Uno de los mapas que se conservan en el Museo Cartográfico Nacional
RECORRIDO CARTOGRÁFICO

De Iberia a España en los mapas: Así ha cambiado «la piel de toro» en la Historia

La Península Ibérica no fue representada antiguamente tal y como hoy la conocemos

Actualizado:

Decía Estrabón que la Península Ibérica se asemejaba a una piel de toro, pero la imagen que los griegos tenían en su cabeza de estas tierras era bien distinta a la actual. La silueta que le asignó Claudio Ptolomeo era más trapezoidal, con el cabo de San Vicente estirado al oeste más allá de sus coordenadas reales y con detalles hoy sorprendentes, como unas islas junto a las costas gallegas, las legendarias Casitérides, que nadie ha pisado jamás. Desde esta Iberia que dibujaron los griegos, con las columnas de Hércules destacadas en el Estrecho, la cartografía sobre España ha experimentado significativos cambios que ahora se muestran en una singular exposición en el Instituto Geográfico Nacional (IGN).

«España siempre ha tenido un lugar destacado en la cartografía, porque ya desde los fenicios era el extremo del mundo entonces conocido», explica Marcos Pavo López, jefe del Área del Registro Central de Cartografía del IGN y principal responsable de esta muestra que permanecerá abierta al público hasta abril de 2019. A través de 60 mapas, ( de los cuales solo siete son facsímiles), seis mapas «a vista de pájaro» originales, trece atlas de diversos tamaños y un globo terráqueo, el visitante recorre la evolución de la imagen de España a lo largo de más de 2.000 años, hasta la división provincial de España de 1833 establecida por el entonces ministro de Fomento Javier de Burgos, unas décadas antes de la fundación del IGN en 1870.

No faltan los beatos medievales, como el del Burgo de Osma, con su representación simbólica del orbe desde el punto de vista cristiano. En ellos, la Península Ibérica se muestra con cierta relevancia, quizá porque el autor del primer mapa en el que se basaron los demás fue un monje benedictino español, el Beato de Liébana. Su manuscrito original no ha llegado hasta nuestros días, pero sí versiones de ese mapamundi que el religioso incluyó en su Comentario al Apocalipsis, donde representó los tres continentes entonces conocidos (Asia, Europa y África) y un cuarto antípoda inexplorado, habitado por seres monstruosos. En ellas figuran ya las islas Afortunadas (Canarias), inmersas en ese Océano que en la mentalidad medieval rodeaba el mundo.

Beato del Burgo de Osma
Beato del Burgo de Osma

De poca ayuda eran estos mapas para los hombres de mar, que plasmaron sus conocimientos de las costas en los portulanos y cartas náuticas. Los contornos de la Península se trazan con mucho mayor realismo, gracias al saber de los marinos y al uso de la brújula. En la carta de Mecià de Viladestes (1413), del que se muestra un facsímil, ya se aprecia la silueta de la Península con notable precisión.

El Renacimiento retornó a la visión científica de la cartografía y, tomando como base la Geographia de Ptolomeo, comenzó a corregir los errores que se arrastraban desde antiguo. En la reproducción del Códice Magliabechiano XIII de Henricus Martellus Germanus (1480), más conocido como Grande Ptolomeo, se puede observar el mapa moderno de España más fiel al original que sirvió de modelo a los prototipos de mapas que han llegado a nuestros días.

El IGN también muestra un facsímil de la Geografía de Ulm (Alemania), con el primer «mapa moderno» impreso en España, que fue publicado en 1482. «Es el primer mapa impreso de España, con la silueta moderna de la Península. Esta sería la segunda edición, de 1486, pero a partir de la misma plancha», explica Pavo López mientras señala un detalle curioso del mapa. «Incorpora un error muy grueso que es el de las Azores», indica explicando que su situación coincide con la que tradicionalmente se había dado a las inexistentes Casitérides o islas del estaño, de las que hablaron los fenicios. «Las asimilaron a las Azores y ese error se fue transmitiendo a otras ediciones posteriores», añade el experto en cartografía.

De apenas una década después es el globo terráqueo más antiguo que se conserva, el de Martín Behaim (1492), una visión del mundo anterior al descubrimiento de América. Es la primera representación de España en un globo.

El recorrido continúa entre hermosos facsímiles de códices ptolemaicos manuscritos, mapas orlados con vistas de ciudades, personajes ataviados con atuendos tradicionales o escudos de armas, o los primeros atlas de bolsillo de los siglos XVI y XVII, más asequibles para el público de la época, como la versión reducida del «Theatrum Orbis Terrarum» de Abraham Ortelius. Expuestos en hojas sueltas se pueden además contemplar antiguas representaciones casi equivalentes a las comunidades autónomas actuales, entre las que figura el primer mapa dedicado a Extremadura del que se tiene constancia. «Creemos que es el más antiguo», apunta Marcos Pavo.

Islario de Benedetto Bordone
Islario de Benedetto Bordone

Hay cartografías relevantes, pero de entre ellas, el experto del IGN destaca una en particular. «Esta pieza, casi seguro la más importante de la exposición por relevancia histórica, es el Islario de Benedetto Bordone. Es el segundo islario impreso de la historia y el que abarca por primera vez todo lo que no es el Mediterráneo oriental. Aquí aparecen los primeros mapas impresos de muchas islas como el archipiélago canario, las Baleares y la isla de Cádiz, que antes tenía mucho más carácter insular que ahora», subraya.

La muestra concluye con obras de cartografía francesa del siglo XVIII, la mejor del momento, así como de una carta náutica del Atlas Marítimo de España de Vicente Tofiño, pionero en la medición de las costas con métodos astronómicos, o el mapa de España basado en las mediciones de Tomás López, uno de los grandes cartógrafos españoles.