Reflexiones de la Reina
«El Rey y yo no somos iguales, sino complementarios»

«El Rey y yo no somos iguales, sino complementarios»

En una conversación informal, la Reina habla de su actitud ante la vida, de sus hijos y sus nietos, de la solidaridad, del paso del tiempo y del amor a los animales. «No basta con estar, hay que hacer», afirma.

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS

Esta conversación empezó en un viaje de cooperación de la Reina a Indonesia y hubo que esperar a otro viaje a Camboya para terminarla. Un pequeño grupo de periodistas —Efe, La Vanguardia y ABC— nos sentamos en un salón del Hotel Le Royal de Phnom Penh con la idea de escuchar algunas reflexiones de la Reina con el compromiso de publicarlas en estas fechas, con motivo de su setenta cumpleaños. Entre recuerdos y anécdotas, el tiempo pasó volando, Doña Sofía se quedó sin cenar y a punto estuvimos todos —ella también— de perder el avión comercial de regreso a España. Pero antes habló de su forma de entender la Monarquía, de la relación con el Rey, sus hijos y sus nietos, de la solidaridad, de la vida y de la muerte, del paso del tiempo y del amor a los animales.

«Representar al país es muy importante, pero eso no es todo. No basta con estar, hay que hacer». Así explica la Reina su forma de entender no sólo la Monarquía sino la vida. Y es que está convencida de que «lo principal en nuestra vida es el otro. Ese es el valor, no sólo en la Monarquía. Cualquier familia puede tener ese valor».

En cuanto a su relación con Don Juan Carlos, afirma: «El Rey y yo no somos iguales, eso es obvio, sino complementarios» y explica: «En los viajes, por ejemplo, el Rey hace la parte más oficial y yo me ocupo de otras, como las relacionadas con la cultura y el turismo del país. Puede parecer una frivolidad, pero es importante. Visitar los monumentos o lugares típicos de un país es una forma de ayudar al país que se visita».

Con esta actitud, a pesar de haber nacido Princesa y de llevar casi 33 años siendo Reina, Doña Sofía  siempre ha preferido «ver lo que hay en el mundo, aunque yo no lo pueda vivir», antes que aislarse en Palacio. Considera «una bendición» haber tenido «una vida muy movida», porque «da apertura de mente, dentro de la cultura de uno, que es la base, pero todas las experiencias enriquecen».

Es precisamente este afán por conocer la realidad, por muy dura que sea, lo que más llama la atención de la Reina: «No me da asco nada y tampoco podría rechazar lo que me ofrecen (se refiere a bebida y comida) porque podría interpretarse como una ofensa. Yo no tengo problemas. He pateado el sur de la India descalza». «El impacto es ver las diferencias en la manera de vivir, las culturas diferentes, la manera de vivir de cada cultura y las circunstancias, que no se pueden comparar entre ellas».

Afirma Doña Sofía que «el papel de la mujer es imprescindible para el desarrollo». De hecho, la mayor parte de los microcréditos que se conceden para salir de la pobreza se entregan a mujeres. Poco a poco, la conversación deriva hacia las cuotas femeninas, que según la Reina, «al principio quizá ayuden algo, pero no deben ser estrictas». En su opinión, «no habrá igualdad hasta que no exista un Ministerio del Hombre».

A pesar de su vocación viajera y de su gran curiosidad por conocer otras formas de vida, Doña Sofía no añora haber disfrutado de algo más de libertad. «Yo he hecho lo que quería hacer. Me he sentido libre. Me conformo con lo que hago. Ya sé que no puedo salir a la calle, pero tampoco me hace falta. Cuando estaba en Grecia, tampoco salíamos de Palacio. Hacíamos viajes por el país. Cuando volví para los Juegos Olímpicos de 2004, y me quedé alojada en el hotel, vi todo desde otra perspectiva. Podía vestirme con una camisa, unos pantalones y unas zapatillas deportivas. Ahora, como Reina, era mucho más libre que antes, siendo Princesa».

«No me dejaron ir a la Universidad»
No obstante, reconoce que el 22 de noviembre de 1975, cuando se convirtió en Reina de España, le cambió la vida: «En 1973 los sábados por la mañana iba a cursos de Humanidades en la Universidad Autónoma para hacer algo, porque estábamos todo el día sin hacer nada en La Zarzuela. Quise ir a la Universidad, pero no me dejaron, y esos cursos me llenaban mucho. Tenía contacto con los universitarios, y no era una época fácil para estar con ellos. El 22 de noviembre de 1975 pensé: ¿qué va a pasar mañana cuando vaya a la Universidad? No podía entender que ya no era igual que ayer. El sábado siguiente, vi que una de las compañeras de clase me estaba esperando con  un ramo de flores. Y dije: esto no es posible, el hielo se ha roto y seguí yendo de forma habitual. Si no se reanuda la vida igual que antes inmediatamente, luego ya es muy difícil hacerlo».

Por aquellos años, la Familia Real griega no podía viajar a su tierra, pero Doña Sofía no recuerda esos tiempos con tristeza: «En esa época estábamos tan ocupados… Vivíamos unos momentos tan interesantes en España... Era una vida muy desafiante, teníamos muy buenos amigos y mucha ayuda».
Asegura que no le costó adaptarse a España «en absoluto, porque el carácter (de los griegos) es muy parecido al de los españoles. Además, mi marido me ayudó mucho». Como muestra de los esfuerzos de Don Juan Carlos por agradarla, Doña Sofía cuenta que «en el viaje de novios, que duró tres meses, él me hizo todas las maletas».

Ahora, 46 años después de su boda, con tres hijos y ocho nietos, califica de «gratificante» su vida familiar. Doña Sofía sólo tiene palabras de afecto para sus yernos y su nuera. Un afecto que no se ha visto afectado por la separación matrimonial de los Duques de Lugo. De la Princesa, a la que apoyó desde el principio, destaca que «es muy inteligente y trabajadora y nos ayudamos mutuamente». Admira su facilidad para hablar en público y asegura que «tiene oficio».

La Reina afronta sus 70 años muy ilusionada. «Mientras se tiene salud, no hay problema ninguno, y yo tengo salud», afirma. En su opinión, «no hay que perder las ilusiones», pues lo importante es «poder contribuir, como hago, aunque sea la edad de jubilarse, porque uno nunca se jubila de la actitud. Yo disfruto de todo, de lo que sea. No entiendo a la gente que no puede disfrutar de la vida. Hay tanto que aprender... Nunca se deja de aprender».

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