
2009 fue para Francia un año menos malo de lo temido.
Carla Bruni se consagró definitivamente como primera dama cosmopolita, cuya imagen tiene un alcance diplomático nacional allí donde acompañe a su esposo, un Nicolas Sarkozy siempre a paso de carga en todos los frentes.
La crisis económica toca fondo, aparentemente. Pero la salida del pozo negro será lenta y “laboriosa”. Tras un primer plan de relanzamiento, Sarkozy anunció un gran empréstito para “invertir en el futuro”.
Los franceses de a pie gastan con prudencia, ahorran un poco y son los campeones de Europa en materia de fecundidad: el lecho amoroso continúa siendo el “arma estratégica” contra las crisis... tener niños, con muchas ayudas de Estado, también es una “inversión” individual, familiar y nacional, cuando Francia vuelve a sufrir ataques de angustia social en sus suburbios multiétnicos y multiculturales.
Consciente de que sus éxitos diplomáticos (mando estratégico en la OTAN, exportaciones de tecnología nuclear a los países árabes, acuerdos a geometría variable con Lula, Brown y Merkel) no resuelven los problemas domésticos, Sarkozy decidió lanzar un gran debate sobre la identidad nacional que cierra el año con llamaradas inflamables en toda Francia.
Si la moral de los franceses es menos mala de lo temido, la moral de su presidente es siempre combativa. Sarkozy cierra 2009 anunciando grandes batallas inmediatas. 2010 comenzará con la campaña de unas imprevisibles elecciones regionales y un megadebate sobre la deuda nacional. Grandes batallas en perspectiva.