Foto de archivo del Purim en Israel
Foto de archivo del Purim en Israel - EFE

El «Purim», la fiesta más desenfadada del judaísmo

La comunidad sefardí conmemora la salvación de dos matanzas durante la Edad Media en España

Estas celebraciones dieron lugar a la creación de coplas «purímicas»; como los primeros textos escritos en ladino, el idioma hermano del castellano antiguo

MadridActualizado:

San Millán de la Cogolla acogió las Novenas Jornadas Sefardíes en La Rioja durante el mes de noviembre, que se celebraron en el monasterios de Yuso, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1997.

El fin de esta convocatoria fue la promoción del valor histórico del «Purim», el carnaval judío, en la construcción de la memoria de España, a través de la lectura y reflexión de los textos sefardíes que conmemoran esta festividad hebrea.

En su forma original estas coplas hacían alusión a la salvación del pueblo de Israel de una matanza en la Persia del rey Asuero. Sin embargo, el asentamiento de los judíos en el siglo I d.C les permitió participar en la conciencia histórica de la Península; y con ello impregnar de esta tierra a su cultura religiosa tras varios eventos en los cuales se vieron amenazados.

De esta manera, gracias a sus aportaciones literarias judeoespañolas podemos acceder a la profundidad de la Historia de España durante la Edad Media.

El ladino: el legado lingüístico de Sefarad

«Las primeras palabras en castellano, se encuentran en los archivos de estos monasterios», sostiene Uriel Macías, el coordinador de estos seminarios.

El idioma que hablaba la mayoría de la comunidad sefardí hasta 1950 era el ladino. Su origen radicaba en el castellano hablado por los mismos en la Sefarad (Península ibérica), con algún matiz semántico del hebreo.

Mientras el latín imperaba en las escrituras, los sefardíes empezarían a democratizar la cultura al redactar en judeoespañol. De esta manera, se rompía una barrera en el disfrute y conocimiento de la literatura, de la cual únicamente podían disfrutar aquellos con conocimientos en la lengua de Roma.

Existe un gran repertorio de «coplas purímicas», escritas en ladino, las cuales tratan diferentes temáticas: religiosas, sociales, culturales y políticas a lo largo de la Historia de los sefardíes.

Foto de archivo Komplas de Purimsalónicas
Foto de archivo Komplas de Purimsalónicas-ABC

Durante más de 500 años las coplas purímicas se han convertido en el espíritu del carnaval judío y en embajadoras de nuestra lengua en el Mediterráneo oriental. Los sefardíes -a pesar su expulsión por los Reyes Católicos en 1492- llevaron el estandarte de la lengua castellana, en la creación y traducción de numerosas obras al judeoespañol.

Ni la Santa Inquisición, ni el Edicto de Granada lograron que el sefardí sintiese desarraigo por España, a la que llevaron en el alma durante ese éxodo hasta su retorno alrededor de 1917; (cuando comienzan a reorganizarse nuevamente las comunidades judías).

La herencia lingüística que les legó esta tierra la cuidaron y la defendieron frente a los nacionalismos en los Balcanes durante el siglo XIX.

Todos aquellos sefardíes que se instalaron en los países del Mediterráneo (Marruecos, Italia, Grecia, Turquía, y toda la zona de los Balcanes) -continuaron el legado del ladino como un sello de identidad.

Aunque la actividad cultural del ladino no fluctúa como antes de la Segunda Guerra Mundial, la difusión en judeoespañol sigue manifestándose entre las comunidades judías de todo el mundo; siendo la fiel hermana de la lengua castellana.

El Purim

La festividad gira en torno al agradecimiento por el milagro de salvación del pueblo judío en el Imperio persa. Sin embargo, dado el carácter nómada de esta comunidad, los hebreos han establecido nuevos Purim en otros lugares del mundo; a causa de episodios violentos donde corrieron el riesgo de ser erradicados.

Los hispanojudíos estuvieron en grave peligro en diversas ocasiones durante la Edad Media en España, y en honor a la intercesión divina decidieron establecer «Segundos Purim» que conmemorasen su salvación en Granada y Castilla. No obstante, para entender la razón de ser de estas celebraciones las Novenas Jornadas Sefardíes de la Rioja resucitan a través de «las coplas» a la heroína del pueblo hebreo: la Reina Esther.

La lealtad de una Reina con su pueblo

En el siglo V a.C, el Rey Asuero- también conocido como Jerjes- convocó a todos los príncipes y gobernantes del Imperio Persa en una fiesta que duró alrededor de seis meses, donde todos juntos, entre vinos y manjares, prepararían una venganza contra los griegos.

La primera esposa de Jerjes, la Reina Vasti, ofendió a los invitados y al rey cuando no respondió a la llamada para presentarse en los banquetes. De esta manera, Asuero decide destituirla y buscar una nueva mujer.

