Detalle del «Aguador de Sevilla» - ABC

El valioso equipaje que José Bonaparte intentó llevarse a Francia

Más de 80 obras de arte de la colección Wellington de Londres proceden del convoy que el «rey intruso» dejó atrás en su huida tras la derrota de Vitoria

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José Bonaparte abandonó Madrid en marzo de 1813 llevándose consigo un convoy «tan inmenso, que al verlo creeríase que en la capital de la monarquía no quedaba no quedaba un alfiler», escribió Benito Pérez Galdós en sus «Episodios Nacionales». Hacía días que «habían sido embargados cuantos coches, carros y calesas rodaban por las calles de la villa y casi toda la servidumbre se ocupaba de las diversas riquezas que José y los suyos se habían apropiado» pues «no eran nada melindrosos ni encogidos para esto del incautarse», relataba el novelista en el capítulo sobre el célebre equipaje del hermano mayor de Napoleón, más conocido en España como Pepe Botella.

Joyas, oro, cuadros, tapices y otras muchas obras de arte y objetos de valor formaban parte del valioso convoy que viajó primeramente hasta Valladolid y cuando, ante el avance del ejército de Wellington, hubo que evacuar la ciudad a principios de junio, se encaminó hacia Francia en su huída. Pero en Vitoria los franceses tuvieron que hacer frente a la persecución aliada. La derrota aquel 21 de junio fue aplastante. José Bonaparte logró escapar hacia Pamplona, dejando atrás buena parte del inmenso convoy que le acompañaba, con su contenido esparcido por la llanura de Vitoria.

Ilustración de la batalla de Vitoria
Ilustración de la batalla de Vitoria- ABC

«El terreno que rodeaba la ciudad estaba lleno de carros rotos de todo tipo, cajas, maletas, baúles y equipaje, mientras que masas de papeles, mapas, libros de contabilidad y cartas yacían por doquier en cantidades que lo asemejaban a una nevada. En su codicia de pillaje los soldados no sólo habían arrancado los cojines y los asientos de los vehículos y los palenques enemigos y arrojando su contenido al exterior, sino que habían saqueado todos los vagones y cajas pertenecientes a los departamentos de contabilidad civil y militar del ejército y diseminado las listas, cartas y documentos acumulados durante años. Yo vi enormes y esmeradamente conservados libros pertenecientes al Tesoro Real, maravillosos mapas y libros ricamente encuadernados de la Biblioteca Real de Campo, pisoteados y empapados por lluvia que había caído durante la noche», relató un testigo ocular que acompañaba al ejército de Wellington, según recogían José Luis Comellas y Luis Suárez Fernández en su tomo «Del antiguo al nuevo régimen: hasta la muerte de Fernando VII».

Entre el equipaje del rey José, los soldados de Wellington encontraron «no solo documentos de estado, algunas cartas de amor y un orinal de plata, sino también más de doscientas pinturas sobre lienzo, desclavadas de sus bastidores y enrolladas, junto con dibujos y grabados», señalaba Xavier Bray en un artículo que recoge el Museo del Prado. El director de la Wallace Collection relataba que Wellington envió todo aquello a Inglaterra «para ponerlo a salvo bajo la custodia de su hermano lord Maryborough».

Había 175 obras, muchas de ellas pinturas de la colección real española, según catalogó William Seguier, conservador de la pinacoteca real y posteriormente de la National Gallery. Bray cuenta cómo una vez fue informado el duque de Wellington, ordenó devolver las obras al repuesto rey de España Fernando VII.

«El 16 de marzo de 1814 pidió por carta a su hermano sir Henry Wellesley, entonces representante británico en España, que comunicase a Fernando VII el paradero de las obras y su deseo de devolverlas a España», apunta el antiguo conservador jefe de la Dulwich Picture Gallery de Londres. Sorprendentemente, no recibió respuesta.

En septiembre de 1816, se insistió con una nueva carta al representante español en Inglaterra y a ésta el conde de Fernán Núñez respondió: «Adjunto os transmito la respuesta oficial que he recibido de la Corte, y de la cual deduzco que Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables».

El actual duque de Wellington, Charles Wellesley, resumía así los hechos en ABC: «Fernando VII le regaló todas las pinturas rescatadas en Vitoria, que mi antepasado quiso devolver a España. Apsley House, que está abierto al público, es el hogar de las pinturas más importantes de esta colección».

Son en total 83 pinturas las procedentes del equipaje del rey José que forman parte del Wellington Museum de la Apsley House londinense. Entre ellas se encuentra el «Aguador de Sevilla», de Velázquez, la «Última Cena» de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Católica; una «Sagrada Familia» de Giulio Romano que antiguamente se atribuyó a Rafael, la «Oración en el huerto», de Correggio o el «Orfeo hechizando a los animales», de Padovanino.

No era la primera vez que se recompensaba a Wellington por su labor frente a las tropas napoleónicas. La regencia española lo había premiado en agosto de 1812, tras la batalla de Salamanca, con doce pinturas del palacio real de La Granja de San Ildefonso, añade Bray.