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TAPIZADOS

LOS QUE MÁS VISTEN

TEXTO MERCEDES MARTÍN LUENGO 

Los complementos textiles rubrican la atmósfera y personalidad de cada salón. Aquí se incluyen tapicerías, cojines y cortinas, tres universos pletóricos en materiales, colores y diseños

En el mundo de la tapicería sienta cátedra el Salón Internacional Decosit Bruselas. De su vigésimo octava edición se desprenden dos conclusiones: maridaje entre tecnología y estética a nivel de materiales y liderazgo absoluto del blanco y el negro, seguidos de cerca por el gris y a cierta distancia por fucsias, calderas, rojos vivos, naranjas, verdes, azules intensos y chocolates. Sin renunciar al diseño, las tapicerías han de ser resistentes y prácticas. Las fibras naturales, sobre todo algodón y lino, dan muy buenos resultados. 

En su composición incluyen fibras sintéticas, responsables de su brillo y prestancia. La loneta y la cretona siguen en alza por duraderas, fáciles de mantener y variadas. Con su cálido pelillo, la chenilla tiene muchos adeptos en sus diversos acabados, en especial el terciopelo. Luego está las microfibras, que a base de acrílicos y poliéster imitan pana, ante y otras texturas. Suelen contar con tratamientos protectores que impiden que se fijen las manchas y el polvo. El sisal, el 
ratán o el yute, tan de moda en alfombras, también se emplean en tapicería. El cuero natural es otra noble solución muy en boga, imitada al detalle por tejidos 
de algodón y PVC. Luego está la polipiel, muy vistosa en su versión cocodrilo. Aquí se inscriben los acolchados, con o sin botones. 

En general las tapicerías se rinden a los tonos claros, neutros y naturales porque multiplican la luz. Pero el color también triunfa sobre sofás y butacas, ya sea en liso o en estampados donde priman rayas, motivos naturales y gra.smos. Los tapizados con relieve y aplicaciones en terciopelo están a la orden del día. Los salones románticos tiran de blanco, mientras que la so.sticación se viste de gris, negro y marrón. Marrones, tejas, naranjas, ocres y rojizos definen 
los colores de la tierra y del estilo colonial en una armoniosa mezcla de calidez y colorismo. 

Si las tapicerías en blanco y negro retratan a la sala de estar más chic, la estética pop cuaja en motivos geométricos y estridentes estampados de flores, junto con las pieles sintéticas en blanco y rojo. 

Redondos, cuadrados o en rectangulares, los cojines ponen la guinda en la sala de estar. Lana y fieltro son por tradición los tejidos más usados 
en su confección, que ahora se revelan en sugerentes y llamativos diseños llenos de color. El crochet pega fuerte como imagen del romanticismo, lo mismo que terciopelos, damascos y brocados. Pero la sensación de la temporada son los acabados en pelo largo, junto con bordados y aplicaciones de terciopelo y pana sobre todo tipo de telas. También se hace notar el cuero, el patchwork, los acolchados y la seda natural, con sus brillos y tonos empolvados. En materia de estampados ganan por goleada las flores y las rayas, ya sean simétricas y asimétricas. Entrelos colores fetiches destacan naranjas y rojos subidos. 

Cortinas y visillos determinan el estilo del salón. La regla de oro es que cuadren con el resto de los textiles. Aunque los cortinajes pesados y con cuerpo siguen vigentes en las salas de estar más clásicas, las texturas livianas y vaporosas marcan la pauta, en ocasiones con aplicaciones de cristal o pasamanería 
plateada. Lo habitual es combinar visillos ligeros con telas de sastre como pana y chenilla. Algodón y lino garantizan buena caída y suelen incorporar fibras sintéticas (rayón, poliéster o viscosa) para ganar resistencia y tratamientos antiarrugas. En auge está la organza, ahora en atrevidos colores y estampados. 

Las fibras naturales dan pie a cortinas de cáñamo, lino y poliéster en tonos crudos o naturales. La seda también da mucho que hablar, junto con los tejidos texturados, los confeccionados con hilo de metal y los relieves en terciopelo. El estor se define como santo y seña de la modernidad a la hora de vestir las ventanas. 

Si el mayor don de una casa es la luz, tamizarla es un arte que los orientales bordan. Ellos idearon tan delicados elementos que irrumpen en el salón como portadores de una altmósfera serena y depurada. Una original opción son los estores japoneses, que gradúan la luz con paños de tela que se deslizan por carriles fijos al techo. Los estores al uso tienen más apresto y se confeccionan con fibras naturales, sobre todo lino y algodón, que a veces 
se mezclan con poliéster. 

Enrollables o plegables, privan en blanco y crudo. En la sala de estar se llevan en combinación con vistosas cortinas y caídas fruncidas. También se presentan en colores lisos, sobre los que ya hacen carrera rayas y otros motivos. La novedad se llama screen, estor de fibra de vidrio que aporta gran intimidad. Frente a la luz destacan las cortinas de oscurecimiento. Hechas con lamas de madera en diversos colores y acabados.



 

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