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El diario del Juicio
«El Chino» reconoció que participó en la matanza a uno de sus hermanos
Marzo 29/03/2007 - 22 ª sesión
C. Morcillo/N. Colli

Mustafá Ahmidan declaró en el juicio del 11-M que su hermano Jamal Ahmidan, «El Chino», era uno de los islamistas que grabaron el vídeo de reivindicación de la matanza. El testigo reconoció su voz cuando escuchó la cinta en el Juzgado de la Audiencia Nacional.

En ese momento, la participación de «El Chino» en los atentados ya no le cogió por sorpresa, pues su hermano lo había admitido una de las dos veces -la última, a finales de marzo- que ambos coincidieron tras el 11-M. «Le pregunté por qué no contestaba a las llamadas; le dije que la familia estaba preocupada y que la Policía preguntaba por él aquí y en Marruecos. Le pregunté si tenía relación con el 11-M y me contestó que sí. Pero la verdad es que no le creí...». Ese día, «El Chino» había ido a ver a Mustafá junto a Rachid Oulad Achka, otro de los suicidas, al bar que su hermano regentaba. Cuando se despidieron, Rachid le dijo: «Pide a Dios que no nos cojan vivos».

Nunca hasta ahora Mustafá Ahmidan había hablado de estos hechos porque, según explicó, «cuando me detuvieron tenía miedo de que me implicaran» y por «presiones de la familia». La primera vez que se vieron tras el 11-M, Mustafá no sospechó nada de su hermano, pese a que éste considerara «injustas» las detenciones de los primeros marroquíes, sobre las que vieron las noticias en televisión. «¿Injustas? Si han matado a mucha gente», le reprochó Mustafá. Pero «El Chino» replicó que si no había visto a sus «hermanos que mueren en Irak».

Otro de los hermanos de «El Chino», Youssef Ahmidan, declaró ayer que le vio dos días después del 11-M en el bar de Mustafá. Hacía más de dos meses que no sabían nada de él y toda la familia estaba inquieta. «No hablamos de los atentados porque creíamos que eran obra de ETA».

Mustafá y Youssef no ocultaron que su hermano vivía del tráfico de drogas, actividad en la que otro de los procesados, Abdelilah El Fadual El Akil, era su «mano derecha». Tras su estancia en una prisión en Marruecos por un homicidio, «El Chino» se transformó. Según Mustafá, este cambio sólo supuso que dejara de fumar y de beber y que recomendara hacer lo mismo a toda su familia.
Youssef describió la transformación de forma más precisa: «Cuando volvió estaba distinto. Quería que la familia regresara a nuestro país porque esto no era el paraíso». A preguntas de la fiscal, relató que Jamal hablaba de Palestina, Irak, de política y de por qué nadie paraba lo que estaba ocurriendo en esos países.

Al giro religioso y al «fanatismo» de «El Chino» se refirió también un amigo suyo, testigo protegido, que relacionó este hecho con el momento en el que Jamal Ahmidan conoció a «Abu Dahdah». Aunque, precisó, «es una deducción mía». Este testigo, que terminó enfrentado con «El Chino», fue quien aportó la identidad del suicida a la Policía. «Sólo después -dijo-, pudieron sacar su foto del ordenador».
«El Chino» llamó a su madre desde el piso de Leganés poco antes de suicidarse. De esa llamada, Youssef relató que su hermano dijo «que se iba a inmolar y le pidió perdón». «Mi madre perdió la conciencia, no podía creerlo». Mustafá puntualizó que su hermana le contó la despedida telefónica de Jamal el mismo 3 de abril.






22ª sesión del juicio

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