
El 2009 que se nos va es el del décimo aniversario de la subida al trono de Mohamed VI, que se hizo con las riendas del reino tras la muerte de su padre, Hasán II, en julio de 1999. Las críticas han escaseado a pesar de que su gestión no ha llegado a las expectativas que despertó como príncipe.
Marruecos mira ansioso la llegada de la copresidencia española de la Unión Europea sabiendo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero es el principal valedor del estatuto avanzado que se cocina desde 2008 en Bruselas para el reino alauí.
Las relaciones bilaterales, por las que el Gobierno socialista tanto ha apostado, tratan de sobrevivir a la crisis abierta por el caso de la activista saharaui Aminatu Haidar, pero Madrid no quiere responder al desaire de Rabat presionando desde Europa.
El conflicto del Sahara, con las autoridades españolas más cerca de Rabat que del Polisario, y el mal endémico que sufren en ese territorio los derechos humanos no son suficientes para que Madrid dude de su apuesta firme por el reino de Mohamed VI, tanto e nivel bilateral como en el Viejo Continente.
El acoso a la Prensa independiente sigue siendo uno de los lastres que más dañan la imagen de Marruecos en el exterior y que más alejan al reino de la senda de la democratización del régimen. De manera arbitraria y por medio de procesos judiciales ampliamente criticados se sigue condenando y encarcelando a periodistas y cerrando medios de comunicación o confiscando sus ejemplares.