Concilio III de Toledo, José Martí y Monsó (1862)
Concilio III de Toledo, José Martí y Monsó (1862) - C.C

La gran estrategia política y religiosa del rey visigodo que unificó a los pueblos de la Península

Hispania comienza a ser católica tras la firma del III Concilio de Toledo en el año 589, a través del cual el monarca Recaredo declara herejía cualquier otro credo

MadridActualizado:

Los visigodos trajeron consigo el arrianismo a la Península; un credo que convivió con el catolicismo de los hispanorromanos, el judaísmo, y otras manifestaciones religiosas. A diferencia de lo que se cree, las guerras por cuestiones de fe fueron mínimas. Pero tejerían la cortina más gruesa de la Historia, la misma que desdibujaría el motivo real de los enfrentamientos: las diferencias irreconciliables entre las diferentes etnias, y ese «pánico territorial» sobre el que se cimentó todo el expansionismo de violencia injustificable.

Sin embargo, nuestra identidad como la de cualquier ciudadano del mundo se ha ido creando durante dolorosísimos caminos en la Historia. Lejos del fin, donde todo termina en victorias o derrotas, nunca se firmaría una paz sincera. Y por ello eso es lo que somos hoy, descendientes de todas aquellas circunstancias civiles; que a día de hoy nos brindan una ventaja sobre nuestros antepasados: la información y esa capacidad de analizar los hechos históricos, que nos permiten evolucionar en libertad gracias a una conciencia superior a la de nuestros ancestros los godos.

Recaredo
Recaredo- C.C

Durante la época visigoda en la Península (siglo V-VIII), quedaban las grandes herencias del Imperio romano todavía latiendo en nuestro suelo, Hispania, especialmente la religión católica. No obstante la fuerza territorial de los latinos -también conocidos como hispanorromanos-, en un principio había mermado frente a la llegada de los diferentes pueblos germanos; en este caso los godos, quienes habían incursionado en estas tierras con sus costumbres y su religión arriana -la cual negaba la Santa Trinidad-; y que llegaría a dominar la Península.

A pesar de las diferencias palpables entre las etnias que cohabitaban en los inicios de la época medieval, la convivencia sería más o menos armónica, hasta la ascensión de Recaredo al trono.

Este monarca, quien había sido arrullado en el arrianismo al igual que su hermano -el mártir religioso Hermenegildo-, condenaría de herejía a su propio credo de cuna (fuertemente vinculada a los visigodos) a través del III Concilio de Toledo. La razón por la que renegaría de su identidad religiosa, traspasando la fe del Estado al catolicismo, tenía un fin mayor: un nuevo punto de encuentro entre los pueblos, como la gran estrategia de unificación peninsular.

Hermenegildo, el hermano rebelde

Antes de que el catolicismo se convirtiera en el credo oficial de la Península, Recaredo había sido testigo de cómo su hermano perdía no solo el trono, sino también la vida por cuestiones de fe.

El soberano Leovigildo, padre de ambos, buscaba unir a godos e hispanorromanos para fortalecer el Reino visigodo contra las posibles invasiones posteriores. Sin embargo, su hegemonía se vio comprometida cuando su primogénito se convirtió al catolicismo -por insistencia de su esposa la franca Ingunda, su cuñado el monarca galo Childeberto II y el obispo Leandro).

Triunfo de San Hermenegildo
Triunfo de San Hermenegildo - C.C

Aunque Leovigildo buscó por todos los medios que Hermenegildo recapacitase y volviera al seno del arrianismo, éste mantuvo su postura. Por esta razón, su padre lanzó contra él distintas ofensivas, de las que salió desventurado. Tras sobrevivir a los ataques en Lusitania, correría a refugiarse en Bética. Los arrianos asediaron su castillo, terminando en una desventurada derrota.

A pesar del apoyo de las fuerzas de Childeberto II, el príncipe fue víctima de la traición de sus correligionarios católicos bizantinos; que se dejaron seducir por la oferta de Leovigildo, a cambio de que lo abandonasen las tropas prometidas durante la contienda. Una vez capturado sería llevado a prisión, en donde su padre enviaría a su hermano para darle un ultimátum. El rebelde había perdido la guerra, mas no se dejaría vencer por el miedo; y negándose a aceptar aquel perdón que nunca pidió de su soberano padre, lo condenarían a muerte. Es cierto que Recaredo trató de hacerle razonar; se le perdonaba la vida a cambio de que recibiese la comunión de las manos de un obispo arriano, como aquel pequeño gesto de tregua.

Con mucho dolor, Leovigildo, mandó decapitar a su primogénito, convirtiéndolo en un mártir religioso. De esta manera, la rebeldía del que hubiera sido el heredero al trono le dejó el camino libre al futuro primer rey católico de esta patria.

