Lienzo dedicado a la batalla de Pavía de Augusto Ferrer-Dalmau
Lienzo dedicado a la batalla de Pavía de Augusto Ferrer-Dalmau - AUGUSTO FERRER-DALMAU

«Miles de soldados murieron y España se arruinó para nada con las guerras de Carlos V y Felipe II»

Ian Morris publica «Guerra ¿Para qué sirve?» (Ático de los libros, 2017), una obra en la que repasa la gran historia militar e incide en uso de las contiendas por parte de las sociedades como factor clave de evolución

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Desde la conquista de América, hasta la Guerra Fría. Para Ian Morris, catedrático de historia en la Universidad de Standford, la guerra es una «herramienta» que -desde hace milenios- ha servido al ser humano para mejorar su sociedad. Un elemento que, paradójicamente, ha ayudado a reducir la violencia. De hecho, el experto la define como «el principal factor de la evolución» en su nueva obra: «Guerra. ¿Para qué sirve?» (Ático de los libros, 2017).

Y es que, según explica este experto en declaraciones a ABC, los datos estrictos apoyan su tesis: «Las tasas de muerte violenta han caído masivamente durante los últimos 10.000 años. En la Edad de Piedra la gente tenía entre un 10 y un 20 por ciento de posibilidades de morir violentamente. En el siglo XX, a pesar de las dos guerras mundiales y el Holocausto, el porcentaje era de entre el 1 y el 2 por ciento».

Morris, de la vieja escuela de los historiadores generalistas (los que consideran que es necesario abordar nuestro pasado como un conjunto, y no mediante la explicación de épocas concretas), analiza pormenorizadamente la evolución de la violencia a través de los diferentes períodos históricos. En su obra ahonda en el cambio de las armas de pólvora a lo largo de las décadas, en las tácticas militares que ayudaron a los pueblos a dominar el mundo y, por encima de todo, en la cantidad de muertes provocadas por las civilizaciones más sanguinarias.

«Los mongoles fueron los guerreros más letales. Está bastante claro que devastaron enormes zonas de China, India, el Oriente Medio y la Europa Occidental. Mataron a millones de personas en un tiempo en que la población del mundo era mucho menor que la de hoy en día», añade el experto a ABC.

A su vez, Morris distingue entre dos tipos de guerras: la «productiva» (la que a la larga «produce una sociedad más grande y más segura y reduce las tasas de muerte violenta» por traer posteriormente cierta paz) y la «contraproducente» (la que busca ese efecto, pero únicamente lleva al desastre). En sus palabras, un buen ejemplo de la segunda son los contiendas mantenidas por Carlos V y Felipe II en su intento por lograr que el Imperio español dominase el mundo conocido.

Felipe II por Antonio Moro
Felipe II por Antonio Moro

De hecho, sentencia que la lucha por lograr alzarse sobre el resto llevó a nuestro país a una ruina absurda. «España luchaba para lograr que toda Europa se sometiera a los Habsburgo y al catolicismo (lo cual es un objetivo claramente productivo, pues llevaría a una sociedad europea más grande), pero hacia 1643 ya estaba claro que habían fracasado. Murieron cientos de miles de personas, y España se arruinó para nada», destaca.

-¿Por qué considera la guerra como un factor positivo para la historia?

Yo no diría que la guerra es un factor positivo. Prefiero decir que nosotros, los humanos, como casi todos los animales, evolucionamos a base de utilizar la violencia para resolver nuestras disputas. Exactamente igual que fuimos capaces de evolucionar para cooperar en grupos grandes, la guerra (la violencia organizada) es otra de las herramientas que empleamos; y como todo lo que hacen los humanos, puede tener efectos positivos o negativos. Por definición, la guerra implica la muerte de las personas y la destrucción de las cosas, así que muchos de sus efectos son verdaderamente negativos, pero cuando analizamos la pauta histórica a largo plazo, sí es posible ver que la guerra siempre ha tenido un efecto positivo.

A veces la guerra comporta la absorción de una sociedad por parte de otra. Por eso, a medida que las sociedades crecen y se hacen más grandes, sus dirigentes se ven más presionados para pacificarlas internamente, lo cual reduce las tasas por muerte violenta dentro de esa sociedad. Los gobernantes no han hecho esto a lo largo de la historia porque sean buenas personas, ya que generalmente solo los que tienen una personalidad despiadada se convierten en reyes y presidentes; lo han hecho porque, si no lograban pacificar sus propias sociedades, no podían competir con las sociedades rivales que sí habían logrado organizarse y disfrutar de más paz y prosperidad.

