Cultura.
EL PRADO, el museo crece
Ha sido una
de las ampliaciones museísticas más
complicadas. Por muchos motivos. Pero el Museo del Prado ve
ya la luz al final del túnel y la anhelada ampliación
ha entrado en su recta final. Previsiblemente, el arquitecto
Rafael Moneo entregará las obras estos días,
aunque habrá que esperar hasta junio de 2007 para la
inauguración de los nuevos espacios diseñados
por el arquitecto navarro.
Las obras del Casón del Buen
Retiro (interminables) «van a buen ritmo», según
Miguel Zugaza, y estarán concluidas en mayo del próximo
año. Habrá que añadir el tiempo que dedique
el museo a equipar estos espacios, destinados a Centro de Estudios
del Prado, una vez descartados para acoger la pintura del XIX,
como siempre estuvo previsto. El Casón, junto al Palacio
de Villanueva y el edificio de Moneo en el Claustro de los
Jerónimos, conformarán el Campus Museo del Prado,
al que en un futuro se unirá el Museo del Ejército,
que albergará el Salón de Reinos.
Sin duda, la ampliación del Prado será la
noticia cultural del año. Por trascendencia y por la
polémica que ha habido en torno a ella. El proyecto
de Moneo permitirá ampliar sustancialmente la superficie
expositiva del Prado, que siempre ha tenido en los problemas
de espacio su mayor escollo. Buena parte de sus fondos se hallan
repartidos por distintas Comunidades Autónomas (el llamado
Prado disperso) o duermen en los almacenes. Se incrementará la
superficie en 15.715 metros cuadrados útiles (1.910
metros cuadrados para salas de exposición; 1.078 para
almacenes y 1.056 para Restauración y departamentos
técnicos), conseguidos por un edificio de nueva planta
alrededor del Claustro de los Jerónimos, así como
un área bajo rasante que conectará este nuevo
edificio con el de Villanueva. Dicho incremento supondrá alrededor
de un 50 por ciento respecto a los 28.600 metros cuadrados
de Villanueva. El coste de esta intervención es de 113,7
millones de euros.
En julio del año pasado, la ministra de Cultura, acompañada
por Rodrigo Uría, Miguel Zugaza y Rafael Moneo, realizó su
primera visita a las obras de ampliación del Prado.
En esa fecha, las obras sufrían una paralización
parcial, debido a un tercer modificado del proyecto. Moneo
señalaba entonces que «algunos tachan la ampliación
de modesta. Voluntariamente, no se quería perder la
identidad del Prado y eso exigía contención.
No todos se hubieran atrevido a hacer una fachada como ésta
en los tiempos que corren. Me gustaría que esta obra
mereciera consideración y respeto». Y es que los
incidentes han perseguido desde el comienzo a este proyecto
y a su arquitecto. Los ha habido políticos. Carmen Calvo
y Rodrigo Uría (que en su día advirtió: «Todos
nos hemos relajado en la ampliación») tuvieron
sus más y sus menos, después de que la ministra
anunciara un desvío del gasto presupuestario de un 256
por ciento en algunas de las áreas de las obras de ampliación
del Prado, que atribuyó a una herencia adquirida del
Gobierno anterior. El presidente del Patronato le pidió que
no convirtiera la pinacoteca en terreno de batalla política.
Calvo le recordó a Uría que las obras de ampliación
del Prado «no tienen nada que ver con el Patronato».
La sangre no llegó al río.
El subsecretario de Cultura, ante la Comisión de Cultura
del Congreso, no sólo acusó al anterior Gobierno,
sino también a contratistas y UTES e incluso a Moneo.
Habló de errores de medición, deficiencias, desórdenes,
imprevisiones, prisas excesivas, bloqueos, costosas indemnizaciones...
Vamos, que no dieron una a derechas. Achacó parte del
problema a las variaciones producidas en Los Jerónimos
y enumeró los cambios de calidades impuestos por Moneo
(instalaciones eléctricas, carpintería metálica,
chapado, cambios de piedra...) que ascendían a 13,5
millones de euros. A los 61,5 millones de presupuesto inicial
hubo que sumar otros 52,2 millones. Moneo seguía defendiendo
su proyecto a capa y espada y advertía que «los
políticos deberían acostumbrarse a pensar que
las obras están por encima de legislaturas». Dice
que «a pesar de los pesares» se embarcaría
de nuevo en el proyecto.
Incidentes políticos, pero también sociales,
que llegaron de la mano de los vecinos del barrio de Los Jerónimos,
quienes emprendieron una cruzada contra el Cubo de Moneo y
dieron incontables quebraderos de cabeza al arquitecto. La
movilización vecinal llegó hasta los tribunales.
Las críticas le llevaron a modificar parte del proyecto
original: la cubierta acristalada del parterre pasó a
una solución ajardinada; el Cubo tuvo que separarse
de la iglesia unos metros; la fachada cambió de material
(tiene un zócalo de granito y el resto, columnata incluida,
está revestido de ladrillo)... La puerta principal es
obra de la escultora Cristina Iglesias.
El Prado afronta su año más decisivo. A la inauguración
de la ampliación, se suma un interesante calendario
expositivo, en el que los protagonistas serán Tintoretto
y Velázquez. El 29 de enero se inaugurará una
monográfica del pintor veneciano (la segunda que se
le dedica, tras la que se organizó en Venecia en 1937),
que reunirá alrededor de sesenta pinturas y dibujos
de toda su producción. En otoño le tocará el
turno al genio sevillano con la muestra «Fábulas
pintadas», centrada en Velázquez como pintor de
historias sagradas o religiosas. «La Venus del espejo» volverá al
Prado.
Una vez inaugurada la ampliación, comenzará a
funcionar la Sociedad Estatal Museo Nacional del Prado Difusión,
que se ocupará de la comercialización de los
productos y publicaciones del museo. Con ello se espera aumentar
los ingresos propios (de 3,2 millones de euros en 2000 se pasará a
8,1 millones en 2007), mejorar la oferta de productos y lograr
una mayor difusión. El próximo año el
museo contará con un presupuesto de 40,6 millones y
espera conseguir 15,8 millones de euros de ingresos propios.
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