Los cortesanos le sugirieron romper la tradición -casarse con la hija de alguno de los siete consejeros del reino- y contraer nupcias con cualquier chica hermosa y virgen del Imperio.

Entre aquel montón de doncellas se encontraba Esther. Esta joven judía y huérfana- fue criada por su primo, el rabino Mardoqueo, quien la amaba como a una hija. Su tutor le suplicó que por su seguridad nunca revelase su credo. Aún temerosa de aquel hombre, Esther se encomendó a un eunuco llamado Hegai, quien la vistió y preparó para la cita con un Rey hastiado de ver mujeres y mujeres. Asuero se enamoraría nada más verla.

Mardoqueo gozaría de una posición privilegiada entre los visires del Rey, gracias a encontrarse en el momento y lugar adecuados cuando descubrió un complot contra Asuero; a quién le hizo saber el peligro que le acechaba. Sin embargo, el consejero favorito del soberano, Amán, estaba muy molesto con el rabino por no haberse inclinado a sus pies. La indiferencia de éste despertaría la ira contra él y el pueblo de Israel.

Jerjes, conocido por su avaricia, que le ofreció más riquezas para su Reino, pero con la condición de que elaborase un decreto que le permitiera erradicar a todos los judíos del Imperio persa. Cuando el monarca aceptó los regalos, su guerra personal contra Mardoqueo pareció cantar victoria.

El rabino acudió junto a la Reina Esther y pidió que intercediera por sus correligionarios. Temerosa de la posible reacción de su Rey, titubeó por miedo a ser asesinada por su propio marido.

«No pienses que estando en el palacio del rey sólo tú escaparás entre todos los judíos. Porque si permaneces callada en este tiempo, alivio y liberación vendrán de otro lugar para los judíos, pero tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para una ocasión como ésta tú habrás llegado a ser Reina?», Ester 4:13-14.

Con las sabias palabras del rabino, Esther sintió la mano de Dios en su alma. Por lealtad a su pueblo accedió imponiendo a todos los judíos un ayuno de tres días, pues a través de ella se daría la intercesión divina.

«Y así iré al Rey, lo cual no es conforme a la ley; y si perezco, perezco», Ester 4:16.

Aunque su marido no la había tocado en treinta días- asunto que alimentaba la inseguridad de Esther, pues en el aparente desinterés podría brotar la crueldad hacia ella- la recibió con todo el amor y dispuesto a complacerla.

Sin embargo, la intuición y la prudencia de esta heroína le impidieron revelar el motivo de su aflicción, para con ella y el pueblo de Israel. Inteligentemente, Esther convidó a su marido y a Amán a dos banquetes, lo que hizo que gozara aún más del favor de su marido.

Cuando el segundo festín terminó, Amán -que desconocía la verdadera causa de la reunión- fue sorprendido por la confesión de su Reina y por lo tanto de su acusación; señaló al visir por condenarla a ella y a todos los judíos del Imperio persa a muerte. Asuero, enamoradísimo de su esposa, condenó al visir a la horca y con ello delegó el poder a Mardoqueo para anular el decreto de exterminación.

Un día después de que colgasen al ruin consejero, el rabino instauró el «Purim» en agradecimiento por el milagro. Este carnaval se celebraría todos los años para conmemorar la intercesión divina a través de la lealtad de Esther.

Segundos Purim

«A lo largo de la Historia los judíos han mantenido la creencia de que han sido salvados de un grave peligro. Por esta razón, frente al alto riesgo de haber sido erradicados en más de una ocasión en distintas localizaciones de España; los hispanojudíos, agradeciendo la intercesión divina, han establecido su propio Purim local», sostiene Uriel Macías, coordinador de las Novenas Jornadas.

Se tiene conciencia de al menos dos episodios en el Sefarad -como así se referían a la Península-, en donde se corrió el riesgo de pogromo de este colectivo.

Durante la guerra librada entre los reyes de Almería (Zuhaír) y Granada (Badis ben Habús), Samuel Negrella -visir del soberano granadino, poeta y máximo representante espiritual del judaísmo en la península- narraría la batalla en 41 poemas. Este rabino establecería un carnaval local en agradecimiento a Dios, por librarse la comunidad de la crueldad de Zuhaír.

«En la España musulmana, en el año 1038, se libró una batalla entre los ejércitos de Granada y Almería, cerca de la aldea de El Fuente. ... Tenía muchas razones para temer que la derrota de Granada significaría no sólo su caída personal, sino la de toda la comunidad judía. Por esto, cuando las fuerzas de Granada resultaron victoriosas, declaró un Segundo Purim» explica Yosef Hayim Yerushalmi en su obra «Zajor: la historia judía y la memoria judía».

José Amador de los Ríos también habló de ello en una de las obras más completas de la situación hebrea, durante el oscurantismo y la intolerancia religiosa, en «Historia social, política y religiosa de los judíos de España y Portugal». En el segundo tomo se habla de la vaga tranquilidad de los mismos durante el reinado de Alfonso V de Aragón, conocido como el Magnánimo.

