y militares israelíes en Europa en relación con la supuesta comisión de delitos de guerra y contra la Humanidad. La brecha la abriría la causa en España, luego abortada, contra siete altos cargos judíos por un bombardeo en Gaza en 2002. Siguieron el intento de detención de Ehud Barak en Londres en octubre y, a mediados de este mes, la cancelación por parte de la jefa de la oposición israelí, Tzipi Livni, de una viaje también a la capital británica, donde la esperaba una orden de arresto.

Para israelíes y palestinos, este 2009 que empezó con sangre ha sido un año perdido para la paz.

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