Tres joyas y
un libro de Larra
Por
Beatriz Cortázar
MADRID. Una vez más se cambió la
tradición. Si en las pedidas de mano de las Infantas Doña Elena y Doña
Cristina el intercambio de regalos consistía en un reloj de marca suiza
y un anillo de brillantes, ésta vez Letizia Ortiz ha preferido elegir
unos gemelos de oro blanco y zafiro talla cabujon de la firma Suárez
que ella misma compró en la citada joyería de Madrid el pasado martes
mientras que Don Felipe sí ha optado por la clásica alianza de oro blanco
y diamantes en talla baguette. Se trata de dos piezas exclusivas de
diseño Suárez cuyo valor en el mercado rondaría las 250.000 pesetas
(los gemelos) y 500.000 pesetas, la alianza, que además fue adquirida
esta semana en la tienda de Suárez de Barcelona donde acudió el cuñado
de Don Felipe, Iñaki Urdangarín, para encargar este regalo (esos días
la Infanta Doña Cristina estaba con un problema estomacal). Los novios
han elegido dos presentes que podrían llamarse normales, de diseños
modernos y de precio medio.
Pero como Don Felipe y su prometida señalaron, aparte de estas dos joyas
el Heredero de la Corona le entregó a su prometida una joya familiar,
un collar de perlas y zafiros, mientras que la periodista señaló que
la suya era una «joya literaria» al tratarse de una edición de 1852
de «El doncel de Don Enrique el Doliente», de Mariano José de Larra,
un autor fundamental para cualquier periodista.
Minutos antes de que
los novios accedieran al Patio de los Austrias del Palacio de El Pardo,
residencia desde 1980 de los Jefes de Estado que visitan Madrid, los
350 periodistas que había en el interior fueron testigos de cómo se
había organizado esta puesta en escena. Un doble escalón tapizado en
moqueta roja serviría para que las familias se distribuyeran en la que
iba a ser la primera fotografía oficial. Sobre la alfombra de sisal,
una alfombra de la Real Fábrica. Al fondo, los maceteros con el escudo
de las armas heráldicas del Rey y los bustos de diosas clásicas griegas
que se instalaron en el reinado de Carlos III. Los tapices que adornan
este Patio son de motivos florales (los de abajo) y escenas mitológicas
(los de arriba). La luz natural entraba a raudales y el frío exterior
no se notaba gracias también al acristalamiento del tejado que se realizó
en los dos Patios de este Palacio hace ya diez años.
Escote chimenea
Minutos después de las doce y media fue cuando los novios accedieron
al interior. Letizia Ortiz iba en el que ya es su estilo propio: traje
pantalón en blanco y escote chimenea, el mismo que tantas veces ha lucido
durante su trabajo como presentadora de informativos. La melena suelta,
de nuevo unas dormilas como pendientes y su triple alianza de oro en
el dedo central de la mano derecha. La novedad fue la alianza de pedida
que mostró a los cámaras cuando, al describir la pieza, dijo «es de
oro blanco y así...» mostrando a continuación el dedo. Mucho se había
rumoreado del modelo que iba a elegir para esta ocasión. Se sabía que
estos días ha estado eligiendo ropa en Adolfo Domínguez y en Armani.
Al final, optó por un conjunto pantalón blanco del modista italiano
que le realzaba la espalda pero le quedaba un poco holgado.
Desde luego la sencillez fue la nota nominante de la ceremonia. Si los
regalos de pedida fueron discretos, las vestimentas de los familiares
siguieron en esa línea. De «líneas limpias» y con cierto vuelo en la
chaqueta la prometida de Don Felipe huye de las estridencias, de los
avalorios, del exceso. Maquillada con suaves sombras grises en los párpados
y apenas un brillo labial, su rostro daba un aspecto muy natural. Iba
calzada con un zapato salón de raso negro con tacón de diez centímetros
y escote en uve.
El traje de chaqueta fue la prenda elegida por casi todas las asistentes.
Doña Sofía llevó uno en tonos rosas y malvas y con un vistoso broche
de estilo mameluco veneciano. Doña Elena fue en grisis con toques plateados
y su clásica trenza. Doña Cristina, en negro riguroso mientras que la
Infanta Doña Pilar se decantaba por el gris perla y una camisa de volante
y la princesa Irene de Grecia por el largo y un conjunto en verde oliva.
También muy sencillas fueron María Zurita con un jersey de cuello cisne
y chaqueta, así como Simoneta Gómez-Acebo, con pantalón y levita y la
Duquesa de Soria, muy propia con un sastre en grises.
Anécdotas con el Rey
En cuanto a la familia de Letizia Ortiz, su padre, el periodista Jesús
Ortiz, ahora sin barba, escogió un traje oscuro que alegró con una corbata
azul añil. Entró y salió del Patio con su ex mujer, Paloma Rocasolano,
que al igual que su hija optó por el pantalón. En todo momento se les
vió muy emocionados, nerviosos era la primera vez que posaban
en público y cariñosos entre ellos. Salieron cogidos por la cintura.
Lógicamente, para ellos, ver a su hija como ayer la vieron debe ser
una sensación muy fuerte, algo que seguramente jamás hubieran imaginado
y que hoy es una realidad. Mujer discreta en el vestir Paloma
Rocasolano fue fiel a su estilo y prefirió mostrarse natural. Con un
pantalón negro y una chaqueta de cremallera en beige sobre jersey negro,
posó junto a Don Juan Carlos quien «le echó un capote» al llegar al
estrado con el fin de hacer el momento menos impactante. El Rey protagonizó
la anécdota del día cuando llegó al Patio con Doña Sofía y los novios
seguían hablando con los periodistas quedándose ellos en un segundo
plano. Tras unos minutos Don Juan Carlos, siempre sonriente, preguntó
a Juan González Cebrián cuánto más tenían que esperar. Acto seguido
Cebrián se acercó a la pareja para dar por concluidas las preguntas.
Ausencia de los abuelos
La ausencia de los abuelos de la novia se justificó, según fuentes del
Palacio de la Zarzuela, con el argumento de que «son mayores para el
viaje». Por parte de la novia acudieron sus dos hermanas, Telma y Erica,
su cuñado Antonio Vigo, y sus primos, David y Patricia Rocasolano.
Por cierto, según señaló ayer el director general de RTVE, José Antonio
Sánchez, Letizia Ortiz disfruta de unos días de permiso que tenía en
su trabajo ya que su futuro profesional está pendiente de definir.
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