viernes 5 de octubre de 2012
Valoración:
JOSÉ MARÍA CARRASCAL
Romney pone a España como ejemplo negativo y el New York Times sigue su campaña contra ella. Demasiadas casualidades

QUE Obama ha perdido el primer debate televisado con Romney no lo discute nadie. El brillante orador que suele ser el presidente apareció apagado, a la defensiva, como ido a veces. Mientras Romney, sabiéndose detrás en todas las encuestas, salió como uno de esos equipos modestos que se miden con el Madrid o el Barça: a darlo todo, sin importarles la fama o la clase del rival. Y siendo la televisión más imagen que ideas, le arrolló.

La gran incógnita hoy es si estamos ante un vuelco en la carrera presidencial o ante una mala noche de Obama. Quedan dos debates, queda un mes hasta que se vote y queda el hecho de que los norteamericanos tienen una larga experiencia democrática, sopesan todos los factores y no se dejan deslumbrar por un simple hecho. Y ahí, Obama lleva ventaja para la mayoría, mientras Romney, que paga menos impuestos que su secretaria, sólo la tiene entre los más ricos. Pero el presidente tendrá que espabilarse, pues su rival llega a la bayoneta, echando mano incluso de España, a la que puso como ejemplo del mismo despilfarro gubernamental que atribuye a Obama. Justo lo contrario de lo que está ocurriendo, pues España se halla en medio de un ajuste durísimo y el astronómico déficit USA se generó bajo Bush. Pero ya saben ustedes que las campañas electorales son un concurso de mentiras.

Hablando de mentiras, el New York Times publicó el miércoles un artículo cuyo título lo decía todo: «Spanish Prisioners». Los prisioneros de España, según los autores, Richard González y Jaume Clotet, son los catalanes desde su más remota antigüedad. Se inventan, según las más rancias y engañosas tesis del catalanismo, una nación catalana independiente que se ha pasado su historia luchando por su libertad contra España. Cuando fue una «Marca» del Imperio Carolingio, formó luego parte del Reino de Aragón y su «lucha» a principios del siglo XVIII no fue por su independencia, sino para poner en el trono español a un pretendiente austriaco, al haber muerto Carlos II sin sucesión. Pero así se escribe la historia en los periódicos.

Preguntado uno de los autores del artículo sobre ello, contestó que se lo había encargado el New York Times «en ese sentido». Después del reportaje fotográfico del mismo periódico sobre las miserias de la España actual -que se quedarían cortas si hiciéramos otro sobre las miserias neoyorquinas- y de la publicación del citado artículo el mismo día del debate televisado donde Romney aludió a España, es lícito preguntarse si el NYT no está utilizándola contra Obama en la campaña, al ligarles negativamente. Pues son demasiadas casualidades.

Un intelectual español en Estados Unidos ha enviado al «mejor periódico del mundo» una carta clarificando los errores del artículo. Veremos si la publica. Porque puede o no puede ser el mejor periódico, pero el más insidioso, seguro.