Guillermo el Conquistador - ABC

El legado de Guillermo el Conquistador, el 'vikingo' bastardo que acabó con el último monarca sajón de Inglaterra

El museo Ulster de Belfast acaba de presentar el tapiz de los Siete Reinos. Un lienzo que resume la popular serie «Juego de Tronos»

La obra está inspirada en el Tapiz de Bayeux, fechado en el siglo XI y que narra mediante imágenes el ascenso al trono británico del duque de Normandía

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Para algunos Guillermo el Conquistador. Para otros, Guillermo el Bastardo. Los sobrenombres del Duque de Normandía le hacen justicia en ambos casos. No en vano era hijo ilegítimo de Roberto I, de ascendencia vikinga. Sin embargo, quizá sea más acertado su primer apodo. Y es que, allá por el año 1066 desembarcó en la Pérfida Albión con un gran ejército y, tras una cruenta batalla, logró arrebatar el trono de la región al rey Harold II. De esta guisa se convertiría en el primer monarca de la dinastía normanda. Tras expulsar, por las bravas y mediante un contingente de caballería, al que -a la postre- fue el último gobernante de la Inglaterra sajona.

Las gestas de Guillermo han sido imperecederas para la Historia. Aunque sus conquistas permanecen hoy en la memoria gracias a obras tan majestuosas como el Tapiz de Bayeux. Una obra bordada en lino que -aunque alberga muchos misterios a su alrededor- fue cosida en el siglo XI para rememorar cómo se hizo con el trono. Es precisamente esta extraordinaria pieza, hoy custodiada en Normandía, en la que se ha basado la oficina de turismo de Irlanda para elaborar su particular «Tapiz de los 7 Reinos». Del mismo estilo que su hermano mayor, pero basado en los momentos más impactantes de la popular serie «Juego de Tronos». El por qué, según afirman, radica en que muchos capítulos han sido rodados en la región.

Tapiz de Juego de Tronos presentado en Irlanda
Tapiz de Juego de Tronos presentado en Irlanda

El bastardo que humilló a los sajones

La historia de Guillermo es, a la par, cruel y heroica. Nuestro protagonista vino al mundo en Falaise (Normandía) allá por el año 1028 como hijo ilegítimo de Roberto I de Normandía. La procedencia le granjeó rápidamente el sobrenombre de Bastardo. La «Crónica anglosajona» (varios libros elaborados por otros tantos autores que narran la historia de Britania) le define como un hombre sabio, poderoso y «gentil con los buenos amantes de Dios». Aunque también afirma que tenía una «severidad sin límites con aquellos que se resistían a su voluntad».

Cuando apenas sumaba 7 primaveras a sus espaldas se convirtió en Duque de Normandía tras la muerte de su padre. Desde entonces, pasó su infancia aliándose con unos y otros nobles para -mediante las armas- sofocar las revueltas de aquellos que no veían con buenos ojos que les dirigiera un señor de madre desconocida.

Así lo afirma el historiador Henry Royston Loyn en su obra «Diccionario Akal de Historia Medieval»: «En sus primeros tiempos dependió para su supervivencia política de una facción nobiliaria, del apoyo de la Iglesia, y del rey Enrique I de Francia, que le ayudó a aplastar a sus enemigos en el año 1047». Para su desgracia el matrimonio con Matilde de Flandes le granjeó el odio del rey galo. Y es que, un monarca puede tolerar muchas cosas, pero el miedo a que se unan dos regiones poderosas como Normandía y Flandes, jamás. Con todo, en el campo de batalla dominó siempre la espada de nuestro protagonista.

Guillermo I tuvo que esperar hasta el 1066 para emprender la que, a la postre, sería la campaña más importante de su vida. Ese fue el momento en que Eduardo el Confesor, rey de Inglaterra, murió en el año 25 de su reinado «cargado de años y de enfermedades», según se explica en la crónica del siglo XIX «Historia universal antigua y moderna formada principalmente con las obras de los célebres escritores el conde de Segur, Anquetil y Lesage». El monarca había pensado en el Duque de Normandía como sucesor. Sin embargo, fue el cuñado del líder, Harold de Essex, el que maniobró mejor para lograr hacerse con la poltrona. No le fue mal, pues consiguió su sueño poco después «sin apenas oposición», tal y como se cuenta en el texto.

La batalla de Hastings, en el tapiz de Bayeux
La batalla de Hastings, en el tapiz de Bayeux

Con todo, su alegría le duró poco. Y es que, cuando Guillermo supo que había sentado sus reales en el trono, montó en cólera. «Resentido vivamente, tomó la resolución de conquistar la Inglaterra: reunió, pues, un ejército de sesenta mil hombres, y en una escuadra de tres mil embarcaciones de todos tamaños, se hizo á la vela para Inglaterra, Y en cuya expedición le acompañaron los hombres mas célebres de la nobleza de Normandia, de Francia, de Bretaña y de Flandes. Desembarcó en Peyensy, condado de Sussex», se determina en el texto.