«Los visigodos, que vinieron de Galia, llegaron romanizados en gran parte. Fue sobre todo su religión –el arrianismo- lo que prolongó las luchas internas»

Después de que Sisberto, el verdugo, hiciese rodar la cabeza del príncipe, ésta comenzaría a significar momentáneamente la paz entre arrianos y católicos. Y sin tomar represalias contra el catolicismo, Leovigildo siguió permitiendo a los segundos profesar su fe sin ningún tipo de condena. No obstante, esta puesta de escena pacífica llegaría a su fin tras morir el monarca y sucederle Recaredo.

La conversión de Recaredo

Padre e hijo buscaban la comunión de todos los pueblos bajo la legislación visigoda; pero en aquel momento como las cuestiones religiosas unían más que las leyes, se apoyaron en ellas para consolidar su hegemonía en el rono toledano.

Durante los últimos años de Leovigildo la Iglesia romana iba sumando más fieles; sin embargo el Reino visigodo no se abrazaría a a la Santa Trinidad hasta su muerte. Recaredo había sido testigo de la intransigencia de su padre, y de cómo su hermano perdió el cuello al renunciar al arrianismo; y por ese mismo motivo, esperaría al último suspiro del monarca para cambiar el destino de de la Península.

El catolicismo estaba ganando terreno a las creencias godas y estaba completamente seguro, que en caso de rebelión tanto los bizantinos como los francos se desplegarían contra su débil posición en Toledo. De esta manera, pensó en una patria común y la comunión de todos los pueblos que aquí cohabitaban. Únicamente había que dejar que su amado padre se fuera en paz de este mundo cruel.

Cruz visigótica
Cruz visigótica- ABC

«Los visigodos, que vinieron de Galia, llegaron romanizados en gran parte. Fue sobre todo su religión –el arrianismo- lo que prolongó las luchas internas. Cuando su rey Recaredo se convirtió al catolicismo, pareció que comenzaba otra gran época (587). Los reyes visigodos, que eligieron Toledo como capital, acababan de realizar la unidad ibérica, esta vez independiente de todo el imperio exterior», escribió el hispanista francés Pierre Vilar en su obra «Historia de España».

Ante el crecimiento de las filas de católicos, parecía menos desgastante someter a una minoría, que mostrar resistencia a un colectivo mayoritario dentro de la Península, que además contaría con el respaldo bélico de sus vecinos. Siendo así, antes de que terminara de enfriarse el cuerpo de Leovigildo, su hijo estaba comulgando con la Iglesia. A partir de ese momento se iniciaría el proceso de conversión nacional como la gran estrategia política; que sujetaría a obediencia a godos y latinos bajo una una misma figura de poder.

El gran historiador británico hispanista, E.A Thompson, escribió en su obra«Los godos en España»: «Un célebre código común -«el Liber Judiciorum»- fue redactado por gentes de la Iglesia. La monarquía sufrió una especie de fiscalización teocrática por parte de los concilios de Toledo».

Hasta antes de promulgarse «el Liber Judiciorum» godos y romanos respondían a leyes diferentes dentro del mismo reino

Claro está, que esto tampoco sería un asunto libre de peligro para Recaredo. Desde su conversión en el año 587 hasta la celebración del III Concilio de Toledo en el año 589, el nuevo monarca sufriría varios atentados contra su reinado y su vida por parte de los arrianos que se sentían traicionados y abandonados. Pero la unificación estaba por encima de sus creencias y de las de todos; y aquella solución parecía ser la única vía posible. Por esta razón, una vez capturados los autores de las revueltas que intentaban usurparle el trono, el nuevo rey no tendría ningún tipo de piedad; y los castigaría con la amputación de manos.

Sin embargo, finalmente recuperaría el control de la Península en el año 589 cuando redactó junto a varios obispos católicos los preceptos inviolables de dicho concilio.

Una ley para todos los pueblos

A partir de ese momento, arrianos y católicos quedaban sujetos a obediencia de una sola ley. Pues hasta antes de «el Liber Judiciorum» cada cual respondía a las autoridades competentes -unos al derecho romano y otros al godo; y eso no era posible para lograr la fuerza que debía implicar una corona.

Alarico I
Alarico I- C.C

«Además de la unificación religiosa, introdujo un nuevo principio jurídico; pues en sus tres cuerpos de leyes intentaban obligar tanto a godos como a romanos», explicó E.A Thompson.

El embudo religioso comenzó el 8 de mayo del 589. Recaredo declaró herejía cualquier manifestación arriana; dejando obsoleto el «Breviario de Alarico» -un manifiesto legal que permitía a los diferentes colectivos responder a sus leyes de origen-.

Y de manera similar, a esos padres que le advierten a sus niños de ese coco que los devorará si se portan mal, así tendría origen la triste historia de los cimientos de una fe en nuestra patria con el III Concilio de Toledo con dicho monarca, en donde la opresión a las minorías alimentó un credo sustentado en el miedo.