Jochen Peiper

Jochen Peiper: el perfecto héroe de guerra nazi que «masacró» a casi un centenar de prisioneros aliados

La figura de este oficial de las SS es una de las más controvertidas de la Segunda Guerra Mundial. Victorioso soldado para unos y cruel asesino para otros

Jochen Peiper

Jochen Peiper (Berlín, 1915-1976) es la perfecta personificación del ideal guerrero ario que Adolf Hitler deseaba para sus SS: fuerte, disciplinado y con dotes de mando. Sin embargo, este oficial de la I división Panzer -conformada por los temidos carros de combate del Tercer Reich- ha pasado a la historia por su presunta implicación en la tristemente célebre Masacre de Malmedy, la cual tuvo lugar durante la ofensiva nazi en las Ardenas. Un sangriento episodio en el que la actuación de este soldado germano aun no ha sido del todo esclarecida.

El joven Jochen ya llevaba en la sangre el oficio militar al nacer. Su padre Woldemar participó activamente en la I Guerra Mundial como capitán llevando a cabo acciones en países como Francia y Turquía. Al igual que otros adolescentes de la época, Peiper entró a formar parte de las SS (brazo paramilitar del partido nazi) siendo apenas un niño en 1933. Dentro de los «camisas negras» tuvo un ascenso fulgurante llegando a acceder también a temprana edad al «Leibstandarte Adolf Hitler» (cuerpo especial y combatiente de la guardia pretoriana nacional socialista, así como uno de los predilectos del «Führer») al cargo del general Josef «Sepp» Dietrich. Alto mando muy próximo al megalómano gobernante austriaco de quien había sido guardaespaldas. No en vano el gobernante llegó a referirse al oficial como «una institución nacional».

Los dos hermanos del futuro oficial también formaron parte de las SS del «Reichsführer» Heinrich Himmler y, en ambos casos, perdieron la vida durante el conflicto global. Uno de ellos actuó como guardia en un campo de concentración, mientras que otro habría fallecido presuntamente a causa de tuberculosis. Sin embargo, en una de las obras de Michael Reynolds -«El ayudante del diablo: Jochen Peiper, líder Panzer» (Editorial Almena)- aparece recogida la posibilidad de que recurriese al suicidio tras haber sido esterilizado debido a sus tendencias homosexuales (política habitual en países como la Alemania nazi o los Estados Unidos entre 1909 y 1979)

Los requisitos para formar parte de este exclusivo contingente -al igual que ocurría en otros cuerpos de élite nazis- eran sumamente difíciles de cumplir, ya que representaban el Olimpo de las orgullosas fuerzas de la nación centroeuropea.

Como señala Reynolds, antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el cuerpo de Jochen ya tomó parte en la conocida como «Noche de los Cuchillos Largos» (30 de junio de 1934). Durante dicho episodio Adolf Hitler y sus SS acabaron definitivamente con la otrora salvaguarda paramilitar de la integridad del «Führer»: las SA de Ernst Rohm.

Jochen Peiper es la perfecta personificación del ideal guerrero ario que Adolf Hitler deseaba para sus SS: fuerte, disciplinado y con dotes de mando.
El carisma del joven soldado jugó un papel importante en su vertiginoso ascenso militar. Como relata Reynolds, Peiper -amén de ser un joven oficial que tenía bajo sus órdenes a más de 3.000 efectivos de élite- solía caer en gracia a todos aquellos que se acercaban a él . No en vano se le ha descrito como «una persona encantadora y educada, con un buen sentido del humor y un pasable conocimiento del francés y del inglés. Era un soldado natural y disfrutaba de la compañía tanto de hombres como de mujeres, lo cual no era de extrañar a la vista de su gallarda apariencia».