«Los humanos evolucionamos a base de utilizar la violencia para resolver nuestras disputas»

El resultado es paradójico: la violencia crea sociedades más grandes pero, a su vez, esto reduce el nivel de violencia que se utiliza en ellas. No importa cómo lo midamos. Las tasas de muerte violenta han caído masivamente durante los últimos 10.000 años. En la Edad de Piedra, la gente tenía entre un 10 y un 20 por ciento de posibilidades de morir violentamente. En el siglo XX, a pesar de las dos guerras mundiales, las armas nucleares y el Holocausto, de media existía un porcentaje de entre el 1 y el 2 por ciento. Y en los primeros diecisiete años del siglo XXI, a pesar de las guerras en Irak, Afganistán y Siria, el riesgo de morir violentamente es del 0,7 por ciento (en España, un país muy seguro, es del 0,07 por ciento). Aunque nos cueste creer, el mundo de hoy es más seguro, mucho más seguro de lo que lo fue jamás.

-¿Qué es una guerra productiva?

Cuando hablo de una guerra productiva, lo que quiero decir es que esa guerra produce una sociedad más grande y más segura y que reduce las tasas de muerte violenta. La mayoría de las guerras no son productivas. Al menos no en este sentido. Pero a lo largo de 10.000 años ha habido suficientes guerras productivas como para reducir la tasa de muerte violenta en un 90 por ciento.

El ejemplo clásico quizá sea la larga serie de guerras que dieron lugar al Imperio romano. La arqueología nos muestra que en los siglos III y IV a.C., antes de las conquistas romanas, la mayor parte de Europa occidental, incluyendo a España, vivía sumida en un clima de violencia.

«Los habitantes de la Península perdieron muchas de sus libertades, y también su identidad, cuando Roma los conquistó»

La conquista de España por parte de Roma, que empezó poco antes del 200 a.C. y que siguió hasta un siglo después, fue aún más violenta; pero una vez Roma conquistó ese territorio, logró eliminar las guerras intestinas entre los nativos y creó una sociedad de ciudadanos que vivían apaciblemente y que respetaban la ley. El resultado, claro está, es que durante el siglo I y II d.C España no solo fue un lugar más seguro, sino también más rico de lo que había sido jamás. Los habitantes de la Península perdieron muchas de sus libertades, y también su identidad, cuando Roma los conquistó, pero a cambio obtuvieron seguridad y prosperidad. En ese sentido, fue una guerra productiva.

-¿Qué es una guerra contraproducente? ¿Existe algún ejemplo en la historia de España?

La mayoría de las guerras no son productivas, en el sentido de que ninguna contribuye a crear sociedades más grandes o más seguras, ni tampoco a deshacerlas. De todos los ejemplos de la historia, las guerras de España en el siglo XVI bajo Carlos V y Felipe II son uno muy bueno: España luchaba para lograr que toda Europa se sometiera a los Habsburgo y al catolicismo (lo cual es un objetivo claramente productivo, pues llevaría a una sociedad europea más grande), pero hacia 1643 ya estaba claro que habían fracasado. Murieron cientos de miles de personas, y España se arruinó para nada.

Solo unas pocas guerras han tenido consecuencias productivas, y algunas son claramente contraproducentes, como las que tuvieron lugar en los siglos V y VI d.C., que desmembraron el Imperio romano occidental hasta formar sociedades más pequeñas y violentas. Por eso, incluso después de 10.000 años de guerras productivas, el mundo sigue fragmentado en múltiples sociedades que a veces luchan entre sí.

Representación de una legión romana
Representación de una legión romana

-¿Cuál ha sido el siglo más belicoso de la historia? ¿Y la guerra más sangrienta de la historia?

Eso depende de cómo se cuente. Si se analiza el número total de gente que ha muerto violentamente a lo largo de la historia, el siglo XX es claramente el peor, con cerca de 100 o 200 millones de muertos (en la franja alta si contamos las víctimas de enfermedades y hambrunas causadas por la guerra, y en la franja baja si no lo hacemos así).

