La piñata de Diego Rivera
La piñata de Diego Rivera - Hospital Infantil de México

Las posadas, el secreto mejor guardado de la Navidad en Nueva España

Durante el Virreinato, un fraile llamado Diego Soria creó una festividad muy pintoresca para preparar a los indígenas en el recibimiento del Niño Dios

MadridActualizado:

Las posadas son una serie de pintorescas de celebraciones, que conforman el rito navideño previo a la Nochebuena, que tienen lugar en algunos países de Hispanoamérica.

Su origen se remonta en el Virreinato de Nueva España (México) en 1587 durante la catequesis de las comunidades indígenas. Diego Soria, un fraile agustino, crearía este novenario especial para invitar a los paganos a abrazar la fe católica y hacerles partícipes en la celebración más bonita de nuestra religión: el nacimiento del Niño Dios.

Durante la evangelización, el religioso temía que los indígenas se mostraran reacios a nuestro credo. Al parecer, por estas fechas, ellos realizaban su propia ceremonia, en la cual se festejaba con mucho alborozo al dios Huitzilopochtli. De esta manera, el monje consideró pertinente aprovechar la época decembrina y ese espíritu festivo tan particular de los mexicas, para desarrollar una Navidad especial en la que aquella cultura tan expresiva se sintiera integrada.

No obstante, para evitar un posible rechazo hacia el catolicismo, los indígenas precisaban entender la alegría de esperar al niño Jesús. Pero eso sólo podría ocurrir si se reinterpretaba aquella difícil peregrinación de San José y la Virgen María desde Nazaret a Belén, nueve días antes de nacer Dios.

El religioso, tras obtener una bula papal de Sixto V, -donde se concedía el permiso para estas celebraciones- convocó a todos los indígenas en el Convento San Agustín de Acolman (Estado de México) donde tendrían lugar las misas de aguinaldo (hoy conocidas como posadas).

En estos nueve encuentros consecutivos se revivivían las penurias de la peregrinación del matrimonio, mientras buscaban una posada para que María pudiera dar a luz a Jesús.

La honorable misión de evangelización de Diego Soria, permitió con las misas de aguinaldo que los mexicas concibieran la alegría de esta espera y con ello vivir la Nochebuena y Navidad con regocijo. Con ello, gracias a este dinamismo en la religión, los indígenas la hicieron suya en vez de sentirla como una imposición del Reino de España.

Rápidamente las posadas se extendieron por toda Nueva España y las otras colonias de la Corona, convirtiéndose en una festividad que aunque de carácter religioso tenía un lugar para la diversión de los más pequeños.

Cada uno de los novenarios se comenzaba rezando el Santo Rosario. Después tenían lugar las representaciones teatralizadas del camino a Belén, y la pastorela (en la que los niños arrullaban al niño Dios y le cantaban villancicos). Al finalizar la ceremonia, los curas repartían entre los fieles un aguinaldo; el cual consistía principalmente en dulces y fruta (simbolizando los dones que implicaba recibir a Dios).

Con el tiempo se introdujo la famosa piñata de siete puntas. Los presentes tenían que golpearla con los ojos vendados, hasta caer las golosinas que contenía su interior. Este divertido rito simboliza los siete pecados capitales, los cuales se vencían con la fe ciega, para posteriormente recibir todas las bendiciones.

Con la emancipación mexicana del Reino de España, en el siglo XIX, las posadas dejarían de celebrarse únicamente en las iglesias, para entrar con fuerza en los hogares de los novohispanos. Existía una verdadera ilusión cuando se les presentaba el honor de hacer de anfitriones. Los caseros, al finalizar la ceremonia, brindaban a sus invitados bebidas y platillos típicos de estas fechas: ponche, atole, tamales, bueñuelos etcétera.

La gran tradición que nació en el Convento de Agustín de Acolman con Diego Soria, se sigue celebrando después de más de 500 años. Los mexicanos siguen reuniéndose en las casas y en las iglesias para celebrar las posadas, como un gran sello de identidad nacional y un sólido vínculo con el catolicismo.