Fue así como pronto entró a formar parte del círculo de confianza de Heinrich Himmler, quien le nombró teniente en 1938 y con cuya secretaria (Sigurd Hinrichsen) contrajo matrimonio al año siguiente. Al pasar a formar parte del estado mayor del «Reichsführer» integró la comitiva nazi que se dirigió a España en octubre de 1940. Prueba de ello son las numerosas fotos en las que aparece acompañado de personalidades del gobierno como Francisco Franco o Serrano Suñer (Ministro de exteriores encargado de las relaciones bilaterales entre Alemania y la Península).

Peiper, detrás de Himmler duranta la visita a España
Peiper, detrás de Himmler duranta la visita a España- ARC

Fue definitivamente en mayo de 1940 cuando Peiper se unió a la «Leibstandarte» tras finalizar su periodo de servicio a Himmler. Le fue encomendado el mando de la 11ª Compañía y durante la toma de Wattemberg (cercana a la francesa posición de Dunkerque) participó ya activamente en combate. Como explica Michael Reynolds en su obra «Hombres de acero: I Cuerpo Panzer»- la «Leibstandarte» llevó a cabo la matanza de 80 prisioneros británicos (junio de 1940).

El héroe nazi

Pese a haber sido reclamado por el líder SS de nuevo, la brillantez con la que Peiper había desempeñado sus funciones durante este y otros episodio le valieron el ascenso a capitán. Sin embargo, Jochen no tardó mucho en dejar definitivamente el alto mando de Himmler y volver al frente.

En el verano de 1941 la invasión de Rusia iba viento en popa para los intereses de la Alemania de Hitler. Los ejércitos del Reich se encontraban ya a tiro de piedra de Leningrado (San Petersburgo) y Moscú. Por lo que el joven protegido del «Reichsführer» quería aprovechar la oportunidad de ganar más notoriedad en la lucha antes de que -como se esperaba desde la cancilleria- este frente quedara cerrado.

Fue durante la campaña rusa que Jochen comenzó a forjar su leyenda como líder de las Waffen-SS. Durante este episodio fue reconocido con numerosas distinciones militares: la Cruz de Caballero con Hojas de Roble, la Cruz Alemana en Oro y el Distintivo de Combate Cuerpo a Cuerpo (entregada a aquellos que habían participado en situaciones de este tipo un mínimo de treinta veces). Al igual que el reconocido Peiper, el «Leibstandarte» se convirtió en una de las unidades más eficientes y renombradas de aquellas que luchaban contra los soldados de Stalin. Esto queda patente en una carta en la que Von Mackensen -general del III Cuerpo del Ejército Panzer- explica a Himmler la extraordinaria labor de esta división. En ella afirmaba que «la disciplina interna de la unidad, su calma inquebrantable en las crisis, no importa cuán graves, y su firmeza, son un ejemplo para nosotros. El sentimiento de sus miembros por sus compañeros, quisiera enfatizar, es ejemplar e insuperado... Verdaderamente, es una unidad de élite».

Soldados alemanes rendidos al Ejército Rojo en Stalingrado
Soldados alemanes rendidos al Ejército Rojo en Stalingrado- AFP

Tras un descanso en Francia después de un año combatiendo en Rusia, Jochen se dirigió junto a sus hombres hacia Ucrania en enero de 1943 con el objetivo de frenar el avance soviético. Las actuaciones del joven oficial en la defensa de las posiciones alemanas siguió siendo reconocida y premiada con nuevas distinciones. Sin embargo, el empuje ruso supuso grandes pérdidas humanas y materiales para las maltrechas fuerzas del «Führer». Tras parar la Operación Ciudadela encaminada a detener el avance ruso en Kursk (batalla con mayor número de carros blindados de la contienda), Peiper y sus hombres partieron rumbo a Italia.

Por entonces los aliados habían invadido Sicilia (julio-agosto 1943) ante la incapacidad del ya decadente Mussolini (depuesto y encarcelado el 25 de julio). De este modo Peiper llegó junto a su 3º Batallón de Granaderos Panzer a la región de Cuneo, ubicada en el norte de Italia. Durante su estancia -como explica Reynolds en su monografía sobre el oficial nazi- bombardeó la ciudad de Boves personalmente para liberar a dos de sus suboficiales que habían sido secuestrados por soldados italianos transalpinos.