Poco después, allá por octubre de 1066, ambos pretendientes se verían las caras en la batalla de Hastings, al sur de Londres. Terreno en el que se decidiría el destino de Inglaterra.

Durante el enfrentamiento, Harold II posicionó su ejército (formado principalmente por infantería y arqueros) sobre una colina. Pero, para su desgracia, los normandos contaban con unos de los jinetes más poderosos de Europa. «La caballería normanda estaba bien equipada y era una de las más avanzadas de su época, con cotas de malla diseñadas para protegerles bien incluso montados a caballo», explica Manuel J. Prieto en su obra «Breve historia de la caballería medieval». Por si fuera poco, y además de las clásicas lanzas para ensartar, también portaban lanzas ligeras para arrojar al enemigo.

El resultado de la contienda fue una victoria aplastante para Guillermo el Conquistador, a quien ganar le granjeó el trono de Inglaterra.

Así fue como se instauro una dinastía normanda en la región, en sustitución de la sajona. A su vez, esta batalla aparece representada en el Tapiz de Bayeux, como bien explica Prieto en su libro: «La obra se conserva en Bayeux, Normandía, y es uno de los elementos esenciales para conocer cómo se combatía en el siglo XI. Las distintas figuras muestran caballeros, arqueros, imágenes de combate de todo tipo, formas de usar la lanza, tipos de armaduras...».

Un misterioso tapiz

El origen del Tapiz de Bayeaux sigue siendo un misterio. A día de hoy es imposible saber quién fue su autor o si, incluso, fue elaborado por varias personas. Pero sus enigmas no se quedan en ese punto, como bien explica el autor Jesús Ávila Granados en su obra «Simbología sagrada: Las claves ocultas de la historia de las religiones». Este experto también señala que se desconoce el lugar exacto en el que fue tejido o quién mandó darle forma. Con todo, hace referencia a la tesis más extendida: «Existen numerosas sospechas de que fuese Odón de Conteville, [hermano de Guillermo y] obispo de Bayeux, el principal instigador de la obra».

La teoría tendría sentido, pues este personaje luchó junto a Guillermo el Conquistador para doblegar a Harold y arrebatarl el trono de Inglaterra. «Lo único que se ha podido asegurar es la antigüedad del tapiz, gracias al Carbono 14, que sitúa su realización entre 1067 y 1077», añade. También parece estar más que confirmado que salió de las expertas manos de una o varias mujeres dedicadas. Las encargadas en la época de tejer este tipo de trofeos para sus señores.

Que Odón fuese el instigador explicaría, a su vez, el por qué se grabaron en el tapiz algunas escenas castrenses con tanto detalle. Y es que, al haber desembarcado en Inglaterra junto a Guillermo, conocía perfectamente cada una de sus conquistas. El historiador y estudioso Frederick Hartt también es partidario de esta teoría en su obra «Arte. Historia de la pintura, la escultura y la arquitectura»: «Probablemente fue encargado por Odón, hermano de Guillermo, obispo de Bayeaux (también duque de Kent), para la consagración de su catedral en 1077».

Este reconocido autor afirma además en su libro que el gran conocimiento militar del religioso hace muy plausible la tesis: «Hay por ejemplo un barco […] que se asemeja notablemente a los que los vikingos (antepasados de los normandos) habían utilizado durante sus ataques».

La llegada del cometa Halley
La llegada del cometa Halley

No obstante, también existe la tesis de que la verdadera instigadora de la obra fue la Reina Matilde, esposa de Guillermo. Esta habría decidido encargarlo para rememorar la victoria de su marido contra su contrincante directo, Harold II, en la batalla de Hastings. De hecho, es también llamado el «Tapíz de la Reina Matilde».

Más allá de su origen, el Tapiz de Bayeaux es una auténtica obra de arte. A nivel técnico se corresponde con un bordado de ocho piezas elaborado en tela de lino de colores azules, verdes, rojos y amarillos. «El monumental tapiz alcanza los 70 metros de longitud y medio de anchura», añade el experto español. En palabras del autor, esta pieza hace uso de un «realismo aplastante» y un lenguaje sumamente sencillo para explicar, de forma pormenorizada, un evento de dos años de duración: la toma del poder en Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador.

Con todo, y como era habitual en la época, el autor (o los autores) también se permitieron la licencia de representar seres mitológicos como dragones.

Por si las conquistas de Guillermo no fuesen ya suficientes, el tapiz también incluye una escena sumamente destacada: la aparición del cometa Halley en los cielos. Esta corroboraría la leyenda que afirma que, antes de emprender la campaña de Inglaterra, el Conquistador envió un emisario hasta el monte Saint-Michel para que preguntase a un oráculo el devenir de la contienda. El adivino, un druida celta, le habría informado de que debía esperar hasta que los astros le fuesen propicios. «Esto se hizo patente unas jornadas más tarde, cuando apareció en el firmamento el cometa. La poderosa flota normanda (vikinga) no tardó en levar anclas y poniendo rumbo a Inglaterra», determina Ávila en su libro.