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Ciencia y futuro
Investigación - LHC, la máquina que recreará el Big Bang

* El LHC funcionará desde principios
del verano 24 horas al día durante dos décadas al servicio de la Ciencia

* Esta máquina superlativa será capaz de recrear las condiciones del Big Bang, el instante mismo del origen del Universo

El instrumento científico más impresionante jamás construido por el hombre tiene proporciones colosales. Se trata de un anillo de 8,6 kilómetros de diámetro —27 kilómetros de circunferencia— enterrado entre 50 y 150 metros de profundidad, a caballo entre Suiza y Francia, muy cerca de Ginebra. El gran acelerador de partículas (Large Hadron Collider, LHC) permitirá a los físicos, a partir del próximo verano, estudiar el comportamiento de las más pequeñas partículas subatómicas, los ladrillos elementales de la materia, abrirá nuevas puertas al conocimiento de lo infinitamente pequeño, y también de lo infinitamente grande porque será capaz de reproducir las condiciones exactas del nacimiento del Universo.
El LHC es una faraónica demostración de superconductividad, esa situación especial en la que ciertos materiales conductores transportan, a bajísimas temperaturas, la corriente eléctrica sin resistencia alguna y por tanto sin calentamiento. En este estado de superconductividad, el gran acelerador permitirá trabajar con intensidades eléctricas impensables de hasta 13.000 amperios, equivalentes a más de 30.000 veces la intensidad de una bombilla eléctrica de 100 vatios.

A la velocidad de la luz
Sin esa escala de intensidades eléctricas sería imposible generar campos magnéticos de suficiente potencia como para guiar las trayectorias de los haces de partículas, lanzados al 99,9 por ciento de la velocidad de la luz (300.000 kilómetros por segundo). Puesto a batir récords, el gran acelerador constará de 1.800 conjuntos de imanes integrados por 7.000 kilómetros de cables superconductores.

Para evitar que los haces de partículas se vean interferidos en sus trayectorias por las moléculas de gas en el ambiente es necesario limitar al máximo su número, y para ello se trabaja en un vacío casi absoluto, equivalente al espacio interplanetario. Las 10-13atmósferas de presión superan en un orden de magnitud al vacío existente sobre la superficie lunar, y esto se consigue mediante el bombeo extractivo de 9.000 metros cúbicos de gas en el interior de los tubos de vacío de los imanes, volumen equivalente al contenido de la nave de una gran catedral.

El LHC será capaz de recrear las condiciones primigenias del Universo, hace 13.700 millones de años, cuando aquel único punto de energía casi infinitamente denso y caliente entró en brusca expansión en el proceso que conocemos como Big Bang. Las colisiones de las partículas en el anillo alcanzarán temperaturas de miles de millones de grados, aquellas que sólo existieron durante apenas una cienmilésima de segundo tras la colosal explosión. El gran acelerador pondrá el Big Bang en manos de los físicos.

Esta máquina prodigiosa, cuyo coste de construcción alcanza los 4.000 millones de euros, ha sido concebida por el CERN (Centro Europeo de Física de Partículas) en un empeño multinacional. Trabajará 24 horas al día durante los próximos veinte años, salvo los parones de mantenimiento, y permitirá a cerca de 9.000 investigadores de todo el mundo llevar a cabo sus trabajos y experimentos. Porque no se trata de un costosísimo juguete, sino que permitirá desarrollar una infinidad de campos relacionados con la investigación fundamental: física, química, matemáticas, astronomía, informática, medicina, electrónica, biología...

Y la máquina maravillosa está a punto de ser inaugurada. Terminados ya los ocho sectores del gran anillo, dos de ellos han sido puestos en frío, en enero se habrán enfriado otros tres, y los tres últimos antes de marzo.

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