Sin embargo, la población del mundo era tan grande en el siglo XX (alrededor de diez mil millones de personas vivieron entre el 1900 y el 2000) que esas muertes solo representan entre un 1 y un 2 por ciento del total de habitantes del planeta. En cualquier siglo antes del 2000 a.C., las tasas de muerte violenta eran diez veces más altas. Algunos siglos, como el siglo III a.C. (que fue testigo de enormes contiendas en el Mediterráneo, en India y en China), y el siglo XVII d.C., (donde se produjo una extrema violencia no solo en Europa, India y China sino también en América), fueron momentos especialmente duros.

-¿Cuál ha sido el arma que ha revolucionado la historia desde que la evolución comenzara en el siglo XV?

Por una parte es difícil contestar a esta pregunta, porque desde 1400 la innovación en tecnología militar ha sido constante y rápida. Pero por otra resulta muy fácil: la bomba termonuclear (de hidrógeno).

Las bombas atómicas que se utilizaron en Hiroshima y Nagasaki en 1945 eran armas de fisión, y su impacto era el equivalente a 13.000 y 15.000 toneladas de TNT, respectivamente. Fueron armas terribles, pero es posible compararlas en número de muertes con las armas convencionales que se habían empleado durante la Segunda Guerra Mundial. Un único bombardeo convencional aéreo en Tokio en abril de 1945, de hecho, mató a más gente que en los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

Imagen de la explosión nuclear que se produjo en Hiroshima el 6 de agosto de 1945
Imagen de la explosión nuclear que se produjo en Hiroshima el 6 de agosto de 1945-ABC

En cambio, la bomba de hidrógeno es mucho más mortífera. La primera, que se probó en 1952, tuvo un potencia equivalente a un millón de toneladas de TNT, como 700 Hiroshimas en uno. Por no mencionar sus efectos radioactivos. De lanzarse, mataría a todos y a todo, arrasaría con todos los edificios en cinco kilómetros a la redonda. En diez kilómetros, la ropa estallaría en llamas y los cuerpos se verían arrojados a tanta velocidad que se matarían igualmente. Incluso a 15 o 20 kilómetros de distancia, cualquier persona que se encontrara al aire libre sufriría quemaduras de segundo grado y envenenamiento por radiación.

En la década de 1980 existían unas 70.000 armas de este tipo, posiblemente lo suficiente como para matar a todo el planeta.

-Después de escribir esta amplia obra ¿Qué país cree que ha contado con los guerreros más letales?

Es una pregunta difícil, pero probablemente diría que los mongoles, en los siglos XIII a XV, bajo la égida de Gengis Khan, Kublai Khan y Tamerlán. El problema es que disponemos de muy poca información ecuánime sobre la violencia que ejercían. Pero está bastante claro que devastaron enormes zonas de China, India, el Oriente Medio y la Europa Occidental, matando a millones de personas, en un tiempo en que la población del mundo era mucho menor que la de hoy en día.

-¿Cómo es posible que las armas de fuego quedaran relegadas a un segundo plano en China?

Esto es una pregunta verdaderamente importante. Las armas de verdad, es decir, los tubos de metal que contenían pólvora que explota con la suficiente fuerza como para escupir una bala a una velocidad letal, se inventaron en China en algún momento entre el 1150 y el 1250, y hasta la década de 1360 las mejores armas del mundo aún se encontraban en China. Pero hacia el 1400 Europa se había adelantado, y Occidente es dueño de las armas más mortíferas desde entonces.

La explicación probablemente se debe al tipo de guerras que se libraban en Europa y en China. Las primeras armas se cargaban con mucha lentitud, y no eran muy precisas: funcionaban mejor contra dianas grandes e inmóviles, como las murallas de una ciudad.

Las tropas japonesas en plena guerra chino-japonesa
Las tropas japonesas en plena guerra chino-japonesa-ABC

Entre el 1300 y el 1368, en China hubo terribles guerras civiles, con un gran número de asedios, por lo que las innovaciones en el diseño de los cañones resultaron muy útiles. Pero cuando estas contiendas terminaron en 1368, los principales enemigos de China eran jinetes que se movían a toda velocidad, en bandas que saqueaban las estepas. Las armas de fuego simplemente eran demasiado lentas para resultar eficaces contra ellos, así que los chinos, muy sensatamente, dejaron de invertir en mejorar esa tecnología.