En Zaragoza gozaban de una «mayor tranquilidad» siempre y cuando mostrasen lealtad al rey.

En el momento en que Alfonso V pasara por delante de la sinagoga; los rabinos debían colocar la Tik -una caja especial donde se guardaba el rollo de la Torá- para demostrarle respeto.

No obstante, un rabino pensó que era innecesario profanar las escrituras sagradas. De esta manera, decidió retirar la Torá y enseñar únicamente la Tik cuando el Magnánimo se encontrara frente a las puertas del templo.

Este detalle llegó a los oídos de un judío converso, quien rápidamente acudió junto al Rey para delatar a sus correligionarios.

Afortunadamente, la noche previa a la inesperada visita de Alfonso V, dos de los shamashim -los ayudantes del rabino y cuidadores de la sinagoga-, tuvieron el mismo sueño. Ambos habían sido advertidos por la misma voz, de que no debían sacar la Torá de la Tik.

A lo largo del día siguiente, Alfonso de Aragón se presentó en el templo y exigió que abriesen la caja; el rabino estaba aterrado. Para la sorpresa de los dos, la Torá estaba dentro. Los shamashim habían escuchado la voz de Dios, que salvaría a los judíos de Zaragoza; y el chivato converso fue condenado a la horca por orden del Magnánimo.

Este milagro dio lugar a un nuevo Purim, que aunque de origen local traspasaría las fronteras penínsulares.

El judeoespañol el idioma del éxodo de los hispanojudíos

Tras la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos con el Edicto de Granada en 1492; estas celebraciones se convertirían en nodrizas de la literatura castellana, durante el éxodo hacia el Mediterráneo oriental. Allí lograron mantener vivo el judeoespañol mediante la creación y divulgación de una amplia literatura escrita en esta lengua.

Italia, Grecia, Marruecos, Turquía etc. fueron los países donde se desarrolló una extensa actividad cultural en judeoespañol. No obstante, durante el siglo XIX sucedieron dos fenómenos simultáneos; por un lado la población sefardí había crecido considerablemente, y por el otro, estaba la presión de los Estados en la construcción de un sentimiento nacionalista.

Los descendientes de los expulsados de España seguirían usando el sefardí como lengua, de la cual hicieron su seña de identidad hasta la segunda mitad del siglo XX.

El Purim: la protesta contra el silencio

Durante la festividad se deben tener presentes los cuatro «mitzvot» o mandamientos : la lectura de la «Meguilá» (o los rollos de Esther), la celebración y regocijo, la «Mishloaj Manot» (enviar comida a los amigos) y «Matanot la Evionim» (dar caridad a los pobres).

El día anterior al carnaval, los judíos hacen ayuno en recuerdo de los tres días que permanecieron sin comer ni beber mientras ocurría el milagro de la salvación. Esa misma noche se lee la Meguilá en las casas. Durante la mañana del día siguiente la gente asiste disfrazada a la sinagoga para escuchar la lectura de «El Libro de Esther»; cuando mencionen el nombre del malvado Amán hacen sonar las carracas.

Los judíos se conciben como un solo pueblo, por lo que si un hijo de Israel está necesitado no tiene ningún sentido celebrar el Purim. De esta manera, al salir del templo se reparte caridad entre los pobres y golosinas a los amigos.

Foto de archivo de dos Hasidims en el Purim
Foto de archivo de dos Hasidims en el Purim-EP

Sin embargo, el ayuno, el disfrazarse y el hacer ruido en la sinagoga tiene un significado que va más allá de la fiesta: la reivindicación del judaísmo frente a la opresión.

«La mejor arma de un judío es el reconocimiento de que la fuerza y la victoria vienen solamente a través de Dios», Éxodo 17:10.

Los hebreos tienen la creencia de que el ayuno eleva su espiritualidad. El debilitamiento de sus fuerzas les hace entrar en un estado de mayor conciencia, de la cual brota la inspiración.

El origen del disfraz radica en la verdad oculta. Por protección, Mardoqueo le había ordenado a Esther que no revelara su verdadera identidad. El pueblo de Israel creía que el silencio era la mejor arma contra el antisemitismo.

Incluso para la ortodoxia judía, hacer ruido en la casa de la oración ese día es un acto de fe y protesta. Amán no fue el único peligro frente al que permanecieron callados a lo largo de la Historia; por esa razón se debe hacer ruido frente a las amenazas.

«El humor es otra de las armas con las que el alma lucha por su supervivencia. Es bien sabido que, en la existencia humana, el humor puede proporcionar el distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque no sea más que por unos segundos»
Viktor Frankl, Psiquiatra austríaco

Respecto a otras celebraciones judías, aún en la profundidad que implica el agradecimiento, es un día desenfadado con la obligación de divertirse y hacer reír a los demás. «En el Purim está bien visto excederse un poco», asegura Uriel Macías.