El sentimiento de sus miembros por sus compañeros, quisiera enfatizar, es ejemplar e insuperado... Verdaderamente, es una unidad de éliteGeneral Von Mackensen sobre el «Leibstandarte»
Sin embargo, Jochen y sus fuerzas no duraron mucho en Italia. El alarmante avance comunista obligó a enviar más tropas al norte, por lo que su contingente tuvo que partir de nuevo rumbo a Ucrania. Durante su participación en este episodio Peiper (que resultó herido) continuó su ascenso llevando a cabo brillantes acciones. Aun así, la dureza del frente invernal y el castigo al que los rusos sometían a las menguantes fuerzas del Tercer Reich fueron devastadoras. La diezmada división mantuvo las hostilidades hasta abril de 1944, momento en fue removida para nutrirse de nuevos jóvenes combatientes.

Con el desembarco aliado en Normandía -6 de junio, 1944- la «Leibstandarte» volvió a la carga, esta vez en un nuevo escenario. Durante la lucha en Francia las fuerzas de Dietrich tuvieron unas pérdidas -según Reynolds- cercanas a los 5.000 hombres.

El avance aliado trató de ser contrarrestado por Hitler con la Ofensiva de las Ardenas (Bélgica, diciembre 1944 - enero 1945). Como explica Antony Beevor en «La Segunda Guerra Mundial», los planes del «Führer» causaron estupefacción entre los mandos implicados (entre los que se encontraba Sepp Dietrich). Sin embargo acabaron adoptando una postura más favorable con respecto a las disposiciones del jerarca nazi, al que se dispusieron a complacer. El objetivo no era otro que recuperar en catorce días Amberes para así cortar las líneas de suministro enemigas. De este modo podrían cercar a británicos y canadienses al norte de la línea Sigfrido y obligarlos a buscar un acuerdo.

La matanza SS

La vida de Jochen, así como la de los hombres de la «Leibstandarte», quedó definida historicamente por esta decisión del «Führer». Tan solo un día después del inicio de la ofensiva (17 de diciembre de 1944) en la localidad de Malmedy (Bélgica) tuvo lugar una masacre que supuso el inicio de la leyenda negra del laureado Peiper.

Ese 17 de diciembre la Batería B del 258º Batallón de Observación de Artillería de Campaña del ejército estadounidense fue interceptado por los carros del laureado oficial berlines de camino hacia Saint Vint (donde se encontraba el cuartel general del VIII cuerpo nortemaericano). El encuentro tuvo lugar en la carretera N-23, cuando el convoy aliado tomaba el camino en dirección a Ligneuville. La punta de lanza de Peiper (dos Panzer IV y dos vehículos acorazados para fusileros) dirigida por Werner Sternebeck diezmó al contingente enemigo y forzó su capitulación. Lo que vino después fue uno de los episodios más oscuros de los ocurridos en las Ardenas.

Tras la rendición, los maltrechos estadounidenses fueron reunidos en un campo cercano al cruce de Baugnez donde había tenido lugar el combate. Fue entonces cuando -por razones que aun hoy se desconocen- los SS de Jochen hicieron fuego contra los reos asesinando a sangre fría más de setenta prisioneros de guerra (hay controversia con respecto a las cifras).

Parece que Peiper no habría participado, sino que pasó con su carro camino de Ligneuville frente a los presos estadounidenses sin haber sido consciente del futuro que les aguardaba. Sin embargo, las innumerables teorías acerca la motivación de esta masacre -así como sobre la participación del oficial SS en la misma- hacen que difícilmente se pueda sacar una conclusión lo suficientemente sólida. De lo que no cabe ninguna duda es que este negro episodio persiguió al oficial de 29 años y a sus hombres durante el resto de sus vidas.

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