
El año alemán ha estado marcado por el triunfo y reelección de Ángela Merkel y su nuevo gobierno social-conservador y liberal, con la hecatombe histórica de la socialdemocracia alemana. Merkel acaba sin embargo el año con traspiés e incertidumbres como el estado del presupuesto, la deuda y la bajada de impuestos, el fracaso europeo en la cumbre del clima y la situación para-bélica del ejército alemán en Afganistán.
Si triunfal ha sido la celebración del 20 aniversario de la Caída del Muro de Berlín, y con él la amenaza tradicional del bloque de países del Este con su aparato armamentístico y presencia soviética, entre los sopapos más sonados ha sido el dado por General Motors al gobierno de Merkel y sus planes de recuperación y salvamento de Opel como tradicional marca propia.
La recuperación económica parece asomarse ya en Polonia, Austria, Países Checos, Alemania y Suiza, aunque todos ellos con problemas sin resolver en sus bancos, y de nacionalismo latente en la política checa, austríaca y eslovaca. La Confederación Helvética ha estado marcada por su progresiva homologación con la UE y apertura al espacio Schengen de libre movimiento, así como por el controvertido referéndum para la no edificación de nuevos minaretes, que ha escandalizado a países árabes y vecinos europeos por igual.