«Hacia el 1400 Europa se adelntó a China en el desarrollo de armas de fuego. Occidente es dueño de las armas más mortíferas desde entonces»

En cambio, en Europa hubo muchísimos asedios en el siglo XV y posteriores, así que cada mejora en esa tecnología militar era de ayuda, y los europeos siguieron invirtiendo dinero e ingenuidad en ligeros avances en las armas de fuego. Hacia el 1600, esas mejoras habían logrado fabricar armas tan buenas, que podían derrotar a una caballería rápida, pero a los chinos les pareció más fácil comprar esas nuevas armas a los europeos que intentar fabricar versiones mejores.

-¿Por qué la Segunda Guerra Mundial genera tanto interés en la actualidad?

Diría que en parte es porque la Segunda Guerra Mundial desempeñó un papel clave a la hora de darle forma al mundo en que vivimos, y en parte porque es muy fácil recordarla como una historia sencilla del bien contra el mal. Por supuesto, la realidad fue mucho más complicada, porque la victoria aliada se basó en gran medida en el apoyo del brutal régimen soviético de Stalin, y Gran Bretaña y Estados Unidos aceptaron sin reparos establecer pactos con el régimen de España para evitar que entrara en guerra.

En el Reino Unido, donde yo crecí, mucha gente consideraba ese momento como una especie de época dorada, cuando el país estaba solo defendiendo la libertad y todos se unieron para luchar en la causa común que era la derrota del fascismo. Cuando era adolescente, hacia los años 70, el mundo simplemente parecía un lugar más complicado y deprimente.

-¿Existe alguna nación que haya apostado especialmente por las guerras contraproducentes a lo largo de la historia como forma de expansión?

Sí, definitivamente. Yo diría que las acciones recientes tanto de Rusia como de Irán corresponden exactamente a este comportamiento. Ambas naciones han usado guerras contraproducentes como medio de expansión sistemático. Ninguno de estos países quiere entrar en una guerra abierta contra nadie, y especialmente no con los estados Unidos, pero ambos quieren expandir su control. Así que se dedican a desestabilizar por sistema a sus vecinos.

Durante siglos, la gran estrategia de Rusia ha consistido en ampliar sus fronteras empujándolas hacia el Oeste tanto como ha podido, para distanciarse y protegerse de los hipotéticos invasores europeos. Para ello, el control de Ucrania es crucial, pero invadir ese país en los años 2010 hubiera sido un suicidio. La solución a la que parecen haber llegado es promover el caos y los movimientos separatistas, para que de ese modo, si Moscú no controla a Ucrania, al menos esta no sea una amenaza para Moscú.

Stalin, uno de los atífices de la política de expansión soviética (como demuestra su conquista de Polonia) en el siglo XX
Stalin, uno de los atífices de la política de expansión soviética (como demuestra su conquista de Polonia) en el siglo XX-ABC

-¿En qué época nos encontramos ahora? ¿Ha muerto la guerra en Europa como forma de solucionar conflictos?

La verdad es que no tengo una idea más clara que el resto de la gente de hacia dónde va Europa (no pensaba, por ejemplo, que Inglaterra fuera a abandonar la Unión Europea), pero no creo que el ideal de federalismo de la postguerra europea haya muerto.

La Unión Europea es algo único en la historia: durante 5000 años, la gente ha creado estados más grandes y más seguros a base de conquistar a los territorios rivales, pero esta es la primera vez que millones de personas han entregado voluntariamente parte de su soberanía sin que les obligaran a ello.

La Unión Europea ha desempeñado un papel muy importante a la hora de convertir a Europa en una de las zonas más seguras y más ricas que jamás han existido. Es un experimento social y político verdaderamente edificante. Sin embargo, el hecho que sea único en la historia también señala su problema básico: todos los imperios creados en el pasado centralizaron el control de la violencia, y sus gobernantes habrían empleado la fuerza para impedir que pasaran cosas como las crisis de deuda de Grecia y de España, el Brexit y las votaciones por los referéndums de Escocia y de Cataluña.

Sin embargo, la Unión Europea no tiene la opción de invadir Grecia y España para obligarles a hacer lo que les piden. Quizá eso significa que la UE está condenada al fracaso; o quizá que es la primera señal de que existe una manera mejor de hacer las cosas, reemplazando la violencia que ha dominado toda la historia humana anterior con métodos más pacíficos y racionales. Tal vez la década de 2010 será el momento en que la UE se rompa, frente a una serie de retos más graves, o la década en que los europeos aprenderán a gestionarlos y a mostrar al mundo que existe un camino mejor para prosperar.