*La selección se enfrentará a Rusia, Suecia y Grecia en la primera liguilla. Si pasa se cruzará con el «grupo de la muerte»
* Los rivales ven a España como favorita porque en sus últimos partidos demostró solidez, convencimiento y pegada
España acude a la Eurocopa de Austria y Suiza (del 7 al 29 de junio) envuelta en el mismo debate de siempre, que divide a profesionales y aficionados. Para los más escépticos la selección no podrá con los malditos cruces (donde aguarda el grupo de la muerte con Francia, Italia y Holanda) y se marchará de vacaciones, como casi siempre, con las orejas agachadas y buscando algún pretexto para justificar la derrota. Enfrente conviven los más optimistas, lo que ven en Aragonés a esta nueva generación de futbolistas una buena combinación para asaltar, de una vez por todas, el título europeo.
No es fácil decantarse por una u otra opción. Hay que respetar la historia a la vez que conceder un crédito a esta selección plagada de gente muy joven y que ha madurado mucho en los últimos campeonatos. Tampoco ayuda mucho el sorteo. Nos parece engañosa esa primera liguilla para acceder a los cuartos de final. España ha quedado emparejada en el Grupo D, junto a Grecia, Suecia y Rusia. Si tomamos como referencia la clasificación oficial de la FIFA la roja acumula mejores números que el resto de sus rivales. Pero en el fútbol hay otra serie de factores que influyen en el resultado final. Si se hace una encuesta entre los aficionados, a buen seguro que la mayoría coincidirá en que España no debe tener problemas para acceder a la siguiente fase.
Posiblemente la España de Casillas, Sergio Ramos, Puyol, Xavi, Iniesta, Cesc, Silva, Joaquín, David Villa… sea la de mayor calidad de los últimos años. Está más cuajada y ha crecido mentalmente entre los palos de los críticos y la acidez de la grada. Los jugadores y el propio seleccionador reconoce que están ante uno de esos momentos. Aprendieron mucho de la derrota ante Francia en el Mundial y hoy la selección es una piña, como se demostró en el último partido de la fase de clasificación, donde acabaron manteando al seleccionador, en un gesto de complicidad y de compromiso.